Archivo mensual: marzo 2011

¿Vuelve la rutina?¡Llevémosle la contraria!

No hay nada como unos días de descanso. Tras unas más que merecidas vacaciones, que me han llevado por tierras irlandesas (gracias por todo Dani e Ildi) y españolas, y en las que desafortunadamente me he visto obligado a abandonar mi cita con este blog durante unos días, de nuevo me encuentro con el teclado para seguir explorando cada rincón de ésta, la capital de la vieja Albión.

Y en la vuelta a mi rutina, en uno de esos paseos al trabajo, me he dicho: ¿por qué no compartir con todos mi vuelta al día a día? Esto puede sonar raro, pero no os asustéis, que no os voy a contar lo lleno que estaba el metro o las caras que suele poner mi jefe cuando no le gusta lo que ve. No. Lo que pasa es que muchas veces, al realizar el mismo camino un día sí y otro también, terminamos obviando lo que nos rodea e incluso relativizamos su importancia o belleza. Pues no. Hoy vamos a levantar la voz y salirnos del binomio salgo del metro-entro al trabajo, escapándonos del camino trazado.

En mi caso, la rutina se llama Covent Garden y alrededores, un paraíso para aquellos que disfruten rodeados de turistas que no saben a muy bien a donde van (que se lo pregunten al tío que reparte mapas en una esquina de St. Martin’s Lane al grito de: “Anybody lost?!”), los espectáculos callejeros de toda índole (personalmente, me quedo con el tipo que imita tanto en sus gestos como en su atuendo al capitán Jack Sparrow) y sobre todo de una vorágine consumista solo comparable a la que se da en Oxford Street o los grandes centros comerciales (véase Westfield y demás).

Pero este área, que supone el límite oeste del West End, también cuenta con sus pequeños caprichos y secretos, conocidos por muy pocos, pese a estar a la vista de casi todos.

Es el caso de Seven Dials. Por este nombre se conoce a la zona al noroeste de Covent Garden, y que en el fondo no es más que una extensión de la zona comercial, predominando las tiendas de ropa básicamente. Sin embargo, el nombre de Seven Dials, tiene su origen en la pequeña plazuela inclusa en la zona y en donde convergen, efectivamente, siete calles, siendo Upper St. Martin’s Lane y Mercer Street las principales. En el centro mismo, y dominando la glorieta, se yergue un monumento culminado por seis relojes de sol (sundials en inglés). La mayoría de los visitantes desconocen la existencia de los relojes, pero muchos de los habituales desconocen algo más. El caso es que mucha gente se pregunta el porqué del nombre de Seven Dials, cuando en realidad son seis los relojes. La explicación, sin embargo, es bastante simple, ya que el séptimo reloj, es el formado por la columna misma.

Dejando a un lado la rotonda de Seven Dials, y subiendo por Shorts Gardens, a mano izquierda encontramos el pasadizo conocido como Neal’s Yard, y que nos guía hacia un patio interior de lo más pintoresco, con cafeterías new-age y algún que otro negocio de remedios naturales. Mi favorito, sin duda Neal’s Yard Dairy, una tienda de venta de quesos elaborados de manera artesanal, especializándose en aquellos originarios de las Islas Británicas como el Cheddar o el Blue Stilton).

¿Un día gris? Desde luego no en Neal´s Yard

Pero si lo nuestro no es el queso o los remedios de herbolario, también podemos dejarnos llevar por la cuesta abajo que supone St. Martin’s Lane (desde Seven Dials) para torcer a la derecha por West Street. Una veintena de pasos nos llevarán a la entrada del Teatro St. Martin’s. Esto, dicho así, puede no decirnos nada, pero el caso es que el St. Martin´s, a razón de dos funciones diarias, acoge la obra “La ratonera” (“The mousetrap”) de Ágata Christie, y que tiene el honor de ser la pieza teatral de mayor duración en cartel de toda la historia, record que se supera cada día ya que sigue en activo. Tras más de 24.000 funciones, la obra, que se estrenó en el año 1952 (ahí es nada), se encuentra en perfecto estado de forma, sorprendiendo a decenas de espectadores cada día gracias a su inesperado final (que por supuesto no desvelaré aquí, invitando a todo el mundo a que se pase a verla).

The Mousetrap en el St. Martin's, anunciando su 58 aniversario

Como veréis, hay para todos. Relojes de sol, coloridos callejones, una obra cincuentenaria…Todo esto, a parte de las ya consabidas tiendas, restaurantes, pubs y demás, pero que, a fin de cuentas, podemos encontrar en cualquier otra parte de la ciudad. Además, demostrándome a mi mismo que el camino que hago cada día puede ser un poco distinto si me lo propongo. Solo tengo que desviarme un poco del trayecto habitual, y los rincones se presentan solos. Que así sea. Más ahora, que vuelve la rutina.

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Shoreditch-Southwark: el West End del siglo XVII

Si uno ha viajado en el metro de Londres, le habrá sorprendido la cantidad de publicidad relacionada con musicales, obras de teatro y demás espectáculos que allí se anuncian. Y es que a nadie se le escapa que la capital es inglesa es uno de los lugares a la vanguardia de las artes escénicas, habiéndose convertido estas representaciones en un atractivo turístico más, como lo pueden ser la National Gallery o el Palacio de Buckingham.

El West End, o Theatreland, la zona que acapara los principales escenarios, está considerado junto con Broadway en Nueva York, como un sinónimo de calidad, atrayendo cada año a unos 13 millones de personas a sus salas.

Pero aunque hoy en día el teatro de Londres se ha convertido en una mega industria del entretenimiento y generadora de riqueza para la ciudad, hubo un tiempo en que las cosas eran muy distintas. Se podría decir, que allá por el siglo XVI, las representaciones publicas no estaban vistas con tan buenos ojos.

Eran otros tiempos desde luego. Por aquel entonces, los escasos escenarios no eran más que los patios interiores de las tabernas, y más que obras teatrales, lo que allí se representaba era algo llamado bear baiting, nada menos que un oso atado a una cadena peleando contra perros rabiosos.

Bear-baiting en una taberna de Londres

Si que es cierto que se realizaban espectáculos de teatro, pero la mayoría de las veces el show se detenía debido al escándalo reinante en el local o por la intervención de las autoridades, que se mostraban en contra de cualquier tipo de espectáculo que congregara a las masas, algo para nada beneficioso en tiempos de la peste.

Con todo esto, grupos de escritores, actores y empresarios, empezaron a solicitar una legislación que permitiera este tipo de reuniones. Con el desarrollo de las nuevas leyes, las tabernas empezaron a perder sus licencias en beneficio de nuevos espacios, que estaban siendo construidos con el fin de poder representar allí las obras.

Uno de estos lugares, el pionero, fue el Red Lion, inaugurado en 1567 en los alrededores de Whitechapel, aunque más bien supuso un intento de crear una sala ya que apenas duró un año abierto.

Hay que decir que, para evitar las estrictas normas anti-teatro del consistorio londinense, estos espacios se construyeron a las afueras de la ciudad. Así, y cerca de donde se ubicaba el Red Lion, tenemos la zona de Shoreditch, y que sería considerada como el primer distrito teatral en la historia de la capital. De hecho, el primer teatro de éxito, a diferencia de su predecesor, fue el conocido como The Theatre (El teatro), y que pasaría a la historia como el primer teatro isabelino propiamente dicho. Se mantuvo activo durante 22 años, siendo desmantelado tras este periodo.

Otra sala de renombre, fue The Curtain, a escasos metros de The Theatre, y que en este caso prolongó su actividad 20 años más. A día de hoy, si uno se acerca por la zona de Curtain Road, en el distrito de Hackney, podrá ver sendas placas conmemorativas de lo que fueron The Theatre y The Curtain.

Placa ubicada en el emplazamiento original de The Theatre

Así como Shoreditch, otra zona donde comenzaron a surgir un buen numero de teatros fue al sur del río, más concretamente en el área de Southwark. Aquí destacamos The Rose, el primero de todo ellos, The Swan, y especialmente The Globe.

The Globe fue el teatro con mayor aforo de los construidos en la época y su popularidad se debía, principalmente, a que se trataba de una sala propiedad de la compañía de Shakespeare, conocida como Lord Chamberlain’s Men, una de las más populares. The Globe fue construido con los materiales sobrantes del desmontaje de The Theatre, y siguiendo los parámetros de la época, esto es, con forma hexagonal y con balcones a distintos niveles, como si se tratara de una corrala.

Interior del Shakespeare's Globe

El teatro fue cerrado en 1642, aunque una replica del mismo, llamada Shakespeare’s Globe, fue inaugurada en 1997 a poca distancia de su emplazamiento original.Sin embargo, en los alrededores de Park Street se puede ver una placa recordando el lugar donde se encontraba el primer The Globe.

Hoy en día el Shakespeare’s Globe representa obras de manera regular, salvo durante los meses de invierno, ya que el teatro, emulando a los del siglo XVII, carece de techo o cubierta. Aunque a priori pudiera parecer como una buena experiencia el visitarlo (que sin duda lo es), os aviso que las obras que allí se representan, suelen ser por lo general en inglés antiguo, con lo que se requiere algo más que un buen nivel de inglés para entenderlas. De todas formas, puede ser una buena opción si lo que se quiere hacer es algo distinto, y, porque no, ahorrarnos unas libras de lo que sería una entrada para cualquiera de los espectáculos del West End.

La ferocidad de “Los Leones”

Hace días empecé esta serie de artículos sobre equipos de fútbol de barrios londinenses hablándoos sobre el West Ham, un conjunto del este de Londres, y que, según os comenté, mantiene una gran rivalidad con el Millwall F.C., aunque los comentarios sobre este equipo me los guardé para otro día.

Pues bien, ese día ha llegado, y hoy vamos a hablar del que es, no solo el enemigo por excelencia del West Ham United, sino de muchos otros clubs tanto en Londres como en Inglaterra, lo que le valió entrar en el top ten de los equipos con más rivalidades directas según una encuesta realizada en el año 2007. La explicación a esto se debe, en su mayor parte, a sus aficionados, auténticos devotos del equipo y en la mayoría de los casos, protagonistas de los principales actos de vandalismo relacionados con el fútbol que han sacudido Inglaterra durante las últimas décadas. Todo esto como complemento a un seguimiento incondicional, lo que les lleva a inundar las gradas del estadio independientemente de que partido se juegue. Para muestra un botón: la afluencia al estadio ha registrado una media de 12000 personas por partido durante las 83 temporadas que el club lleva en la Football League, algo disparatado teniendo en cuenta que este equipo se ha movido únicamente por las categorías inferiores del fútbol inglés (tales como First División, Second División…).

Escudo del Millwall F.C.

Pero empecemos desde el principio para entender mejor la historia del Millwall y el porqué de su gran rivalidad con el West Ham.

Como muchos otros conjuntos en Inglaterra, el Millwall fue fundado por trabajadores de una fábrica, en este caso, de la conservera JT Morton’s que se encontraba en Isle of Dogs, primera ubicación del equipo. Diez años más tarde, y al otro lado del río, los trabajadores de otra empresa fundarían el West Ham United, dando así comienzo la gran enemistad entre ambos.

Cartel mostrando un enfrentamiento entre el Thames Ironworks (antiguo West Ham) y el Millwall

Sin embargo, y debido a problemas de espacio, el equipo se trasladó desde el año 1910 a la zona de New Cross, aunque la rivalidad con el West Ham persistió, e incluso se acrecentó, enfrentándose hasta en 60 ocasiones en un lapso de 15 años.

“Los leones”, sobrenombre con el que se conoce tanto a aficionados como a jugadores del Millwall, juegan desde 1910, año de su traslado, en el estadio conocido como The Den, el cual fue remozado en el año 93 y por lo tanto renombrado como The New Den.

The Den a rebosar en un partido ante el Bristol

Aquí, en los días de partido, podemos oír a sus seguidores entonar alguna de sus canciones favoritas para animar los partidos como London Calling, el clásico de los Clash, o House of Fun, un tema de la banda de ska Madness y que en el estribillo dice: “Welcome to the Lion’s Den…” (por cierto, imprescindible el videoclip).

Así como el West Ham tiene a su propio grupo de hooligans, los InterCity Firm, el Millwall cuenta con el suyo propio, conocido como los Bushwhackers. Como ya he dicho antes, con ellos como protagonistas en la gran mayoría de los últimos y peores episodios de hooliganismo sucedidos en las islas desde los años 80, así como en la invención de un arma improvisada conocida como el Millwall Brick, y que consiste en una especie de puño americano realizado con hojas de periódico.

Bushwhackers escoltados por la policía

Como podéis observar, la historia del Millwall es una historia marcada por la violencia y, sobre todo, por la rivalidad con el West Ham. Esto hace que, si bien el equipo es uno de los más tradicionales e históricos de la ciudad de Londres, debamos pensárnoslo dos veces antes de acudir a su estadio a presenciar un partido. Sobre todo, si se trata del derby ante los Hammers.

Historia de una noche de Mayo

Ya había estado allí antes. De hecho, conocía la zona perfectamente. Miles de amigos que habían venido de visita, se las arreglaron para, de alguna forma, “arrastrarme” hasta allí una y otra vez. Pero esta vez era diferente. ¿Y por qué? La calma y el silencio se habían apoderado del lugar, disfrazándolo de lo que realmente era, un castillo medieval.Más bien, y en ese preciso momento me di cuenta, creía que lo conocía.

Porque el sitio al que yo estaba acostumbrado, jamás presentó este aspecto. Es más, me atrevería a decir que parecía hasta más grande. Algo normal, pues hasta la mayor inmensidad puede verse reducida a nimiedad ante el acoso y agobio de miles de turistas. Pero que le vamos a hacer. Supongo que es el precio que hay que pagar por ser el más atractivo y mejor conservado vestigio medieval de una ciudad como Londres.

Hoy, desde luego, no era el caso. O por lo menos, no a esta hora. Eran alrededor de las nueve y media de la tarde, y la noche había caído como una bendición sobre los alrededores de la fortaleza, llevándose consigo la palabra tumulto, y todos los adjetivos a ella asociados: ruidoso, incomodo, desesperante…

Porque sí. Me encontraba a los pies de la Torre de Londres, un castillo casi milenario, dispuesto a presenciar una de las ceremonias más añejas de las que se llevan a cabo en el viejo continente: The Ceremony of the Keys o La Ceremonia de las llaves, como se prefiera.

La noche era templada, como se le supone a una noche de finales de Mayo, incluso aunque nos encontremos en estas latitudes. Como ya he dicho, el silencio era una constante, solo interrumpido por el vaivén del agua empujado por las embarcaciones que surcan el río.

Me presenté ante la entrada del monumento, con puntualidad meridiana. Había sido citado a las nueve y veinte en punto, y para estas cosas los ingleses no se andan con tonterías. Mucho menos, si se trata de un evento de estas características, el cual se viene celebrando sin interrupción desde hace casi 800 años. La ceremonia, que no es más que la entrega de llaves por parte del jefe de alabarderos de la Casa Real (en inglés, Chief Yeoman Warder) al beefeater “testigo” de la torre, de manera que entre los dos la cierren por dentro, protegiendo así las joyas de la corona que alberga, tiene otros alicientes. Como por ejemplo, sin ir más lejos, la posibilidad de visitar la torre de noche, cuando el acceso está más que prohibido a cualquier transeúnte.

Cuando el reloj marcaba las nueve y veinte en punto, el beefeater “testigo” pasó a recogerme, advirtiéndome que debería permanecer en silencio hasta la finalización del acto. No se si fue su depurado acento británico, o su impoluto atuendo “tudoriano”, pero la escena, más propia del siglo XV o de una pieza teatral de Shakespeare, me transportó definitivamente a una noche cualquiera de la Edad Media, desde el mismo momento en que accedí al recinto, guiado por la lámpara de gas que transportaba mi acompañante.

Tras recorrer el tramo que lleva desde la puerta de entrada al interior de la fortaleza, todo ello sin mediar palabra, nos detuvimos en la intersección formada entre Traitor’s Gate y la Wakefield Tower. El beefeater me posicionó, justo delante de la pequeña entrada de agua junto a Traitor’s Gate, y acto seguido continuó su camino, en dirección a Lanthorn Tower. La hora se acercaba, y allí estaba yo, completamente solo, en el interior de uno de los monumentos más visitados del planeta, a la espera de acontecimientos.

La torre se mostraba inmaculada a esta hora de la noche, y el silencio se había agudizado en el interior de aquellos muros, que, de alguna manera, actuaban no solo como aislante sonoro, sino también temporal, habiéndome alejado del siglo XXI, donde me encontraba hacía apenas unos minutos. De repente, el sonido de unos pasos acompasados, perturbó mis cavilaciones. Se trataba de una pequeña escolta militar, integrada por diez guardas de la torre, y que, armados con bayonetas, se situaron a mi derecha. De forma paralela, alguien accedió a la torre por el mismo lugar por el que yo lo había hecho instantes atrás, y se dirigía lentamente hacía el punto en el que los guardas y yo nos encontrábamos. Desde la distancia, pude percibir cómo dicho individuo, portaba un elemento de tamaño considerable, e inmediatamente comprendí que se trataba del Chief Yeoman Warder con las grandes protagonistas de la noche: las llaves de la torre. Una vez alcanzó nuestra posición, se detuvo a mi izquierda, a unos veinte metros de la columna formada por los militares. En ese momento, uno de ellos, y al mismo tiempo que le apuntaba con su bayoneta, se aproximó hacia su figura. Tras un puñado de pasos, efectuados con sobriedad militar, gritó:

-¿Quién anda ahí?

-¡Las llaves! – respondió firme el alabardero.

-¿Qué llaves? – inquirió el guarda, mientras sostenía la bayoneta con buen pulso.

-¡Las llaves de la reina Isabel II!

-Cédenos pues, las llaves de la reina Isabel II. ¡Todo en orden! – finalizó el escolta.

Esta conversación, o más bien intercambio dialéctico, y que se produjo ante mi atenta mirada, fue de una tensión inusitada. Una vez el alabardero se hubo identificado, la compañía formada por él mismo junto con los guardas, emprendió su camino en dirección a la Bloody Tower, que se encontraba al frente de mi posición. Solo se detuvieron una vez más, al final de las escaleras, momento en el que el Chief Yeoman Warder levantó su sombrero a la vez que gritaba: “¡Dios guarde a la reina Isabel II!”, a lo que el resto de la compañía respondió: “¡Amén!”, gritando al unísono.

Y desde aquí, desde esta posición, la que les guiaba de camino a la torre para cerrarla definitivamente hasta la mañana siguiente, se despidieron tocando The Last Post, una composición musical interpretada por el ejército inglés en funerales de estado o al final de una guardia.

Por mi parte, y más que contento tras haber sido testigo de una ceremonia casi milenaria, fui acompañado a la salida por el beefeater “testigo”, el mismo que me había guiado en mi acceso a la torre. De mi camino de vuelta, no hay mucho que recuerde con exactitud, salvo por un detalle. En el mismo instante en que abandoné el recinto, y todavía haciendo acopio de mis sensaciones, lo primero que me trajo de vuelta al mundo real, fue un avión que pasó justo por encima mío. Y desde luego me sentí afortunado, ya que en ningún momento reparé en que el único elemento que me podría haber “sacado” de aquella torre, era precisamente el rugir de los motores de una aeronave que hubiese surcado los cielos por encima del monumento. Esto, de suceder, sin duda le hubiera restado realismo al evento.

Tras mi “vuelta” al siglo XXI, emprendí el camino a casa, no sin antes detenerme por última vez, antes de introducirme en el metro, a contemplar la torre. Ésta, todavía en la más absoluta tranquilidad, descansaba a la espera de que a la mañana siguiente, fuera despertada de su letargo medieval por miles de turistas, y, como yo tras mi experiencia, traído de vuelta bruscamente al tercer milenio.

·Este relato, que cuenta mis vivencias durante la Ceremonia de las Llaves, no es más que una manera algo más lírica de contar dicha experiencia, y que he realizado en agradecimiento a todos aquellos y aquellas que han seguido el blog durante su primer mes de vida. Gracias a todos por vuestras visitas, comentarios, suscripciones e ideas, que están haciendo que este “diario” sobre la ciudad de Londres se mantenga en “buena forma” y siga creciendo. Un saludo.

·La Ceremonia de las Llaves se celebra todos los días sin excepción desde hace casi 800  años entre las nueve y media y las diez de la noche, dentro de la Torre de Londres. Para asistir, hay que remitir una carta por correo ordinario adjuntando: el nombre de los asistentes (hasta un máximo de 6), 2 fechas posibles en las que se quiera asistir (con dos meses de antelación, tres si se piensa asistir durante los meses de Junio, Julio o Agosto) y un sobre más con la dirección del remitente junto con dos sellos o “cupones de respuesta internacional” en el caso de escribir desde el extranjero (estos se pueden solicitar en este link), a la siguiente dirección:

Ceremony of the Keys Office
Tower of London
LONDON, EC3N 4AB
Great Britain

 

Los “peces doctor” de Frith Street

“Londres cerca del agua” es el nombre de uno de los tours que London Incognito nos ofrece. Bien pensado, y sin llegar al nivel Ámsterdam o Venecia, la capital inglesa guarda una relación bastante estrecha con sus recursos hidrológicos, empezando por el Támesis, y pasando por la multitud de canales que la atraviesan.

Aunque la cosa no acaba aquí. De hecho, el otro día tuve la ocasión de probar en mi propia piel (nunca mejor dicho y luego entenderéis el porqué) una curiosa conexión entre la urbe y el agua. Además, y tras mi experiencia, diría que muy recomendable.

Se trata de un establecimiento de reciente apertura llamado Aquasheko, en pleno corazón del Soho londinense, y al que desde aquí agradezco que me ofrecieran la oportunidad de pasarme a comprobar in situ sus productos. ¿Y lo que ofrecen? Pues entre otras cosas como masajes y demás, un moderno tratamiento de peeling mediante peces Garra Rufa. Y digo moderno, porque desde hace un par de años se ha convertido en una forma de eliminar las pieles muertas bastante de moda en los países occidentales. Pero ni mucho menos es éste un método descubierto recientemente. De hecho, y si alguien ha viajado a Tailandia, está tan extendido en sus mercados, que supone una atracción turística más. Aunque para conocer el verdadero origen de esta “cura”, hay que trasladarse hasta la ciudad de Kangal, en Turquía, donde se viene practicando desde hace más de un siglo.

En ella, los peces Garra Rufa (también conocidos como Doctor Fish), predispuestos en pequeñas peceras donde se introducen los pies (mayormente, aunque el tratamiento se puede efectuar en otras zonas del cuerpo), se dedican a succionar las células muertas, a la vez que segregan una enzima llamada diathanol que ayuda a prolongar la vida de las células restantes.

Uno no es ningún entendido en esta materia, pero recientes estudios de la Universidad de Oxford, avalan este proceso para tratar enfermedades como la soriasis, así que algo de verdad habrá en estas afirmaciones.

El caso, y volviendo a mi experiencia en Aquasheko, es que se trata de algo que recomiendo a cualquiera que tenga oportunidad de realizar, ya que es bastante curiosa. Eso sí, quizá os dé un poco de impresión al principio, ya que en el momento en que acercas los pies a la pecera, las decenas de peces que en ella se encuentran, se acercan a la superficie como si no hubieran probado bocado en una semana. Y el primer contacto con ellos es incluso más chocante, ya que te rodean los pies cual pirañas, dándote la impresión de que te vas a quedar sin pies en cosa de un segundo. Pero nada más lejos de la realidad, ya que estos diminutos podólogos no tienen dientes y lo más que os producirán serán cosquillas.

Aparte de esto, que sin duda es la mayor atracción de la tienda, también ofrecen distintos tipos de masaje y una más que respetable carta de tés orientales. En mi caso, opté por un masaje de pies y un té Jasmine Harvest. Todo ello envuelto en una atmósfera muy relajante, con aroma a incienso y música chill-out.

Resumiendo, una experiencia muy agradable, y que os invito a probar si tenéis la oportunidad. Aunque solo sea por aquello de probarlo todo.

Aquasheko
29 Frith Street, Soho
London W1D 5LG

Y desde hoy mismo, por cada jornada temática que realicéis con London Incognito os ofrecemos en exclusiva un 15% de descuento para vuestra experiencia en Aquasheko.

Dios salve a la boda (Real)

A más de uno en Londres ya le está entrando el tembleque. Y no es para menos, ya que quedan “apenas” 47 días para la boda Real entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton. Esto, que a muchos en otros países como España les parecerá ridículo, aquí no es sino la nota predominante, ya que la relación entre la monarquía y el pueblo llano suele ser, en términos generales, de respeto e incluso de seguimiento incondicional.

Lo mismo da que pertenezcas a la clase obrera o a la aristocracia, cualquier evento relacionado con la que es la institución más antigua de las islas, es motivo de celebración. Por lo tanto, una boda entre el príncipe heredero y su prometida, supone para los ingleses la excusa perfecta para salir a la calle y celebrarlo por todo lo alto.

De hecho, y sin ir más lejos, desde el mismo día en que se conoció la fecha de la boda, éste se declaró fiesta nacional. Vamos, que el día de la boda no trabaja nadie, y al que trabaje, le pagarán el doble. Eso son medidas populares y lo demás es tontería. Pero no es la única.

Por ejemplo, los artículos relacionados con el merchandising de la boda, son los únicos exentos del incremento impositivo al que se vieron sujetos el resto de bienes y servicios en Inglaterra a principios de año (una medida que trajo consigo una fuerte polémica en todo el territorio). Según se publicó en la prensa, esto se consiguió gracias a la intervención personal de la reina.

Pero si hay algo que define y distingue a la sociedad inglesa de las del resto de monarquías existentes en el mundo, es la fiesta en la calle. Y cuando digo la fiesta en la calle, no me refiero a la multitud que previsiblemente se congregará en el centro de la ciudad, siguiendo a la comitiva real en sus desplazamientos. No. Me refiero a las cientos de fiestas, algunas privadas, otras abiertas, que tendrán lugar en cualquier calle de Londres (o de cualquier otra ciudad) y que serán organizadas por comunidades de vecinos. Para esto, el sitio web visitlondon.com, organiza un sorteo llamado Win a Royal Wedding Street Party, en el que el ganador o ganadora obtendrá un pack para montar su propia fiesta que incluye, entre otras cosas, un buffet de comida típica inglesa o una banda que tocará música en directo.

Y si lo tuyo no es la fiesta en la calle, y optas por lugares mucho más tranquilos, existen otras opciones. Por ejemplo, si de verdad te va esto del sentimiento monárquico y quieres un poco de melancolía, tu lugar es sin duda el Café Diana. A medio camino entre las estaciones de Notting Hill Gate y Queensway, este lugar es un homenaje constante a Lady Di, con fotos suyas de la más diversa índole inundando las paredes. No en vano, la que fue Princesa de Gales, solía pasarse por el lugar de vez en cuando, a juzgar por algunas de las fotos expuestas.

Así mismo, y si más que un desayuno nos apetece una cerveza bien fresquita, lo mejor es pasarse por Windsor Castle, en Marylebone, un pub dedicado a la familia real inglesa.

Interior del pub Windsor Castle

De todas formas, no es oro todo lo que reluce, y, aunque mayormente aceptada, la realeza cuenta también con sus contrarios, como por ejemplo la plataforma Republic, que aboga por un fin de la monarquía, apoyándose (sic) en el sentimiento de 10 millones de republicanos ingleses. Esta plataforma celebra el mismo día 29 de Abril la llamada Antiparty, una fiesta defendiendo el poder del pueblo por encima de cualquier otro poder, y que salvo en su mensaje, se parecerá mucho a cualquier otra celebrada en las calles de Londres.

Logotipo de la fiesta organizada por la plataforma Republic el día de la boda

Como veréis, por opciones no será. Desde los más acérrimos, hasta los detractores, nadie queda al margen del evento. Hace semanas que muchos cuentan los días para que llegue tan señalada fecha. E incluso una vez concluida la ceremonia, habrá quien se pregunte cuanto queda para la siguiente. Aunque solo sea por el día libre.

No olvides visitar nuestra web, ya que London Incognito te ofrece un programa especialmente creado con motivo de este evento para vivir la boda como un auténtico londinense. Y si pasas de aglomeraciones o se te pasa la fecha, disfruta durante todo el año de nuestro día “Vivir como una reina”.

Londres no es Dublín pero…

Efectivamente, se acerca Saint Patrick’s Day (el Día de San Patricio), la fiesta irlandesa por excelencia, y no todo el mundo tiene la posibilidad de viajar a Dublín o a cualquier otra ciudad irlandesa a celebrarlo con sus gentes. Pero si por algo se caracteriza esta festividad, aparte de por los millones de litros de cerveza Guinness que se despachan, es por haberse convertido en un evento de carácter internacional, celebrándose en todos los rincones del mundo. Tréboles de cuatro hojas, leprechauns, y demás motivos relacionados con la celebración inundarán los bares, tabernas y pubs de medio mundo durante el día 17 de Marzo.

Y si el Día de San Patricio se celebra por todo lo alto en países o ciudades que poco o nada tienen que ver con la cultura irlandesa, en aquellos con lazos mucho más fuertes la fiesta se convierte en una celebración de culto. Así, tenemos (obviando a Dublín y al resto de Irlanda a los que se les presupone una iniciativa especial de cara a la fiesta) a ciudades como Nueva York, que celebra el desfile más concurrido del planeta, o Chicago, que tiñe su río completamente de verde con motivo de tan señalada fecha.

Y por supuesto, Londres. No en vano, la capital de la vecina isla da cobijo a cerca de 200.000 irlandeses, que componen el grupo más numeroso de entre los londinenses nacidos en el extranjero. Por lo tanto vamos a hacer un pequeño recorrido por los distintos eventos que tienen lugar en la capital, para que los residentes o visitantes durante estas fechas, puedan disfrutar al máximo de Lá Fhéile Pádraig (vamos, el Día de San Patricio, pero en gaélico).

·Desfile y festival de San Patricio: como no podía ser menos, empezamos por el plato fuerte que es el desfile. A diferencia de otras ciudades, Londres celebra el desfile este Domingo 13 de Marzo, esto es, mañana, y cuatro días antes del día original. ¿Por qué es así? Misterios del ayuntamiento londinense, que además me hacen postear el artículo antes de lo pensado. Pero volviendo a la cabalgata, se prevé comience a las 12 del mediodía en Green Park para recorrer las calles hasta llegar a Trafalgar Square, donde tendrá lugar el festival en sí, con espectáculos y comida típica irlandesa. El año pasado congregó a nada más y nada menos que 100.000 personas, así que, de acompañar el tiempo, puede ser una experiencia bastante entretenida .

Desfile St. Patrick´s day por las calles de Londres

·Banquete medieval en honor a San Patricio:  cerca de la torre de Londres, se encuentra un restaurante llamado The Medieval Banquet, y que se caracteriza por celebrar cenas con espectáculo en un entorno que simula un salón medieval. En esta ocasión, y con motivo de Saint Patrick´s, el restaurante ofrece un menú con platos típicos irlandeses y con cerveza ale y vino ilimitados durante el banquete.

·Tour Camden Town irlandés: la zona de Camden no es solo una zona de compras y puestos de comida, sino que también representa los más de 200 años que la comunidad irlandesa lleva viviendo en la zona. Es por eso que este Domingo 13, se realizará un tour llamado The String Broke y que, durante hora y media, recorrerá los puntos más representativos en la historia de los irlandeses en Camden. El tour comienza a las 10:30 en la estación de Camden (salida Kentish Town) y finaliza en la estación de Chalk Farm.

Además de todo esto, existen multitud de lugares que celebran fiestas por la noche, así como pubs irlandeses que merecen una visita independientemente de que se celebre o no San Patricio. De entre todos ellos cabe destacar:

·Waxy O’Connor’s: aunque ni mucho menos escondido, este lugar merece al menos una visita, y que mejor ocasión que Saint Patrick’s para conocerlo. Este bar irlandés, con franquicias en Glasgow y Manchester, es todo un regalo para la vista, ya que el interior está dominado por una réplica de un árbol gigante que le confiere un aspecto de cuento de hadas. Y para los amantes de la cerveza irlandesa, parada obligatoria pues en sus barras se despachan pintas de Guinness, Caffreys, Murphy´s o Beamish. Como curiosidad, se comenta que el local pertenece al bajista de Queen, algo que no he podido confirmar y que cada vez me suena más a leyenda.

Interior del Waxy O'Connor's

Waxy O’Connor’s
14-16 Rupert Street, Chinatown
W1D 6DD

 

·The Tipperary: hablar del Tipperary es hablar de un pub histórico. Se trata del primer pub irlandés en la historia de la capital, y del primero que sirvió cerveza Guinness en la isla. Con más de 400 años a sus espaldas, y situado en la City (de hecho, ya lo mencioné cuando os hablé de Ye Olde Cheshire Cheese), es uno de los pocos edificios que sobrevivió al Gran Incendio de Londres, ya que estaba construido en piedra. Si miramos al suelo al entrar, podemos ver en una placa de metal la palabra Mooney’s, lo cual nos lleva a sus orígenes, momento en el que el local fue comprado por la destilería irlandesa Mooney&Son. Más tarde el nombre se cambió para así rendir homenaje a los soldados irlandeses que lucharon en la Primera Guerra Mundial y que cantaban la canción “It’s a long way to Tipperary…”

The Tipperary, en el 66 de Fleet Street

The Tipperary
66 Fleet Street, City
EC4Y 1HT

 

·The Porterhouse: taberna irlandesa por excelencia, este lugar es uno de los mejores en Londres para probar cervezas de medio mundo. Además, al pertenecer a una compañía cervecera irlandesa, podremos degustar un abanico de cervezas de producción propia y que, de lo contrario, nos sería imposible encontrar en cualquier otro sitio. Como curiosidad, una de esas cervezas (la Wrassler’s para ser más concretos) se elabora siguiendo una receta con siglos de antigüedad.

Colección de cervezas en The Porterhouse

The Porterhouse

21-22 Maiden Lane

WC2E 7NA

 
 

Aquí he hecho pues, un breve resumen de lo más destacado e interesante que se puede hacer en Londres para celebrar este día, pero hay muchos otros lugares que sintiéndolo mucho, y por motivos de espacio, no puedo nombrar aquí. Pero si ninguno de mis planes os place ¿qué hay mejor que salir a la aventura y ver a donde os llevan vuestros pasos? Suerte en vuestra búsqueda y ¡Feliz San Patricio!

 
 
· Por mi parte, y sin querer dar envidia a nadie, me marcharé unos días a Dublín a ver los festejos en su lugar de origen, pero seguiré posteando regularmente, con nuevas pistas de cómo disfrutar del mejor Londres posible. ¡Un saludo!