Archivo mensual: abril 2011

Una piedra en el camino

Mira que pueden ser cosas. Pero vayas donde vayas, casi siempre habrá una piedra en tu camino. Y con esto no me refiero a un impedimento en sentido metafórico. No. Me refiero simple y llanamente a las piedras, rocas, guijarros o como las queráis llamar y que se encuentran en nuestra trayectoria allá donde pisemos, allá donde nos dirijamos. A veces, y dependiendo de su tamaño, las sortearemos. Otras, las puntearemos, realizando un gesto aprendido en nuestra niñez, y que algunos (yo incluido) nos resistimos a abandonar. Pero la mayoría de las veces, y como es lógico, las ignoraremos.

Sin embargo, estos pequeños (a veces) fragmentos, han sido seguramente testigos de excepción de acontecimientos históricos que nosotros solo podríamos soñar con presenciar. Y si no preguntadle a cualquier geólogo, quien os dividirá estas rocas en sedimentarias, metamórficas y magmáticas y os dirá que para su formación es necesario un proceso de miles o incluso millones de años.

Pero sin querer aburrir a nadie (y sin querer decir que la geología es aburrida, ¿verdad?), vuelvo a nuestra querida capital del Reino (Unido), para repasar algunas rocas que se han cruzado en mi camino y en el de muchos otros, pero que han pasado a la historia porque, a diferencia de sus anónimas hermanas, éstas han sido reconocidas y se les ha dado una importancia, haciéndolas perdurar en la memoria y calles londinenses. Aun así con todo, me pregunto cuánta gente se las cruzará cada día y ni se percatará de que están allí. Y es que, a fin de cuentas ¿Qué hay más insignificante que una piedra?

 ·Hitos kilométricos y centenarios en Regent’s Park: Los miliarios o mojones colocados en carreteras y caminos para señalar las distancias recorridas con respecto a un punto en concreto, son y han sido elementos muy útiles a lo largo de la historia, usándose a día en calzadas de todo el mundo. De aquellos que se instalaron en el pasado, algunos sobreviven en pistas forestales o en calzadas no muy frecuentadas. Es por eso que estos que aquí os muestro suponen una excepción. Se encuentran uno al lado del otro en Regent’s Park y fueron colocados en el siglo XIX para separar y delimitar los territorios de la Reina Victoria y del Príncipe regente Jorge IV.

Las dos "Milestones" en Regent's Park

·Una piedra que vino de lejos: a principios del siglo XVIII, Mahomet Weyonomon, jefe indio de la tribu de los Mohegan, viajó hasta Londres con la intención de reunirse con el rey, Jorge II, y así poder reclamar la devolución de las tierras que el ejercito inglés se había expropiado. Contra todo pronostico, Mahomet falleció en Londres a causa de la viruela y no pudo completar su misión. Dado que por aquel entonces ningún extranjero podía ser enterrado en la ciudad, se trasladó el cuerpo al sur de la misma para, una vez allí, y ya fuera de sus límites, darle sepultura. El lugar escogido fue el que hoy ocupa la catedral de Southwark. La piedra que muestro más abajo, es un auténtica piedra Mohegan, tallada por ellos mismos y trasladada a Londres en el año 2006, y que fue colocada en el mismo lugar donde Mahomet fue enterrado, rindiéndole así un merecido homenaje.

La piedra Mohegan, en la catedral de Southwark

 ·Una lápida muy peculiar: Si caminamos desde Trafalgar Square en dirección suroeste, nos encontramos con una calle bastante amplia y con nombre de tabaco, Pall Mall. Si caminamos no más de 5 minutos y cogemos la primera calle a mano izquierda llegaremos a un lugar llamado Waterloo Place, compuesto por dos calles de corto recorrido, delimitadas por una mediana. Justo al final de la de la derecha, y entre la estatua del Duque de York y un aparcamiento subterráneo, se encuentra un árbol que a simple vista no parece tener nada de especial. Pero si nos fijamos bien, cerca de la base podemos distinguir una lápida de pequeño tamaño, con una frase escrita en alemán. Esta tumba corresponde ni más ni menos que a “Giro”, el perro del embajador germano durante los años 30, los años del III Reich. Dado que estos terrenos pertenecieron en su día a la embajada teutona, la mascota fue enterrada allí, y el ayuntamiento de Londres, al reformar la plaza, decidió respetar la tumba y dejarla en su lugar original.

"Para Giro, un verdadero compañero"

 ·Peldaños de otra época: y ya que nos encontramos en Waterloo Place, ¿por qué no volver sobre nuestros propios pasos para observar un buen ejemplo de piedras obviadas por todo el mundo? Se encuentran exactamente a unos 50 metros enfrente de la tumba de “Giro”, volviendo de vuelta a Pall Mall. Estas dos piedras una encima de la otra y sin significado aparente, eran más populares de lo que pensamos hace no demasiado tiempo, y se usaban como ayuda para la monta de los jinetes dado que el caballo era el principal medio de transporte. En este caso tienen incluso más significado histórico ya que eran las que usaba el Duque de Wellington cada vez que se acercaba por el Athenaeum Club, que se encuentra justo detrás, y que fueron instaladas en exclusiva para él, como reza una placa en el lateral de las piedras.

Los peldaños del Duque de Wellington

 ·Una entre millones: para terminar, vamos a hablar de la piedra de piedras, de la más importante sin duda en la ciudad de Londres. Y es curioso, porque no se sabe a ciencia cierta el por qué esta piedra es tan especial. Se trata de la conocida como Piedra de Londres (así, sin florituras), y nadie ha sabido demostrar su importancia, pero la tiene. Se cree, se piensa (pero no se sabe), que fue la piedra que los Romanos usaron como referencia para medir todas las distancias en Inglaterra. Otros, por ejemplo, dicen que es la piedra de la que el Rey Arturo extrajo Excalibur, y los hay que creen que fue traída desde remotas costas por Brutus de Troya, el primer rey de Inglaterra. Sea como fuere está claro que la piedra ha tenido y tiene mucho significado para los londinenses. Escritores como Dickens, Shakespeare o William Blake hablaban en sus escritos sobre la ella y, desde el año 72, está considerada como construcción de grado II, una clasificación para los edificios y construcciones en Inglaterra según su importancia histórica. Para cualquiera que la quiera ver, se encuentra en el 111 de Cannon Street, bien protegida dentro de una jaula a los pies de un edificio.

Vista de la "London Stone" desde el interior del edificio que la acoge

Londres y la moda: cómo empezó todo

Que Londres es una ciudad a la última en lo que a tendencias se refiere nadie lo discute. Junto con París, Nueva York o Milán, la capital de Inglaterra está reconocida como una referencia mundial de la moda. Y no solo eso. Porque cuando se habla de tendencias, el término engloba bastante más, refiriéndose así mismo a la música, el arte, y en general a cualquier otra disciplina o campo que se muestre en continua evolución.

Y como todo en esta vida, Londres ha tenido sus altibajos, llevando la voz cantante y siendo el referente a veces, o mostrándose un poco a verlas venir en otras ocasiones.

Por eso hoy quiero fijarme en la que podríamos denominar como la edad de oro de la capital, el conocido como “Swinging London” (que se traduciría por algo así como “el vibrante Londres”), y que comenzó a principios de los años 60.

Hasta aquel entonces, las capitales mundiales de la moda habían sido, París primero, y Nueva York después, ya que el estallido de la Segunda Guerra Mundial provocó que los creadores parisinos abandonaran el país, siendo la Gran Manzana su lugar de acogida.

Tras la guerra, el pesimismo reinaba en la mayor parte del continente europeo, y las islas británicas no eran una excepción. Sin embargo, algo se empezaba a desarrollar en las entrañas de Inglaterra, ya que como casi siempre, los jóvenes (impulsivos y llenos de ambición), aquellos nacidos durante la guerra (entre los años 1939 y 1945), decidieron dar un paso adelante y demostrar que su generación no iba dejarse llevar por el depresivo ambiente que les rodeaba.

Fue así como dio comienzo lo que los americanos llamaron “Invasión Británica”, una explosión musical procedente de las islas y que tuvo como protagonistas a muchas de las mejores bandas de la historia: Los Beatles, The Rolling Stones, The Who, The Kinks y muchas otras, que se llevaron de un plumazo las nubes negras del horizonte inglés y supusieron el pistoletazo de salida para lo que se conoció como “Swinging Sixties” y de manera más local “Swinging London”.

Tanto la denominación de “Swinging Sixties” como la de “Swinging London”, surgieron a raíz de la creación de una emisora de radio pirata, conocida como Swinging Radio England, y que emitía de forma fraudulenta desde el Mar del Norte.

Todo este panorama musical tan arrollador, trajo consigo una revolución cultural que afectó a todos los estratos artísticos y sociales, con la londinense calle de Carnaby Street como epicentro. Fue aquí donde empezaron a florecer, desde mediados de los 60, numerosas salas de conciertos y tiendas de ropa que atrajeron tanto a músicos como a diseñadores, así como a mods y hippies de todo el continente.

Una de las más reconocidas, y seguramente más icónicas diseñadoras, considerada el máximo referente de aquel Swinging London de Carnaby Street y que tuvo un papel clave en el desarrollo de la cultura mod, fue la diseñadora Mary Quant (con su mundialmente conocida creación: la minifalda), quién regentó una tienda en la calle. Otra de las habituales por las boutiques de Carnaby Street, e icono de la moda en los 60, fue la modelo Twiggy, también conocida como la “Reina del mod”. Por aquella época, Twiggy, junto con otras populares modelos, se dejaba ver por las páginas de Queen, el magazín trendy por excelencia.

Imagen sacada de la revista "Queen" y que muestra a Twiggy con un diseño de Mary Quant

Así mismo, la apertura de varias salas de conciertos acercó a Carnaby Streer a muchas de las estrellas del momento. Tal es el caso de Marquee Club, un legendario local donde, por ejemplo, los Rolling Stones ofrecieron su primer concierto.

Placa conmemorando la actuación del batería de The Who, Keith Moon, en el ya desaparecido Marquee

Otros símbolos asociados a este movimiento, fueron el Mini-Cooper o la Union Jack, la bandera del Reino Unido y que se convirtió en un referente para diseñadores, músicos y artistas que no dudaban en mostrarla orgullosos tanto en sus creaciones como en conciertos. Una especie de sentimiento patriótico que se vio reforzado por la conquista, por parte de la selección inglesa, del Mundial de Fútbol del 66.

No obstante, y como todas las modas, pasajeras, Carnaby Street tuvo su ocaso. Éste, coincidió con el cambio de década, y parecía llevarse consigo el espíritu del Swinging London.

Sin embargo, lejos de allí, otra calle estaba dispuesta a tomar el testigo. Se trataba de King’s Road, donde, y como sucedió años antes en Carnaby Street, la gente del mundo de la moda decidió reunirse y abrir varios locales donde exponer y vender sus creaciones. De hecho la mismísima Mary Quant contó con su propia tienda en el año 58, pero ante la pujanza de Carnaby Street decidió mudarse.

El primer local y pionero en esta localización, fue Granny takes a trip, considerada también la primera tienda de moda psicodélica de Londres, algo más acorde con los nuevos sonidos que trajo consigo la década de los 70. Siguieron sus pasos muchas otras como Mr. Freedom o Alkasura.

Psicodelia pura: Granny takes a trip

Aunque sin duda el mayor exponente de la moda en King’s Road fue la boutique de Malcolm McLaren y Vivienne Westwood, llamada Let it Rock primero y SEX después.

Rápidamente, y tras su inauguración en 1971 (aunque con el nombre de SEX desde 1974), la tienda se convirtió en centro de peregrinación tanto para los nuevos artistas que surgían en la ciudad (David Bowie, Sex Pistols…) como para aquellos que venían del otro lado del Atlántico y que traían consigo las “semillas” de aquello que con el tiempo germinó y se desarrolló dando lugar al movimiento punk (New York Dolls, Iggy Pop,…). Con el tiempo SEX, pasó a considerarse todo un símbolo de aquella contracultura y que definió el vestir de toda una generación de artistas punk, convirtiendo a su diseñadora, Vivienne Westwood, en toda una abanderada de este movimiento. No en vano no hay que olvidar que su compañero McLaren fue representante de los New York Dolls, para más tarde serlo de los Sex Pistols.

Entrada a SEX

Estos fueron sin duda los mejores años de King’s Road, pero la súbita muerte del fenómeno punk a principios de los 80, se los llevó consigo. Esto significó así mismo, el fin del Swinging London iniciado hace 20 años en Carnaby Street, y que colocó a la ciudad a la vanguardia de la moda y música mundiales.

Esta historia, nos muestra como la ciudad de Londres irrumpió en el panorama mundial, demostrando ser un referente cuando se habla de tendencias. A día de hoy, la ciudad, vibrante y dinámica, se muestra como un crisol de estilos, vanguardias y, en general, de formas de ver la vida de lo más variopintas. Todo ello, gracias en parte a la multitud de nacionalidades que en ella cohabitan y que hacen que la ciudad se mantenga firme como uno de los puntales de la moda en el planeta.

Festival of Britain: 60 aniversario

Por poco no ha caído el record de temperatura máxima registrada en un mes de Abril en la ciudad de Londres. Y es que durante la jornada de ayer, el aeropuerto de Heathrow, así como otras zonas del sureste inglés registraron valores muy cercanos a los 28ºC, temperatura que, aunque bastante elevada para la fecha, no se acercó lo suficiente a la sufrida por los londinenses allá por 1949, cuando en los alrededores de Camden se midieron 29,5ºC.

Con todo esto, y sumado a que estamos en el fin de semana de St. George’s Day, día del patrón de Inglaterra que se celebró ayer, y de Pascua, que se celebra hoy, los parques, terrazas, y en general, cualquier espacio al aire libre, estaban hasta el palo de la bandera. Bikinis, bermudas, gafas de sol, cervezas, refrescos, frisbees, y demás elementos distintivos de lo que podríamos llamar: “Un día en el parque”.

Es por eso, por este buen sino meteorológico, que la actividad que hoy voy a proponer puede resultar atractiva a más de uno.

Se trata del Festival of Britain, que comenzó el pasado Viernes 22 de Abril y se mantendrá activo hasta el próximo 4 de Septiembre, con actividades de toda índole cultural y que se llevarán a cabo en su mayoría al aire libre. Con él, se conmemora el 60 aniversario de la inauguración del Festival of Britain original, y que tuvo lugar en 1951.

Cartel del Festival de 1951

Aquel festival fue una manera de estimular al pueblo inglés en los años que siguieron al fin de la Segunda Guerra Mundial, tras la pérdidas que conllevó la misma, y la larga reconstrucción que aguardaba. Aunque en principio pensado para la ciudad de Londres, por aquel entonces se creó una pequeña exposición itinerante que recorrió las principales ciudades del país. ¿El resultado? Más de 10 millones de personas (una quinta parte de la población) visitó las exposiciones tanto en la delegación londinense como en las muchas esparcidas por el resto del territorio.

En esta ocasión, y a imagen y semejanza de la celebrada en el año 51, esta feria tiene lugar en Southbank, en lo que a día de hoy es un gran complejo conocido como Southbank Centre. Aquí se desarrollarán las distintas exposiciones, performances, charlas, mercadillos, conciertos, fines de semana temáticos y demás actividades que llenaran la agenda de todos los días y noches hasta el 4 de Septiembre.

Para las actividades al aire libre, se han dispuesto 4 carpas denominadas: People of Britain, Land of Britain, Sea and Ships y Power and Production. Una de las actividades gratuitas que seguramente atraerá a decenas, especialmente en días calurosos como el que nos ocupa, es la que se llevará a cabo precisamente en Sea and Ships. Se trata de la llamada South Bank Beach, una playa natural en una de las orillas del Támesis, y que será acondicionada para la ocasión con la instalación de chiringuitos y demás parafernalia más propia de la costa levantina que de la capital inglesa.

Aparte de la playa, algunas de las actividades más destacadas serán: la posibilidad de disfrutar de una cata de vinos dirigida por Heston Blumenthal, chef y propietario de The Fat Duck, considerado mejor restaurante del Reino Unido y galardonado con tres estrellas Michelín; un festival de arte y moda vintage realizado por los diseñadores Wayne y Gerardine Hemingway; la actuación del que fuera líder de The Kinks, Ray Davies; o un gran fin de semana temático dentro de una semana con motivo del enlace entre el príncipe Guillermo y Kate Middleton.

Mucho arte, mucha comida y en definitiva mucha diversión al aire libre la que espera, no solo a los londinenses, sino a cualquiera que se pase por la ciudad durante los próximos 4 meses. Esperemos también, que, como estos últimos días, el tiempo acompañe.

 Más información:

http://ticketing.southbankcentre.co.uk/visitor-info/festival-of-britain

The Clink: Una auténtica prisión medieval

La ciudad de Londres cuenta con ocho prisiones, todas ellas administradas por el HMPS (Her Majesty’s Prison Service) y que alojan a algo más de 7000 reclusos, cifra que se muestra al alza especialmente durante la última década. De entre todos los centros podemos destacar la prisión de Wandsworth, la más grande de todas (con una capacidad cercana a 1700), y que desde su inauguración en 1851, ha dado cobijo a personalidades tan dispares como Oscar Wilde o Pete Doherty.

Es curioso sin embargo observar que, mientras el número de cárceles en Londres no ha variado ni un ápice a lo largo de su historia, ocho en total, lo que sí ha cambiado han sido los nombres y localización de las mismas. Vamos, que en el siglo XXI Londres cuenta con el mismo número de penitenciarias que en el XIII, pero todas las relativas a aquel periodo, o bien se han demolido (como es el caso de la prisión de Fleet), o bien se han convertido en museos o galerías para el disfrute de turistas y visitantes (el mejor ejemplo, la Torre de Londres).

Por eso hoy, quiero viajar hasta Southwark, un distrito al sur del Támesis, y que antaño era conocido por la gran cantidad de actividades al margen de la ley que en él se llevaban a cabo. Sin embargo, lo más destacable (y temido) por aquel entonces en Southwark, no era la elevada tasa de criminalidad, sino una de las peores prisiones que ha conocido la Edad Media londinense: The Clink.

The Clink fue fundada allá por el siglo XII, y se mantuvo activa hasta el año 1780, siendo durante ese periodo una de las más notables en la ciudad de Londres. El nombre de The Clink, que por cierto da nombre a todas las prisiones del mundo a día de hoy en inglés (la traducción sería algo así como el trullo o la trena), proviene del sonido que producían las cadenas de los reclusos al golpearse contra el suelo según caminaban.

Placa colocada en honor a The Clink

Curiosa y paradójicamente, este calabozo se encontraba en una zona de Southwark conocida como The Liberty of The Clink, aunque en este caso el nombre de Liberty no hace alusión a la cárcel sino al hecho de que dicha zona se encontrase bajo el gobierno del Obispo de Winchester, por lo que estaba fuera de la jurisdicción londinense.

The Liberty of the Clink se convirtió pues, y con el paso de los años, en un oscuro agujero donde la prostitución (famoso era el cementerio de prostitutas llamado Cross Bones, y que a día de hoy se encuentra en la calle de RedCross Way), las peleas de animales y cualquier otra actividad delictiva (incluidas las representaciones teatrales, no olvidemos que eran otros tiempos) campaban a sus anchas.

Y muchos de los protagonistas de estas acciones, fueron a dar con sus huesos a The Clink, algo que, os puedo asegurar, no hubierais deseado ni al peor de vuestros enemigos.

Pintura mostrando el interior de The Clink

Aquí, a los hombres se les demacraba y descuartizaba, mientras que las mujeres morían normalmente ahogadas o incineradas en una estaca. Aunque sin duda una de los artilugios más conocidos de aquella época era el conocido como Scold’s Bridle.

El Scold´s Bridle era una especie de máscara de hierro, con un apéndice de unos 5 centímetros y tachonado en su extremo por numerosos clavos. Al colocarse en la cara, dicho apéndice se introducía en la boca del individuo presionando la lengua contra el paladar haciendo imposible el proyectar ningún tipo de palabra. Este castigo se infligía normalmente a las mujeres que se consideraba, hablaban demasiado.

Scold's Bridle

Por suerte para los ingleses e inglesas, estos castigos hace ya tiempo que desaparecieron de su territorio, a la par que las penitenciarias que los llevaban a cabo. Aunque como ya he dicho unas líneas más arriba, algunas se preservaron y, con el tiempo, transformaron en museos.

Es el caso de The Clink, habiéndose convertido en una galería donde se recrean las torturas y condiciones sufridas por los internos de aquella época, y que se puede visitar a diario en su emplazamiento original. De hecho, todavía se conservan algunos de los elementos de la antigua prisión, como puede ser lo que fue el Great Hall con su famosa vidriera. Sin duda una visita que nos transportará al Londres más macabro, al de la Alta Edad Media, y que puede ser una alternativa o complemento perfecto a la que sin duda realizareis o habréis realizado a la Torre de Londres. Además demostrando, una vez más, que hay muchas cosas que hacer fuera de los circuitos habituales.

 Para más información:

 http://www.clink.co.uk/

Paseando por Holborn ¡acabé en Cambridgeshire!

Menudo título ¿eh?. Las mentes más enrevesadas estarán pensando que he sido víctima de algún tipo de abducción marciana; las más realistas sin embargo, creerán que más bien se me fue la mano con las pints, y ya se sabe, una cosa lleva a la otra y acabas en Cambridgeshire, un condado a unos 150 kilómetros al norte de Londres.

Pues no, ni una cosa ni la otra. De hecho os aseguro que me encontraba en perfectas condiciones de lucidez y no lo he soñado. Pero como todo en esta vida, esto también tiene una explicación.

Todo empieza en los alrededores de Holborn Circus, una glorieta en mitad de la City, desde donde se puede acceder a Fleet Street si nos dirigimos hacia el sur, Chancery Lane, si optamos por ir al oeste, o a Farringdon si caminamos hacia el norte. Bien, pues justo en el flanco izquierdo de una de las calles que salen de la glorieta (Charterhouse Street), nos encontramos con un pequeño cul-de-sac (callejón sin salida) llamado Ely Place. Y por pequeño que nos parezca, este lugar tiene tan dilatada historia, que sin duda contrasta con sus dimensiones.

Entrada a Ely Place

Hay que remontarse a finales del siglo XIII para encontrar los primeros registros de la existencia de Ely Place. Fue entonces cuando John de Kirkeby, Obispo de Ely en aquellos días, heredó una casa en el lugar e hizo de ésta su residencia como obispo. Esto hizo que la vivienda pasara de mano en mano y de generación en generación, perteneciendo así a todos los Obispos de Ely que sucedieron a John de Kirkeby.

Todo esto no tendría mucha importancia (excepto la importancia histórica, se entiende) salvo por un detalle. Y éste es que por aquel entonces, el Obispado de Ely era también el que se hacía cargo del condado (que entonces no lo era) de Cambridgeshire. Por lo tanto, y al trasladar su residencia los obispos a la City londinense, el pequeño callejón que es hoy Ely Place pasó a formar parte de su jurisdicción. Y así ha sido hasta nuestros días.

No obstante, a partir de los años 70, el distrito de Camden reclamó la propiedad de los terrenos, ya que era ridículo ver como, por ejemplo, los delincuentes se refugiaban en el callejón ante la frustrada mirada de la policía londinense, que lo único que podía hacer era bloquear la salida y llamar a sus colegas de Cambridgeshire para que les echaran una mano.

Con todo esto, alguien dirá (y con razón): “Tu no acabaste en Cambridgeshire, llegaste unos 30 años tarde, ya que ahora es parte de Londres”. Bien, es cierto. Pero la verdad es que para todos los románticos londinenses, este lugar sigue siendo parte de otro condado, y de hecho, según un artículo publicado en el Independent hace un par de años, si uno envía una carta a la dirección  1, Ely Court, Holborn Circus, y escribe a continuación Cambridgeshire en lugar de London, la carta llegará perfectamente. O por ejemplo, y si alguno se pasea por la zona, le invito a que compruebe las señales que hay en la calle. Curiosamente, debajo de Ely Place, y donde debería de decir EC1 (correspondiente al distrito postal en Londres), no dice nada. ¿Por qué será?

De todas formas, y llegados a este punto, éste no es ni mucho menos el único aliciente de visitar Ely Place. Por ejemplo, aquí se encuentra la iglesia católica más antigua de toda Inglaterra, St. Etheldreda’s Church, construida en 1291. Y por supuesto, no se me ocurriría obviar uno de los lugares, a mi parecer, con más encanto de la capital : Ye Olde Mitre Tavern.

Interior de St. Etheldredas Church

Este pub, posiblemente el más escondido de toda la ciudad, se encuentra encajado en un recoveco de Ely Place, aunque el acceso al mismo se realiza a través de Hatton Gardens (esta calle se llamó así en honor a los jardines que el Obispado de Ely poseía en estos terrenos siglos atrás). Para localizar la entrada, buscad una lámpara que se distingue claramente de cualquier otra y además está coronada por un sombrero de obispo. Allí encontrareis una flecha que apunta directamente al oscuro callejón que nos lleva a la taberna. Aunque para ahorraros tiempo, os diré que el acceso se encuentra entre los números 8 y 9. Sin duda una visita que no os dejará indiferentes, y, de gustaros verdaderamente el pub y su cerveza, ¿quién sabe? Estando (y bebiendo) el tiempo suficiente, quizá vosotros también acabéis en Cambridgeshire. O en cualquier otro sitio.

London Incognito recomienda un consumo responsable.

Ye Olde Mitre Tavern


Londinenses de pura cepa

Si alguien ha visto alguna vez la película Lock, Stock and Two Smoking Barrels en su versión original, habrá quedado sorprendido al ver a dos de los protagonistas mantener una conversación en un bar, hablando algo que, si bien puede parecer inglés, se asemeja más a un tipo de jerga y, si lo entendemos, es gracias a los subtítulos que Guy Ritchie acertó a poner en la pantalla. Si alguien quiere echarle un ojo, aquí os dejo el link. Pues bien, lo que estos dos personajes hablan en la película no es sino un argot conocido como cockney, y que, efectivamente, es de lo que quiero hablar hoy.

Pero empecemos por el principio. Porque ciertamente, cockney es el término más apropiado para definir esta jerga, pero la historia del vocablo es bastante más amplia.

De hecho, la definición de cockney es la de aquel individuo nacido en cualquier lugar de Londres desde donde se puedan escuchar las campanadas de la iglesia de St. Mary-le-Bow, situada entre las estaciones de Bank y St. Paul’s. Esta condición, incluye por lo general a casi todos los distritos del denominado como East End londinense (Bethnal Green, Whitechapel, Spitalfields, Stepney, Wapping, Limehouse, Poplar, Clerkenwell, Aldgate, Shoreditch, Millwall, Hackney, Hoxton, Bow y Mile End). El término como tal, se usó por primera vez en una novela de Samuel Rowlands publicada en el año 1600, aunque existen registros que datan del siglo XIV (aunque entonces no se le asociaba ninguna característica y simplemente se mencionaba la palabra cockney).

La iglesia de St. Mary-le-Bow

Así mismo, y por extensión, se denomina cockney, a todo lo relacionado con estas personas, siendo lo más destacable su característico acento, y una manera muy particular de expresarse, dando lugar a la conocida como  Cockney rhyming slang o Jerga rimada Cockney. Con el paso del tiempo, la jerga y acento cockneys se han popularizado de tal manera, que se les considera una de las señas de identidad londinenses por excelencia.

¿Pero por qué y cómo se desarrolló este slang? Según se cree, este argot proviene del usado por los costermongers (vendedores callejeros de frutas y verduras) para comunicarse entre ellos sin ser entendidos por los clientes. Estos mismos tenderos, son los que darían origen a los actuales Pearlies, de los que hablaré en otro post, y que se cuentan entre los personajes más pintorescos de la ciudad, llevando la cultura cockney por bandera.

Varios Pearlies, con sus llamativos trajes

Otras teorías, sin embargo, apuntan a que los orígenes del cockney como lenguaje podrían estar en el argot callejero usado por los criminales del East End siglos atrás (recordemos que ésta es una de las zonas de pasado más oscuro de la ciudad, con los crímenes de Jack el Destripador a la cabeza).

Entre las principales características de pronunciación del cockney, hay que destacar la llamada oclusiva glotal , y que consiste en omitir una consonante interrumpiendo el flujo pulmonar. En el caso del cockney esto se realiza especialmente sobre las “t” que de lo contrario suelen ser bastante marcadas según la pronunciación británica. Otros rasgos característicos del cockney son la doble negación y la ya mencionada Jerga rimada Cockney (así, por ejemplo, telephone sería dog and bone o pub, rub-a-dub).

Sin embargo, en los últimos años y de forma paralela, se han ido desarrollando otros dialectos en la misma zona de Londres, que a la postre han desplazado al cockney como habla de su zona original. El mejor ejemplo es sin duda el Jafaican, fruto de la mezcla de jergas de los inmigrantes africanos y caribeños. Aunque este fenómeno apenas cuenta con un puñado de años de vida en comparación con la historia del cockney.

Y para demostrar la extensión y popularidad del cockney, aquí van unos ejemplos de su uso en la cultura popular:

 ·Los protagonistas de la Naranja Mecánica (Alex y compañía) están basados en jóvenes cockney, con su jerga particular (aunque en el caso de estos su dialecto se conoce como Nadsat, una mezcla entre inglés y ruso)

 ·Eliza Doolittle, la protagonista del musical “My Fair Lady” y de la novela “Pygmalion”, en la que se basa, es una joven de origen cockney.

 ·Bert, el hombre orquesta de Mary Poppins, es un habitante propio del East End.

 ·Basher, de la saga Ocean’s Eleven, es otro claro ejemplo de cómo se expresa un cockney.

 ·Cualquier película de Guy Ritchie es un buen ejemplo del Londres más profundo.

 ·E incluso los Orcos que protegen Mordor, en la trilogía de El Señor de los Anillos hablan con este acento tan londinense.

 Igualmente, estos serían algunos de los cockneys más famosos a la vez que orgullosos de serlo:

 ·Michael Caine: este reputado actor de Hollywood protagonista de películas como “The Italian Job” o “El caballero oscuro”, nació hace 78 años en Rotherhithe, y es uno de los cockneys más populares del planeta.

Michael Caine junto a Christian Bale, en un fotograma de "El caballero oscuro"

·Charlie Chaplin: otro conocido cockney, este histórico humorista dio sus primeros pasos en Walworth.

 ·Sid Vicious: también hay varios músicos en esta lista, como por ejemplo el polémico bajista de los Sex Pistols, nacido en Hackney.

"There is no future". El icónico Sid Vicious

·Steve Harris: otro bajista, en este caso del grupo Iron Maiden, originario de Leytonstone.

 ·Dizzee Rascal: el rapero londinense es otro abanderado de la cultura cockney, como demuestran muchos de sus temas.

 Desde luego la lista es interminable, pero lo que está claro, es que los cockneys forman parte inexcusable de la ciudad. Considerados los londinenses más auténticos por definición, han contribuido a lo largo de su historia al desarrollo de la urbe, exportando su nombre y habiéndole proporcionado un carácter y un estilo que son reconocidos en todo el mundo.

Trabajos con solera

Con esto de la crisis, mucha gente, especialmente los jóvenes españoles, ha optado por abandonar sus paises de origen para, y ante la escasez de puestos de trabajo, intentar encontrar algo mejor en el extranjero a la espera de que lleguen tiempos mejores. Opción que además tiene el aliciente de aprender o mejorar una lengua distinta a la materna, con lo que de no encontrar un empleo en condiciones, al menos no te vuelves a casa con las manos vacías.

Dada la cercanía, su pertenencia a la Unión Europea, lo atractivo de una gran ciudad y sobre todo, que el que más y el que menos lo que quiere mejorar es el inglés y algo recuerda de su paso por el instituto, Londres es una opción ya no predominante, sino “descarada”.

Además, dada la continua llegada de españoles a la capital, casi todo el mundo conoce a alguien viviendo aquí, y eso siempre ayuda a la hora de establecerse y encontrar un empleo. Eso sí, la experiencia muchas veces puede ser más que decepcionante, no tanto por el tipo de trabajo (todo, o casi todo el mundo está dispuesto a trabajar de “lo que sea”, y además forma parte de la experiencia) sino por cómo tu nivel de inglés evoluciona. Tanto es así, que a la que te descuides es posible que no evolucione nada. Y es que Londres es con mucho la ciudad menos indicada si lo que se quiere es mejorar el inglés, ya que, debido a la cantidad de nacionalidades que aquí residen, nos será difícil involucrarnos en un ambiente puramente británico, y lo más seguro es que compartamos casa con un francés, un australiano o un japonés y trabajemos codo con codo junto a polacos, rusos o pakistaníes (todo esto dicho al azar por supuesto, podrían ser docenas de nacionalidades).

Para todos aquellos que se sobrepongan al multiculturalismo y hagan despegar su dominio de la lengua de Shakespeare, un abanico muchísimo más amplio de ofertas de trabajo se desplegará ante sus ojos. Aunque hoy no nos vamos a fijar en este tipo de empleos, por todos ya conocidos, sino en otros mucho más curiosos y que podríamos decir son “autóctonos” de la ciudad de Londres. Algunos de ellos se realizan desde hace siglos, y otros traen consigo historias curiosas de verdad. Y si no, ya veréis.

 ·Los BeadlesAunque lo parezca, no se trata de un error tipográfico, y esta gente nada tiene que ver con el famoso cuarteto de Liverpool. Empiezo por éste dado lo tradicional de sus raíces, pero como más tarde comprobaréis, no es ni mucho menos el más curioso.Básicamente, los Beadles (cuyo significado sería algo así como “bedel”) son los encargados de vigilar Burlington Arcade, una galería comercial al lado de la calle Piccadilly. Allí, los Beadles se encargan de hacer cumplir las mismas normas desde hace 200 años, algunas de ellas de lo más curiosas como por ejemplo la prohibición de abrir un paraguas, cantar o transportar paquetes de grandes dimensiones.

Un par de Beadles en la entrada a Burlington Arcade

 ·El controlador de cisnes de la Reina: Sí, esto puede sonar ridículo, pero ya os he dicho que os encontraríais con historias auténticas. Intentaré explicar ésta que nos ocupa de la mejor manera posible. Para que os hagáis una idea, los cisnes en el Reino Unido son propiedad de la Reina. Como habéis oído. No se sabe si es una ley del pasado sin sentido, o si acaso se trata de una manera de proteger a uno de los animales más espléndidos de las islas pero el caso es que es así. El hecho es que hace unos 500 años, el rey Eduardo IV, necesitado de dinero, recurrió a los empresarios Dyers & Vintners. Estos le prestaron el dinero a cambio de unos cisnes que vivían en el Támesis. Una vez marcados para así diferenciarlos, todos quedaron contentos, hasta que se dieron cuenta de que esos cisnes pondrían huevos y entonces ya nadie sabría de quién es qué cisne. Por lo tanto y desde entonces, una vez al año, este individuo (el controlador de cisnes) se dedica, junto a su séquito, a recorrer el río marcando a las crías de los ejemplares previamente marcados. En definitiva, algo que yo, personalmente pienso, (y creo que muchos estarán conmigo) se podrían ahorrar dando a los dichosos Dyers & Vintners el dinero equivalente a los cisnes, ¿no es así? Estos ingleses…

David Barber, el "Swan Marker" actual

 ·El músico callejero de Fortnum and Mason: en una gran ciudad, músicos callejeros los hay a patadas. Pero en este caso, se trata de uno muy especial. Para empezar, Joe Newman, pues así es como se llama, es el músico callejero más anciano del mundo. Y segundo, no es un cualquiera, ya que este señor, condecorado con la Orden de Mérito Británica en 2001, lleva muchos años tocando la harmónica en frente de dicho establecimiento, no solo alentado por el personal de la tienda, sino, y a diferencia del resto de músicos de la calle, por la propia policía que patrulla la zona, que además fue quién le propuso para su nombramiento. El señor Newman toca para recaudar fondos destinados a distintas asociaciones de excombatientes ya que el mismo fue un paracaidista durante el desembarco de Normandía.

Joseph Newman, dándose un descanso

 ·Lord of the Manor of Worksop: este kilométrico título nobiliario no tendría nada de especial de no ser por la historia que viene a continuación. Resulta que este Lord, es históricamente el encargado de acompañar al futuro monarca de Inglaterra mientras sujeta el bastón de mando el día de su coronación, a la vez que le cede un par de guantes de color blanco. Este gesto, que todos pensaríamos sería llevado a cabo por alguien de la aristocracia, será sin embargo realizado, en la próxima ceremonia, por un transportista retirado de nombre John Hunt. ¿La razón? Pues simplemente que tras siglos de cambio de manos, el título fue a parar a finales del siglo pasado a una empresa privada, quién decidió sacarlo a subasta. Entonces llegó nuestro protagonista y, tras desembolso de 40.000 ₤, se llevó a casa un legado de siglos. Y con él, un lugar preferente el día de la coronación.

 Como veis, no iba de farol cuando os decía que algunos trabajos u ocupaciones tenían historias de lo más curiosas. Habrá incluso a quién todo esto le suene a cuento chino, pero os aseguro que es cierto como la vida misma. Por problemas de espacio, ya que no soy partidario de posts demasiado largos, me he dejado en el tintero algún otro como podría ser el Ravenmaster de la Torre de Londres, pero prometo volver sobre ellos en un futuro. Por lo demás os deseo a todos y todas un feliz fin de semana.