Londres y la niebla ¿mito, o realidad?

El halo de misterio que rodea a muchas historias relacionadas con la ciudad de Londres, como pueden ser las novelas de Sherlock Holmes o los crímenes de Jack el Destripador, no sería lo mismo sin un elemento tan fantasmagórico como la niebla, un fenómeno meteorológico que, irremisiblemente, relacionamos con la capital del Támesis, y que, además, ha dotado a esas historias de una atmósfera inquietante y misteriosa.

Por lo tanto, así como uno puede pensar en viajar a Nueva York en invierno y encontrarse con medio metro de nieve, o a Texas en Septiembre y sufrir un tornado, lo menos que puede esperar si se acerca por la vieja Londinium, es verse sorprendido al menos una vez por tan cegador elemento.

¿Pero es realmente tan espesa la niebla de Londres como para ser famosa mundialmente, o es solo un mito sin fundamento? ¿Cuál es la probabilidad real de encontrarse con ella? Pues bien, para responder a ambas preguntas, haremos un pequeño recorrido por la historia de Londres y su niebla, a la vez que intentaremos explicar a que se debe (o se puede deber) la formación de la misma.

Empezaré pues diciendo, que a día de hoy la niebla tiene más de mito que de realidad, aunque como veremos después, dicho mito está fundado en ciertos hechos. Si uno pasa en Londres el tiempo suficiente (no me refiero a una semana o a un mes, me refiero a varios años), comprobará que la niebla no afecta a la ciudad más que a cualquier otra población situada a la orilla de un río. Porque a fin de cuentas, el Támesis es el único elemento que favorece la formación de nieblas, dada la elevada humedad relativa del aire que lo rodea. Por eso, aquellos que por motivos de trabajo y/o residencia se encuentren cerca de las orillas del río, tienen muchas más posibilidades que esos que se encuentren tierra adentro, de sufrir bancos de niebla. Y es por eso también, que los que decidan volar desde o hacia el London City Airport, el aeropuerto más cercano al centro de la ciudad y situado en una de las orillas del Támesis, tienen muchos más boletos para ver sus vuelos retrasados y/o cancelados debido a la niebla (se trata del aeropuerto con más vuelos cancelados debido a este fenómeno en todo el Reino Unido).

Sin embargo, y pese a todo esto, es la excepcional situación del aeródromo lo que facilita la formación de nieblas y no una especial propensión de la ciudad a verse envuelta en ellas, porque, como ya he dicho antes, ciudades como Zaragoza, por poner un ejemplo, superan a Londres en cantidad de días de niebla anuales.

Entonces, ¿de donde procede esa estrecha relación entre la ciudad y sus thick fogs? Pues sin duda, y echando un vistazo a la historia de la ciudad, se puede decir que es ésta una fama que la ciudad se ha ganado a pulso tras años de historia., ya que, hace no mucho tiempo, las cosas eran bien distintas en la capital.

De hecho, podríamos decir que Londres no era tan famosa por sus fogs (nieblas), sino por sus smogs (mezcla de humo –smoke– y niebla –fog-), un fenómeno ahora sí, muy habitual en el paisaje londinense de hace años.

Pero para eso hay que echar la vista atrás, en concreto, hasta el siglo XII ni más ni menos. Por aquel entonces, los londinenses usaban como fuente de energía primaria la madera procedente de los muchos bosques que rodeaban la ciudad. Al crecer la urbe y disminuir los bosques, el precio de la madera se disparó, dando paso a la alternativa barata: el carbón marino. Eso sí, barata pero no eficiente, ya que este carbón usaba casi toda la energía produciendo humo, que no calor. Por lo tanto, la ciudad de Londres se fue sumiendo, poco a poco y con el paso de los años en unas condiciones bastante pobres en lo que a calidad del aire se refiere. Aunque esto no es nada comparado con lo que estaba por llegar.

Y llegó, siglos más tarde, y de la mano de la Revolución Industrial. Demográficamente, dicha revolución, “exilió” a cientos de miles de personas que abandonaron sus pueblos y villas, y pusieron rumbo a las grandes ciudades, que, a partir de entonces serían más grandes todavía. En apenas 90 años, la población de Londres se quintuplicó, pasando de apenas un millón de habitantes a principios del siglo XIX a los más de 5 millones que se contaban en el año 1891. Esto, unido al gran desarrollo de la industria, con el carbón mineral como principal combustible, disparó la formación de smogs durante los inviernos londinenses, ya que para que un smog persista y sea verdaderamente dañino, se necesitan unas condiciones de presión atmosférica y humedad que se dan principalmente durante la época invernal.

Fue durante estos años, cuando por primera vez, y en boca del escritor Charles Dickens, se usó el termino pea-souper (sopa de guisantes) para definir a la niebla londinense, dado el color amarillento de la misma.

Los años transcurrían, sin que aparentemente nadie pudiera o quisiera hacer nada, ya que el carbón había ayudado a impulsar la Revolución Industrial, y se tachaba de anticuado o anti progreso a todo aquel que se mostrara en contra de su uso.

Pero todo tiene un límite, y el de Londres y sus smogs llegó a su punto de saturación durante el invierno de 1952, cuando, durante cuatro días, la ciudad se vio “engullida” por un smog que dejó, entre otras cosas, 4.000 fallecidos y 100.000 afectados tras inhalar los gases tóxicos del mismo en lo que desde entonces pasó a ser conocido como “el Gran Smog del 52”.

Una calle de Londres durante el "smog" del 52

Este smog sin precedentes, paralizó el transporte público en la ciudad e incluso obligó a la suspensión de ciertas obras de teatro ya que la densa niebla lograba introducirse en los edificios. Desde luego, un panorama que parece más bien sacado de una película.

Un "bobby" con mascarilla durante el invierno de 1952

Fue entonces, y tras este fenómeno de excepcionales características, que el gobierno inglés decidió crear el Clean Air Act 1956 (el Acta de aire limpio), prohibiendo incondicionalmente el uso de cualquier tipo de combustible que generase humo, así como creando zonas libres de humos en las grandes ciudades.

La firma de dicho acuerdo, supuso el fin de aquellas nieblas londinenses, con un futuro mucho más “esclarecedor” para la ciudad, y, para algunos, fue también el pistoletazo de salida para los movimientos ecologistas y en defensa del medio ambiente.

5 Respuestas a “Londres y la niebla ¿mito, o realidad?

  1. Pingback: Into the Mist | fregando los platos

  2. tiene su encanto,magia y misterio esa ciudad con niebla del siglo XIX todos los libros que e leído me dejan con esa sensación me encantaría aunque fuera por un día ir a Londres del siglo XIX

  3. Pingback: Any 2013, Any de l’Aire: un llarg recorregut | GreenHub

  4. Pingback: Any 2013, Any de l’Aire: un llarg recorregut // Greenhub

  5. Viví un largo tiempo cerca de un río y jamás hubo niebla…

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