Unas vistas de lo más exclusivas

London Incognito sube hasta la torre del Big Ben, para disfrutar de una de las vistas más exclusivas de la capital londinense.

 

Cuando hablamos del Big Ben, hablamos del símbolo por excelencia de Londres. Y no solo eso, sino que además, lo hacemos de manera errónea puesto que Big Ben es el nombre dado a la gran campana, y The Clock Tower (o sea, la Torre del Reloj) es el nombre de la  torre que la aloja. Sea como fuere, en la mañana del 9 de Febrero, London Incognito tuvo la oportunidad de acceder a la torre en toda su extensión, visitando la campana (el famoso Big Ben), el reloj en su parte interna y los mecanismos que lo mantienen con vida. Como apunte general, y para cualquiera que este interesado, los tours (si se les puede llamar así) se contratan a través de un MP (Miembro del Parlamento) vía teléfono o mail, con lo que el proceso puede llegar a ser bastante lento. Esto hace que los tours sean casi imposibles de realizar por no residentes en el Reino Unido, lo que también lo hace más exclusivo, teniendo en cuenta la cantidad de turistas que se agolpan en los alrededores, y que, en la gran mayoría de los casos, desconocen que se puede acceder a la torre.En cualquier caso, y volviendo a nuestra experiencia, es algo que recomendamos a cualquiera que tenga la oportunidad de realizarlo.

Antes de comenzar el relato de la visita, lamento decir que debido a las estrictas medidas de seguridad, la toma de fotografías está totalmente prohibida durante el tour, así que no he tenido más remedio que descargar las fotos que acompañan la narración. Dicho esto, prosigo.

Los tours comienzan en Portcullis House, donde, y tras pasar por unas estrictas medidas de seguridad (expedición de tarjeta de visitante con fotografía incluida), se accede al punto de encuentro con el guía. Éste aparece con puntualidad inglesa (nunca mejor dicho), y, tras un breve resumen de lo que será el recorrido, nos dirige hacia la puerta de la torre a través de un pasadizo que cruza la calle de forma subterránea.

Así que allí estamos, sin comerlo ni beberlo, a las puertas del que debe ser uno de los hitos arquitectónicos más retratados del planeta. Junto a nosotros, el resto del grupo (otras 6 personas), todos ellos de nacionalidad inglesa.

La ascensión a la torre, que consta de 334 escalones, se divide en 3 fases, con sus correspondientes paradas, todo a través de una estrecha escalera de caracol. De hecho, una vez dentro, nadie diría que nos encontramos donde nos encontramos, y más bien pareces estar visitando un piso muy antiguo.

Escalera de caracol

En la primera parada, tras realizar algo más de la mitad del trayecto, y entre jadeos y resoplidos del personal, el guía nos cuenta la historia de la torre y del Big Ben. Por lo visto no está muy claro todavía si el nombre de Big Ben se puso en honor a uno de los arquitectos de la torre (Benjamín Hall), o a un boxeador muy popular de la época (Ben Caunt). En principio la opción del arquitecto es la que tomaría más fuerza, pero al no haber constancia escrita, se ha preferido dejar el tema en manos de la cultura popular.

Tras esta parada, la siguiente se efectúa en la sala donde se encuentra el mecanismo del reloj. De entre todas las explicaciones, quizá la más sorprendente, al menos para alguien como yo, no muy ducho en la materia, es que del conjunto de engranajes, bielas y demás, lo que calibra el péndulo es un puñado de viejas monedas, que se quitan o ponen en función de los cambios de presión o temperatura.

Mecanismo del reloj

Así que tras la penúltima parada y otros 90 escalones más, alcanzamos por fin el cenit de la torre, justo por encima de las esferas del reloj. Las vistas desde aquí, como os podéis imaginar, son increíbles. No tanto por las vistas en sí, que también, sino por el hecho de encontrarnos allí, mirando al Puente de Westminster donde se juntan los visitantes a tomar fotos, y pensando que en alguna ocasión, hace ya bastante tiempo, tú también estabas allí haciéndote hueco para hacerte la dichosa foto.

Una vez arriba, el guía reparte tapones para los oídos entre los asistentes, ya que el tour está estratégicamente programado para alcanzar la cúspide coincidiendo con el repique de campanas anunciando la hora, en nuestro caso, las 12 del mediodía.

El Big Ben

Después de una breve explicación sobre los alrededores de la torre, y tras escuchar las campanadas, emprendemos el camino de vuelta. De aquí al principio del recorrido, solo efectuaríamos una parada más, dentro de las esferas del reloj, para ver como se ilumina el reloj por la noche a día de hoy, y como se hacía en el pasado.

Sala de iluminación de la esfera S.XIX

En definitiva, un recorrido de exactamente 75 minutos pero que parecen menos, ya que las paradas están muy bien pensadas, y las explicaciones del guía son bastante dinámicas e interesantes. Y sobre todo, dada la exclusividad de este recinto y lo limitado de su acceso, lo que hace que este tour sea único en Londres al combinar una de las principales atracciones de la ciudad con la casi total ausencia de turistas.

Para más información, y si eres residente en el Reino Unido: http://www.parliament.uk/visiting/visiting-and-tours/bigben/

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