Archivo mensual: febrero 2011

Hay “vida” más allá del Británico

Cuando nos referimos al Museo Británico, hablamos del museo más visitado del Reino Unido, y del segundo del mundo, por detrás del Louvre en París. El volumen de su colección, que comprende unos 7 millones de piezas, lo convierten en parada casi obligatoria para todo aquel que visite la capital inglesa. Además, y como el resto de museos y galerías públicas de Inglaterra, la entrada es gratuita, algo que en tiempos de crisis se agradece.

El problema, es que si a su atractivo cultural añadimos el acceso gratuito, nos encontramos con una mezcla que puede ser difícil de digerir en según que momentos del año. Vamos, y para que nos entendamos, que sé de más de uno y de dos, que se han tenido que dar media vuelta ante la cantidad de visitantes que se agolpaban en los aledaños del museo, formando colas infinitas. Esto puede suceder principalmente durante la época estival o fines de semana, pero también puede coger al visitante por sorpresa al ocurrir entre semana, durante las bank holiday(días de fiesta), half term(algo así como la Semana Blanca), y demás festividades que se escapan a nuestro conocimiento dado que no seguimos el mismo calendario laboral.

Desde London Incognito esperamos que vuestra eventual visita al Museo Británico sea lo más placentera posible pero de no ser así, y encontraros con los problemas arriba descritos (o incluso si lo queréis tomar como primera opción), os queremos dar nuestro particular consejo.

En esta ocasión se trata del Petrie Museum, ubicado en el University College, a solo 10 minutos andando desde el Museo Británico, y con una nada despreciable colección de más de 80.000 piezas (aunque suelen exponer las más interesantes). Para llegar a él, simplemente tenéis que seguir tanto Montague Place como Great Rusell Street (dependiendo de en qué entrada del Británico os encontréis), hasta la primera calle que las cruza,  Bloomsbury Street, y seguir ésta en dirección norte hasta Torrington Place, donde torceréis a la izquierda. Una vez allí, es la primera a la izquierda, llamada Malet Place y que os lleva directamente al corazón del University College. Se encuentra en uno de los edificios a vuestra izquierda.

Malet Place, calle donde se encuentra el Petrie Museum

El Petrie Museum, es un museo dependiente del departamento de Arqueología y Filología egipcia de la universidad, y consta de numerosos objetos e instrumentos que abarcan desde el periodo prehistórico hasta el Islámico, pasando por el Romano y por el gran atractivo de la colección, el Egipcio. De hecho, el Petrie Museum es una de las colecciones de antigüedades egipcias más importante del mundo y casi nadie lo sabe. La poca publicidad, el encontrarse en el interior de una universidad, y sobre todo, su cercanía con el Museo Británico lo han dejado completamente en el olvido. Por lo tanto, y como os podéis imaginar, las ventajas se multiplican, ya que si os habéis topado con una ingente cantidad de turistas a la entrada del British, aquí os encontraréis con un becario haciendo las veces de recepcionista, y, como mucho, algún grupo de estudiantes tomando apuntes. Nada más. Con esto no quiero de ninguna manera equipararlo al Museo Británico, una comparación que no hay por donde cogerla. Pero en caso de agobios, (a veces incluso aunque se logre acceder al Museo Británico, las colecciones más visitadas y principales atractivos reúnen a la mayor parte del gentío, haciendo que sea casi imposible visitarlo con tranquilidad) esta opción es más que plausible.

Interior del Petrie Museum

Además, y para el que se acerque al University College, hay más, ya que en la misma calle del Petrie Musem (en el edificio Darwin para ser más precisos), se encuentra el Grant Museum of Zoology, un museo bastante curioso, ya que expone animales conservados en formol, extraños casos de especies bicéfalas o con cualquier otra deformación y hasta el esqueleto de una anaconda de 250 kilos entre sus rarezas. Pero que nadie piense en este museo como en un museo para freaks, ya que todo lo allí presente se considera y utiliza como “material didáctico” para los alumnos de la universidad. Así que, sensibilidades aparte, el museo puede resultar bastante interesante. Lo que a mi me atrajo de él, más que lo expuesto en sí, fue el aspecto que tenía de habitación desordenada y llena de trastos, como las que se ven en las películas y que suelen ser propiedad de algún científico chiflado.

"Grant Museum of Zoology"

Ya sabéis, tanto si os cansáis de hacer cola en el Británico, como si os encontráis en los alrededores de Russell Square, acercaos por el University College y descubrid dos museos alternativos a los habituales, y que no os dejarán indiferentes. Momias, esqueletos, taxidermia demuestran que hay “vida” más allá del Británico.

·Y para finalizar vuestra visita al University College, dirigios al edificio principal para, en uno de los pasillos, presenciar una extravagancia más. Se trata del cuerpo real, (menos la cabeza, que es de cera) solo que con su atuendo de época, del filósofo Jeremy Bentham, quién por expreso deseo en su testamento, solicitó ser conservado en el edificio, sentado sobre su silla favorita. Dice la leyenda incluso, que su efigie preside las reuniones de la junta de la universidad, y que al principio de cada votación se lee un escrito diciendo: “Jeremy Bentham, presente pero sin derecho a voto”. Aunque graciosa, la anécdota tiene más de leyenda que de realidad.

Jeremy Bentham y su eterna "reflexión" en los pasillos de la Universidad

 

“En un callejón de la City…”

Hace una semana os hablaba de las maravillas del Welsh Rarebit, y dejé mi promesa de desvelaros uno de los pocos lugares donde todavía se puede degustar este delicioso plato en la ciudad de Londres. Bueno pues como lo prometido es deuda, hoy es el día, justo una semana después, en el que os voy a desvelar el sitio en cuestión.

Pero antes, me gustaría contaros una pequeña historia, de cómo llegué a conocer un plato que a día de hoy, es desconocido para la gran mayoría de extranjeros en el Reino Unido. Yo era uno de ellos.

Y para eso tenemos que trasladarnos al norte de Francia. Sí, efectivamente. Porque fue allí donde lo probé la primera vez. Es curioso, pero el Welsh Rarebit, caído casi en el olvido en su país de origen, ha sido adoptado como si fuera autóctono de esta región francesa, y no es extraño encontrarlo en muchos de los menús en ciudades como Lille o Reims. La única diferencia, es que allí se le conoce como Welsh a secas.

A mi vuelta a Londres, y embelesado por su sabor, decidí investigar por mi cuenta. Primero, para saber si existía algún lugar donde probarlo en Londres, y, segundo, porque pese a las afirmaciones que había escuchado en tierras francesas de que este plato era original de allí, el propio nombre de Welsh (galés, en castellano)me hacía desconfiar. Y en efecto, fue así como llegué a descubrir que el Welsh, no era sino un plato inglés.

Con todo esto, pensé que sería bastante fácil de encontrar en cualquier carta de restaurante de la capital. Y fue entonces cuando me llevé la segunda sorpresa, ya que de los contados lugares que encontré donde aparentemente lo servían, había sido retirado de la carta en absolutamente todos. Desde luego esto me llevo a pensar en la torpeza de los ingleses para la cocina, pues si ya de por sí su gastronomía no es para tirar cohetes, para un plato que valía la pena, van y lo quitan.

El caso es que ya desesperado, y cuando había dado por imposible mi búsqueda, el destino me llevo a un callejón de la City.

Si alguien ha paseado alguna vez por la City londinense, cuestiones y atuendos financieros aparte, no podrá negarle su atmósfera llena de historia. No en vano, es la zona más antigua de Londres, con sus callejones, sus míticas calles( Fenchurch Street, Fleet Street, Cannon Street…), y sus pubs centenarios. A mi, personalmente, me encanta.

Y fue en una de sus callejuelas, donde descubrí el sitio del que tanto he hablado: “Ye Olde Cheshire Cheese”, o como he leído en alguna parte, “uno de los pocos pubs que justifica el Ye Olde (“el viejo”) en su nombre”.

Wine Office Court // "Ye Olde Cheshire Cheese"

Entrar a “Ye Olde Cheshire Cheese”, es desde luego viajar en el tiempo. Es más, antes de entrar, una vez pasas por el callejón de Wine Office Court donde se encuentra el pub, la sensación de llegar a un lugar con tantísima historia te sobrecoge.

“Ye Olde Cheshire Cheese”, existe como tal desde 1667, justo un año después del Gran Incendio de Londres que arrasó la gran parte de la City y con él, la gran mayoría de los pubs. Solo unos pocos sobrevivieron al fuego, como es el caso de “The Tipperary”, al otro lado de la calle, y que su construcción en piedra, le hizo resistir a las llamas.

Antes de 1667, también existía un pub en el mismo lugar donde hoy se encuentra “Ye Olde Cheshire Cheese”, solo que con un nombre distinto. De hecho, se cree que ha existido un pub en ese lugar desde por lo menos el año 1538.

Lista de monarcas a la entrada del pub

Antes de entrar, a la derecha de la puerta, podemos ver una lista de todos los monarcas reinantes desde la inauguración del pub, lo que nos da una idea de su antigüedad.

Una vez dentro, su encanto es incomparable. Interiores de madera, un suelo irregular, escasez de luz natural (lo que le da un aspecto bastante lúgubre a la vez que atractivo)… Nada más pasar la puerta encontramos una sala a mano derecha que hace las veces de comedor, con un puñado de mesas y una chimenea. Es aquí donde debéis venir si queréis probar el Welsh Rarebit, o cualquier otro de los platos que ofertan, de comida típica inglesa en cualquier caso.

Tanto a mano izquierda como al frente, el pub se extiende normalmente, con un par de barras y distintas mesas bajas para los clientes. También existe una segunda planta, e incluso una tercera, aunque esta última suele estar cerrada. En la segunda planta, aparte de una barra más y alguna que otra mesa, existe una vitrina que nos muestra alguna reliquia y un libro de visitas, donde se puede leer alguna dedicatoria escrita por los visitantes de principios del pasado siglo.

Comedor "Ye Olde Cheshire Cheese"

Es una pena que el libro solo recoja las firmas de visitantes desde hace unos 150 años, de lo contrario encontraríamos aquí escritos de gente como Charles Dickens, un habitual del pub durante sus tiempos de periodista en Fleet Street. De hecho, y de acuerdo a una anécdota narrada en un libro de cocina, Charles Dickens disfrutó, junto con el también escritor Ben Jonson, de un Welsh Rarebit en “Ye Olde Cheshire Cheese”.

Se trata por tanto de una parada obligada para todos aquellos amantes de la historia y lo añejo, ya que hoy en día es difícil encontrar lugares que guarden intacta la esencia que los ha hecho inmunes al paso del tiempo. Ya sea para probar un Welsh Rarebit, o para disfrutar de una cerveza al abrigo del fuego.

Un oasis de paz oriental en la exclusividad de Kensington and Chelsea

Si alguno ha paseado alguna vez por los aledaños de Kensington High Street sabe a lo que me refiero cuando digo que es uno de los lugares más exclusivos de la capital inglesa. Rodeada de tiendas de lujo, restaurantes de categoría y lustrosas viviendas, esta avenida es una de las arterias principales de el Royal Borough of Kensington and Chelsea, el distrito más exclusivo de entre todos los habidos en Londres.

Por otro lado, y aparte de sus tiendas, restaurantes o coches de alta gama, este lugar es conocido también por albergar varios museos (ciencia, historia natural, Victoria&Albert, entre los más destacados)y embajadas (entre ellas, la española), así como por integrar dentro de sus límites al famoso barrio de Notting Hill, con su mercado sabatino y su popular carnaval.

Pero volviendo a Kensington High Street, hoy me gustaría hablaros de un lugar en los alrededores de la calle, y que se encuentra entre mis favoritos en Londres para pasar una tarde de paseo bajo el sol de la primavera que se acerca (aunque esto último, lo del sol, sea un poco difícil en Londres).

Se trata de Holland Park, y más en concreto, de sus Kyoto Gardens, una zona de jardines de estilo japonés, y que se encuentra integrada en el propio parque.

Kyoto gardens

Holland Park, que está considerado como uno de los parques más tranquilos y mejor cuidados de Londres, es también famoso por la Opera Holland Park, una especie de ópera de verano donde se representan obras durante la época estival.

El parque podría dividirse en dos zonas claramente diferenciadas: la primera, o zona sur, con jardines bastante cuidados y que también acoge un restaurante, la ya mencionada ópera o un albergue juvenil; y la zona norte, básicamente una zona boscosa con animales viviendo en libertad, y que por lo general suele estar menos concurrida.

Es aquí, en uno de los laterales de la zona norte, donde se encuentran los Kyoto Gardens, un obsequio de la Cámara de Comercio de Kyoto para celebrar el festival japonés que tuvo lugar en el año 1992. El jardín, que incluye un pequeño estanque, una cascada, diversas especies endémicas traídas desde Japón e incluso pavos reales, fue diseñado en su totalidad por expertos venidos en exclusiva desde el país oriental. Aunque como cualquier otro parque al que se vaya a pasear, el momento perfecto para visitarlo es aquel en el que haya sol y buenas temperaturas (verano o primavera por lo general), yo os recomiendo visitarlo en otoño, ya que con la caída de la hoja, los tonos ocres que adquiere la vegetación hacen que tenga un encanto mayor.

Pavos reales en Holland Park

· Y si os encontráis con sed o incluso con hambre (ya que también sirven comida), no dudéis en pasaros por The Scarsdale, un pub perfecto para los que gustan de sitios auténticos y rodearse de gente local. Para entendernos, un lugar que todavía no ha sido descubierto por las hordas de visitantes de la zona. The Scarsdale se encuentra al final de Edwardes Square, una de las primeras calles a la izquierda que encontramos tras abandonar el parque, según subimos Kensington High Street en dirección hacia Hammersmith.

 

The Scarsdale pub

 

Una alternativa a Twickenham

Durante las últimas semanas y hasta el próximo 19 de Marzo, se viene celebrando el Torneo 6 Naciones de Rugby, una buena ocasión para disfrutar de este noble deporte, o para aficionarse a él en caso de que no se esté muy familiarizado. De hecho este torneo, que se celebra anualmente, es el más importante a nivel europeo, reuniendo a las selecciones de Inglaterra, País de Gales, Escocia, Irlanda, Francia e Italia.

En Inglaterra, como en el resto del Reino Unido, el rugby es uno de los deportes que reúne a más aficionados (junto con el fútbol y el críquet),quienes lo disfrutan con verdadera devoción, ya sea siguiendo al equipo nacional o a cualquiera de los equipos locales.

Por lo tanto, y como os podéis imaginar, la llegada de un gran torneo internacional se convierte en un evento de máximo interés para la afición, así como en una oportunidad inmejorable para aquel que, pese a no estar muy interesado, quiera vivir la emoción propia de estos acontecimientos.

Y que mejor ocasión, que un partido de las características del que se celebra este próximo Sábado: Inglaterra – Francia. El equipo local, contra el que es el mejor equipo europeo del momento. Todo un acontecimiento que bien puede valer las casi 330₤ que se piden (como mínimo) por acceder a Twickenham (estadio oficial de la selección inglesa de rugby, situado al suroeste de Londres y con capacidad para algo más de 80.000 espectadores) a presenciar el partido.

Estadio de Twickenham a rebosar antes de un partido

Pero para los que no estén “tan” interesados, hoy os quiero ofrecer una alternativa muchísimo más asequible (bueno, dependiendo de las ganas y la exquisitez a la hora de beber del personal). Y la alternativa es pasarse por el pub. Pero no por cualquiera, sino por “The Faltering Fullback”, un pub del norte de Londres y que rezuma rugby por los cuatro costados. De hecho, el nombre hace referencia directa al rugby (viene a ser algo así como “El zaguero vacilante”, donde el zaguero – fullback– corresponde a la posición del último defensor en rugby). Y todo eso sin mencionar la cantidad de objetos y parafernalia relacionados con el rugby (bufandas de diferentes equipos, camisetas firmadas por los jugadores, cuadros y retratos con equipos de época…).

Entrada al pub

Pero no solo eso, su localización (en una esquina en mitad de una zona residencial, donde lo último que pensarías en encontrarte sería un pub) y sus exteriores ajardinados (algo bastante popular en algunos pubs y que le ha hecho merecedor de la medalla de plata “London in bloom” que se ofrece a los establecimientos mejor ornamentados), hacen que tenga un sabor especial. Ésto, sumado a la original decoración y a la amabilidad del personal, hace que sea merecedor de una visita, independientemente de que queramos ver el rugby o no.

"The Faltering Fullback"

The Faltering Fullback
19 Perth Road, London
N4 3HB, Reino Unido
Website

Cómo pasar desapercibidos a millones de ojos

A veces, hasta el lugar más retratado, visitado, fotografiado, “pateado”, y cualquier otro adjetivo que se nos ocurra , guarda secretos que poca gente sabe. Es el caso de Trafalgar Square en Londres. Éste lugar, el más concurrido de la capital, y el 4º más visitado del mundo según la revista Forbes, acoge también 3 rincones que la mayor parte de la gente que lo visita suele ignorar. Muchos se apoyarán en ellos, los pisaran, y es más, puede que aparezcan en el trasfondo de una foto, pero nadie se percatará de que están allí. Hoy, desde London Incógnito, los sacamos a la luz.

· La estación de policía más pequeña de Gran Bretaña: Situada en una de las esquinas de la plaza, pasa desapercibida para la gran mayoría de los que acuden a ella. Se encuentra justo debajo de uno de los faros que delimitan la plaza en su zona sur, en concreto, del que se encuentra a la izquierda del almirante Nelson. Si nos acercamos veremos claramente su forma de garita, y, aunque a día de hoy su uso se limita al de almacén de material de limpieza, es propiedad de la policía de Londres. De hecho, si observamos uno de los laterales, podremos ver una lista de ordenanzas a cumplir en Trafalgar Square.

La "comisaría" de Trafalgar Square

· Estándares de medidas del sistema Imperial: como todo el mundo sabe (y si no lo sabéis, ya os lo digo yo) el Reino Unido es el único país europeo que se resiste a la adopción del sistema métrico decimal. Aquí todo se mide en pulgadas, pies o yardas. Así que como todo sistema métrico, éste necesita de sus propios estándares invariables y que tomar como referencia en todo momento. Bien, pues una replica de éstos (los originales se encuentran en el Observatorio Real de Greenwich) se encuentra a los pies de la National Gallery, justo en los escalones de acceso a ella. Estas placas de latón fueron instaladas en el año 1876.

· El centro de Londres: se dice que Trafalgar Square es el centro de Londres. Y no podría ser más cierto. Pero lo que mucha gente desconoce, es en qué lugar se encuentra el centro exacto, es decir, desde que punto se miden todas las distancias en Inglaterra. Pues bien, ese sitio, a menudo ignorado y pisoteado por turistas cruzando de una acera a la otra, se encuentra en una isleta o rotonda al sur de la plaza, justo detrás de la estatua del Rey Carlos I. El punto exacto viene marcado por una placa en el suelo en la que se puede leer como antes de la estatua, se erigía una cruz en honor a la reina Eleanor. Encontrad la placa, y os encontrareis en el centro mismo de una de las más importantes urbes del planeta.

La estatua de King Charles I con la columna de Nelson al fondo

Un capricho hindú al sur de Wembley

Es por muchos sabido que la comunidad hindú en Londres, es una de las más extendidas. En Londres la comunidad hindú la componen casi un millón de personas, lo que supone el 52% del total de hindúes residentes en Gran Bretaña. Sus integrantes ocupan barrios enteros, calles muy conocidas y regentan multitud de negocios.

Y como es de suponer, también han traído con ellos su cultura y costumbres, como por ejemplo la celebración del Diwali o “fiesta de las luces”, que se celebra una vez al año en Trafalgar Square.

Con todo esto, hoy queremos fijarnos en una pequeña joya que se encuentra al noroeste de Londres: el BAPS Shri Swaminarayan Mandir, o como comúnmente se le conoce, el templo de Neasden.

Neasden Temple

Se trata del templo hindú más grande del mundo de entre los que se encuentran fuera de la India. Fue inaugurado en el año 1995 aunque su construcción comenzó tres años antes. Para ello se emplearon 2.828 toneladas de piedra caliza búlgara y 2.000 toneladas de mármol italiano, que a su vez fue tallado y esculpido por nada más y nada menos que ¡1.526 escultores!

Interior del templo

Así que como os podéis imaginar, el edificio supone toda una rareza en medio del típico paisaje urbano, ya sea londinense, o de cualquier otra parte del mundo occidental.

La entrada al templo en si es gratuita (solo os pedirán que os descalcéis, y por supuesto que os abstengáis de hacer fotos o vídeos, así como de consumir cualquier tipo de alimento), aunque por 2₤ tendréis acceso a la exhibición permanente sobre el hinduismo.

Como pequeño apunte, os aconsejo informaros antes de ir en su página web para saber a qué hora tienen lugar los distintos rituales que se llevan a cabo, ya que pueden ser interesantes, pero principalmente, porque es durante la celebración de los mismos cuando abren el santuario, sitio que de lo contrario suele permanecer cerrado la mayor parte del día y que en mi opinión es una de las zonas más sorprendentes de la visita.

Aquí os dejo un enlace donde explican cómo llegar al templo, aunque personalmente creo que la mejor opción es el metro.

El templo de noche

·Y para el que quiera poner la guinda a su experiencia hindú, os recomiendo pasaros por el restaurante Shayona que se encuentra enfrente del templo. Se trata de un restaurante hindú y vegetariano en el que preparan unos currys y samosas deliciosos, y donde la relación calidad-precio es la mejor que conozco en todo Londres en cuanto a restaurantes hindúes (con un buffet libre de solo 6₤ por persona, toda una ganga en Londres para un sitio que vale la pena).

The Welsh Rarebit

“Se dice el pecado pero no el pecador”, reza el dicho popular. Bien, pues a rajatabla. Bueno, no exactamente. Me explico. Hoy os quiero hablar del pecado, pero eso no significa que no vaya a mencionar el pecador. Aunque para eso os voy a hacer esperar.

Y bien, ¿cuál es el pecado? Pues el pecado es ni más ni menos, que el Welsh Rarebit, uno de los pocos platos que se encontraban en los menús de los pubs de hace más de 200 años, y que a día de hoy es difícil de encontrar en una ciudad como Londres.

En su lugar (y en el de muchas otras recetas), el Sausage & Mash (Salchichas con puré de patatas), las Jacket Potato (patata cocida rellena) o el Sunday Roast ( el asado del Domingo) han tomado la palabra.

¿Y en qué consiste el Welsh Rarebit? Pues la idea es bastante simple, ya que se trata de una tostada empapada en ale (normalmente, aunque también se puede usar cualquier otra cerveza), y que se sirve cubierta casi por completo de queso Cheddar fundido. Existen distintas variantes en las cuales se puede añadir mostaza, jamón, un huevo, salsa Worcestershire…

La historia del Welsh Rarebit se remonta al siglo XVIII, cuando las condiciones de pobreza existentes en muchos lugares de Gran Bretaña, hacían que el comer carne fuera poco menos que un lujo. Así que si no había carne, por lo menos si había queso. En este punto, la historia del Welsh Rarebit contrasta con la del famoso sándwich Ploughman’s, pues si el primero usa el queso como último recurso alimenticio, en el caso del sándwich se trata de una iniciativa de la Asociación inglesa de Queseros para incentivar el consumo de Cheddar en los pubs. Claro, que mientras el Welsh Rarebit data del siglo XVIII, el Ploughman´s es bastante más reciente (alrededor del año 1960). Esto demuestra a la perfección como cambian los tiempos.

Volviendo a la historia del Welsh Rarebit, se cree que el nombre es una deformación de la palabra rabbit (conejo), y que se le denomino así como burla de los ingleses hacia los galeses, ya que mientras los pobres de Inglaterra podían al menos comer conejo de vez en cuando, los galeses tenían que conformarse con el queso, por lo que se le conocería desde entonces como conejo galés, es decir, Welsh Rabbit primero, Welsh Rarebit después (aun hay gente que lo llama Welsh Rabbit dependiendo de la zona de Inglaterra).

Así que aquí lo tenemos, un plato con solera, y que a duras penas se mantiene en contados lugares. De hecho, tras ardua búsqueda, hace poco encontré el lugar perfecto para su degustación, aunque, como decía al principio, eso pertenece a otra historia que contaré en breve. Pero si os puede la impaciencia y no podéis esperar a leer esa historia o viajar a Londres a probarlo, aquí os dejo una receta de cómo prepararlo de manera sencilla. La receta está pensada para dos personas y tardaréis apenas 20 minutos en prepararlo.

Necesitáis: un par de rebanadas de pan de molde (si es más grueso mejor que mejor y a ser posible sin corteza), 400 gr. de queso Cheddar (mucho mejor si viene rallado), 250 ml. de cerveza ale (si el sabor de la ale no os convence podéis usar cualquier otra cerveza) y una cucharadita de mostaza.

Colocad las rebanadas de pan de molde en una bandeja para el horno. Precalentad el horno a 200ºC. A continuación ponemos a hervir la cerveza, y cuando ésta hierve por completo, añadimos el queso en su totalidad (si en lugar de rallado compramos una pieza, con cortarlo en dados bastará) y removemos sin parar (de lo contrario se nos quemará) a fuego medio. En este punto podemos agregar una cucharadita de mostaza si lo queremos un poco más picante. Cuando la masa parezca uniforme, sin ser demasiado liquida pero tampoco excesivamente espesa (esto es quizá lo más difícil de conseguir) lo vertimos sobre la bandeja donde tenemos el queso. Todo junto lo metemos al horno para que se gratine durante 3 o 4 minutos como máximo y ¡listo!

Welsh Rarebit gratinándose en el horno

Ya podéis disfrutar de vuestro Welsh Rarebit en casa. Como sugerencia, se puede servir con jamón o un huevo encima, y se suele comer acompañado de patatas fritas así que…¡Qué aproveche!

Welsh Rarebit: una receta para viajar en el tiempo