El East End y sus primeros inmigrantes

El próximo Domingo tiene lugar en Londres una de esas actividades que, por poco habituales, son bastante exclusivas.

Se trata de la apertura al público del 19 de Princelet Street, o lo que es lo mismo, el Museo de Inmigración y Diversidad, un edificio de Grado II en la escala legal del Reino Unido por su valor histórico, y que se puede visitar durante apenas un puñado de días al año, dada la delicada situación en la que se encuentra el inmueble.

Dicen que Londres es una ciudad cosmopolita donde las haya, y no les falta razón. Con más de 50 comunidades foráneas en sus calles y alrededor de 300 lenguas practicadas a diario en sus colegios, restaurantes, y puestos de trabajo, la urbe no tiene parangón en el mundo entero en lo que a diversidad se refiere.

Sin embargo, mientras algunas de estas comunidades acaban de llegar como aquel que dice, otras llevan siglos establecidas en la capital, con generaciones y generaciones viajando desde sus países de origen hasta el Reino Unido en busca de un futuro mejor.

Y esto es algo que se pone de manifiesto en el 19 de Princelet Street, una casa museo construida en el año 1719 por un Hugonote francés de nombre Peter Abraham Ogier, y que durante más de dos siglos dio cobijo a multitud de inmigrantes venidos de distintas partes de Europa.

Empezando por su primer inquilino, un protestante francés que se vio obligado a huir de su país tras ser perseguido junto a toda su familia por sus creencias religiosas. Ya que la familia se dedicaba al mercado de la seda, la casa se dividió en varias plantas que hacían las veces de talleres, y que fueron aprovechadas por futuros inmigrantes que se dedicaban a otras artesanías, tales como la ebanistería o el dorado.

Tras los franceses, vinieron los irlandeses, y más tarde, los habitantes serían un grupo de judíos llegados del este de Europa. Ellos serían los responsables de construir la sinagoga que todavía hoy se puede visitar en el jardín de la vivienda.

Imagen de la sinagoga

El último colectivo que habitaría allí, sería un conjunto de polacos que además crearon una asociación para ayudar en la integración de compatriotas que llegaran por primera vez a la ciudad.

De todas formas, y pese al elevado número de habitantes a lo largo de los años, el más famoso y misterioso inquilino de esta vivienda en los alrededores de Bricklane, fue sin duda David Rodinsky, descendiente de inmigrantes polacos y que fue el último habitante de la casa. Allá por 1969 desapareció sin dejar rastro, dejando todas sus pertenencias intactas, como si se hubiera desvanecido. Once años más tarde, en 1980, su habitación se volvió a abrir, dejando al descubierto numerosos documentos que dejaban ver que el tal Rodinsky era, entre otras cosas, capaz de hablar 15 idiomas diferentes, algunos de ellos ya extintos.

Su habitación, justo encima de la sinagoga, también se puede visitar, siendo un reclamo para periodistas y escritores fascinados con la historia y leyendas de este personaje.

La habitación de David Rodinsky tal y como se encontró

Durante los últimos años, y como ya he dicho, el museo se abre únicamente unos pocos días cada año debido a su precario estado, razón por la que además se aceptan donaciones que ayuden a salvar el edificio de la ruina.

Sin duda una alternativa para el fin de semana, no solo exclusiva, sino puede que única, ya que, visto lo visto, nunca se sabe si el museo podrá volver a abrir sus puertas una próxima vez. La entrada es gratuita.

 Museum of Immigration and Diversity
19 Princelet Street
Londres E1 6QH

 Domingo 29 de Mayo  12:00 – 17:00

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