Una piedra en el camino

Mira que pueden ser cosas. Pero vayas donde vayas, casi siempre habrá una piedra en tu camino. Y con esto no me refiero a un impedimento en sentido metafórico. No. Me refiero simple y llanamente a las piedras, rocas, guijarros o como las queráis llamar y que se encuentran en nuestra trayectoria allá donde pisemos, allá donde nos dirijamos. A veces, y dependiendo de su tamaño, las sortearemos. Otras, las puntearemos, realizando un gesto aprendido en nuestra niñez, y que algunos (yo incluido) nos resistimos a abandonar. Pero la mayoría de las veces, y como es lógico, las ignoraremos.

Sin embargo, estos pequeños (a veces) fragmentos, han sido seguramente testigos de excepción de acontecimientos históricos que nosotros solo podríamos soñar con presenciar. Y si no preguntadle a cualquier geólogo, quien os dividirá estas rocas en sedimentarias, metamórficas y magmáticas y os dirá que para su formación es necesario un proceso de miles o incluso millones de años.

Pero sin querer aburrir a nadie (y sin querer decir que la geología es aburrida, ¿verdad?), vuelvo a nuestra querida capital del Reino (Unido), para repasar algunas rocas que se han cruzado en mi camino y en el de muchos otros, pero que han pasado a la historia porque, a diferencia de sus anónimas hermanas, éstas han sido reconocidas y se les ha dado una importancia, haciéndolas perdurar en la memoria y calles londinenses. Aun así con todo, me pregunto cuánta gente se las cruzará cada día y ni se percatará de que están allí. Y es que, a fin de cuentas ¿Qué hay más insignificante que una piedra?

 ·Hitos kilométricos y centenarios en Regent’s Park: Los miliarios o mojones colocados en carreteras y caminos para señalar las distancias recorridas con respecto a un punto en concreto, son y han sido elementos muy útiles a lo largo de la historia, usándose a día en calzadas de todo el mundo. De aquellos que se instalaron en el pasado, algunos sobreviven en pistas forestales o en calzadas no muy frecuentadas. Es por eso que estos que aquí os muestro suponen una excepción. Se encuentran uno al lado del otro en Regent’s Park y fueron colocados en el siglo XIX para separar y delimitar los territorios de la Reina Victoria y del Príncipe regente Jorge IV.

Las dos "Milestones" en Regent's Park

·Una piedra que vino de lejos: a principios del siglo XVIII, Mahomet Weyonomon, jefe indio de la tribu de los Mohegan, viajó hasta Londres con la intención de reunirse con el rey, Jorge II, y así poder reclamar la devolución de las tierras que el ejercito inglés se había expropiado. Contra todo pronostico, Mahomet falleció en Londres a causa de la viruela y no pudo completar su misión. Dado que por aquel entonces ningún extranjero podía ser enterrado en la ciudad, se trasladó el cuerpo al sur de la misma para, una vez allí, y ya fuera de sus límites, darle sepultura. El lugar escogido fue el que hoy ocupa la catedral de Southwark. La piedra que muestro más abajo, es un auténtica piedra Mohegan, tallada por ellos mismos y trasladada a Londres en el año 2006, y que fue colocada en el mismo lugar donde Mahomet fue enterrado, rindiéndole así un merecido homenaje.

La piedra Mohegan, en la catedral de Southwark

 ·Una lápida muy peculiar: Si caminamos desde Trafalgar Square en dirección suroeste, nos encontramos con una calle bastante amplia y con nombre de tabaco, Pall Mall. Si caminamos no más de 5 minutos y cogemos la primera calle a mano izquierda llegaremos a un lugar llamado Waterloo Place, compuesto por dos calles de corto recorrido, delimitadas por una mediana. Justo al final de la de la derecha, y entre la estatua del Duque de York y un aparcamiento subterráneo, se encuentra un árbol que a simple vista no parece tener nada de especial. Pero si nos fijamos bien, cerca de la base podemos distinguir una lápida de pequeño tamaño, con una frase escrita en alemán. Esta tumba corresponde ni más ni menos que a “Giro”, el perro del embajador germano durante los años 30, los años del III Reich. Dado que estos terrenos pertenecieron en su día a la embajada teutona, la mascota fue enterrada allí, y el ayuntamiento de Londres, al reformar la plaza, decidió respetar la tumba y dejarla en su lugar original.

"Para Giro, un verdadero compañero"

 ·Peldaños de otra época: y ya que nos encontramos en Waterloo Place, ¿por qué no volver sobre nuestros propios pasos para observar un buen ejemplo de piedras obviadas por todo el mundo? Se encuentran exactamente a unos 50 metros enfrente de la tumba de “Giro”, volviendo de vuelta a Pall Mall. Estas dos piedras una encima de la otra y sin significado aparente, eran más populares de lo que pensamos hace no demasiado tiempo, y se usaban como ayuda para la monta de los jinetes dado que el caballo era el principal medio de transporte. En este caso tienen incluso más significado histórico ya que eran las que usaba el Duque de Wellington cada vez que se acercaba por el Athenaeum Club, que se encuentra justo detrás, y que fueron instaladas en exclusiva para él, como reza una placa en el lateral de las piedras.

Los peldaños del Duque de Wellington

 ·Una entre millones: para terminar, vamos a hablar de la piedra de piedras, de la más importante sin duda en la ciudad de Londres. Y es curioso, porque no se sabe a ciencia cierta el por qué esta piedra es tan especial. Se trata de la conocida como Piedra de Londres (así, sin florituras), y nadie ha sabido demostrar su importancia, pero la tiene. Se cree, se piensa (pero no se sabe), que fue la piedra que los Romanos usaron como referencia para medir todas las distancias en Inglaterra. Otros, por ejemplo, dicen que es la piedra de la que el Rey Arturo extrajo Excalibur, y los hay que creen que fue traída desde remotas costas por Brutus de Troya, el primer rey de Inglaterra. Sea como fuere está claro que la piedra ha tenido y tiene mucho significado para los londinenses. Escritores como Dickens, Shakespeare o William Blake hablaban en sus escritos sobre la ella y, desde el año 72, está considerada como construcción de grado II, una clasificación para los edificios y construcciones en Inglaterra según su importancia histórica. Para cualquiera que la quiera ver, se encuentra en el 111 de Cannon Street, bien protegida dentro de una jaula a los pies de un edificio.

Vista de la "London Stone" desde el interior del edificio que la acoge

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