¿Vuelve la rutina?¡Llevémosle la contraria!

No hay nada como unos días de descanso. Tras unas más que merecidas vacaciones, que me han llevado por tierras irlandesas (gracias por todo Dani e Ildi) y españolas, y en las que desafortunadamente me he visto obligado a abandonar mi cita con este blog durante unos días, de nuevo me encuentro con el teclado para seguir explorando cada rincón de ésta, la capital de la vieja Albión.

Y en la vuelta a mi rutina, en uno de esos paseos al trabajo, me he dicho: ¿por qué no compartir con todos mi vuelta al día a día? Esto puede sonar raro, pero no os asustéis, que no os voy a contar lo lleno que estaba el metro o las caras que suele poner mi jefe cuando no le gusta lo que ve. No. Lo que pasa es que muchas veces, al realizar el mismo camino un día sí y otro también, terminamos obviando lo que nos rodea e incluso relativizamos su importancia o belleza. Pues no. Hoy vamos a levantar la voz y salirnos del binomio salgo del metro-entro al trabajo, escapándonos del camino trazado.

En mi caso, la rutina se llama Covent Garden y alrededores, un paraíso para aquellos que disfruten rodeados de turistas que no saben a muy bien a donde van (que se lo pregunten al tío que reparte mapas en una esquina de St. Martin’s Lane al grito de: “Anybody lost?!”), los espectáculos callejeros de toda índole (personalmente, me quedo con el tipo que imita tanto en sus gestos como en su atuendo al capitán Jack Sparrow) y sobre todo de una vorágine consumista solo comparable a la que se da en Oxford Street o los grandes centros comerciales (véase Westfield y demás).

Pero este área, que supone el límite oeste del West End, también cuenta con sus pequeños caprichos y secretos, conocidos por muy pocos, pese a estar a la vista de casi todos.

Es el caso de Seven Dials. Por este nombre se conoce a la zona al noroeste de Covent Garden, y que en el fondo no es más que una extensión de la zona comercial, predominando las tiendas de ropa básicamente. Sin embargo, el nombre de Seven Dials, tiene su origen en la pequeña plazuela inclusa en la zona y en donde convergen, efectivamente, siete calles, siendo Upper St. Martin’s Lane y Mercer Street las principales. En el centro mismo, y dominando la glorieta, se yergue un monumento culminado por seis relojes de sol (sundials en inglés). La mayoría de los visitantes desconocen la existencia de los relojes, pero muchos de los habituales desconocen algo más. El caso es que mucha gente se pregunta el porqué del nombre de Seven Dials, cuando en realidad son seis los relojes. La explicación, sin embargo, es bastante simple, ya que el séptimo reloj, es el formado por la columna misma.

Dejando a un lado la rotonda de Seven Dials, y subiendo por Shorts Gardens, a mano izquierda encontramos el pasadizo conocido como Neal’s Yard, y que nos guía hacia un patio interior de lo más pintoresco, con cafeterías new-age y algún que otro negocio de remedios naturales. Mi favorito, sin duda Neal’s Yard Dairy, una tienda de venta de quesos elaborados de manera artesanal, especializándose en aquellos originarios de las Islas Británicas como el Cheddar o el Blue Stilton).

¿Un día gris? Desde luego no en Neal´s Yard

Pero si lo nuestro no es el queso o los remedios de herbolario, también podemos dejarnos llevar por la cuesta abajo que supone St. Martin’s Lane (desde Seven Dials) para torcer a la derecha por West Street. Una veintena de pasos nos llevarán a la entrada del Teatro St. Martin’s. Esto, dicho así, puede no decirnos nada, pero el caso es que el St. Martin´s, a razón de dos funciones diarias, acoge la obra “La ratonera” (“The mousetrap”) de Ágata Christie, y que tiene el honor de ser la pieza teatral de mayor duración en cartel de toda la historia, record que se supera cada día ya que sigue en activo. Tras más de 24.000 funciones, la obra, que se estrenó en el año 1952 (ahí es nada), se encuentra en perfecto estado de forma, sorprendiendo a decenas de espectadores cada día gracias a su inesperado final (que por supuesto no desvelaré aquí, invitando a todo el mundo a que se pase a verla).

The Mousetrap en el St. Martin's, anunciando su 58 aniversario

Como veréis, hay para todos. Relojes de sol, coloridos callejones, una obra cincuentenaria…Todo esto, a parte de las ya consabidas tiendas, restaurantes, pubs y demás, pero que, a fin de cuentas, podemos encontrar en cualquier otra parte de la ciudad. Además, demostrándome a mi mismo que el camino que hago cada día puede ser un poco distinto si me lo propongo. Solo tengo que desviarme un poco del trayecto habitual, y los rincones se presentan solos. Que así sea. Más ahora, que vuelve la rutina.

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