“Luchad, y puede que muráis…”

“…huid, y viviréis. Un tiempo al menos”. Así, con estas palabras, comenzaba uno de los discursos más memorables de la historia del cine, el que inmortalizó Mel Gibson poniéndose en la piel de William Wallace en la película Braveheart, un biopic del año 95 y que narra la vida de este caballero escocés que luchó del lado caledonio en las Guerras de Independencia Escocesas durante los siglos XIII y XIV.

No sabemos a ciencia cierta si el aguerrido Wallace pronunció realmente dichas palabras, pero si es cierto que, de haberlo hecho, no pudo estar más acertado, ya que él optó por la lucha, y es esa misma lucha la que le llevó a la tumba de la manera más cruel posible, tras sufrir múltiples torturas.

Retrato de William Wallace

Infierno, que tuvo como escenario un habitual de estos menesteres, la londinense zona de Smithfield, al norte de la City (que era junto con Tyburn, en la zona de Marble Arch, el lugar elegido para las ejecuciones).

A día de hoy la zona de Smithfield, entre las estaciones de Farringdon y Barbican, es famosa por sus pubs (Fox&Anchor, The Castle, The Hope…), sus clubs nocturnos (como el celebérrimo Fabric) y sobre todo, por su mercado de carne, el único gran mercado londinense que no se ha desplazado fuera de la ciudad en busca de un emplazamiento más barato, manteniéndose así en su ubicación original.

De hecho, la historia de Smithfield nos muestra que aquí siempre hubo un mercado, no siempre de carne (el actual data del año 1883).

Smithfield Market en el s. XIX

Situada en los exteriores de la London Wall (la muralla construida por los romanos y que protegía a la ciudad de posibles invasiones), la zona de Smithfield, que anteriormente era conocida como Smoothfield, fue ya muy popular en tiempos de la Edad Media como lugar para el mercadeo, dada su cercanía al arroyo Fleet ( que discurría por lo que hoy es Farringdon Street y de hecho lo sigue haciendo, solo que de forma subterránea) y que surtía de agua tanto a clientes como a vendedores.

Igualmente, y como ya he dicho con anterioridad, dado que se trataba de un espacio al aire libre a las afueras de la ciudad, pronto se eligió como lugar para las ejecuciones públicas.

Aquí, aparte del ya mencionado Wallace, otro líder, en este caso de las revueltas de campesinos de 1381, fue asesinado ante los ojos de los londinenses. Se trataba de Wat Tyler, quien encabezó una de las primeras revueltas contra la nobleza y el sistema feudal de la Europa Medieval.

Sin embargo, el caso de William Wallace fue mucho más exagerado por impresionante y cruel. Tras ser juzgado en el Westminster Hall (la parte más antigua del palacio de Westminster y que todavía se conserva pese al Gran Incendio de 1666, la cual recomiendo visitar)y ser declarado culpable, fue atado a dos caballos que le arrastraron hasta la zona de Smithfield. Una vez allí (hipocondriacos absteneos y saltad al siguiente párrafo), fue colgado hasta dejarle semiinconsciente para luego hundir su cabeza en un barreño repetidas veces sin llegar a ahogarlo. A continuación, le cortaron los genitales y fue abierto de lado a lado para así extraer sus intestinos y prenderles fuego. Finalmente, y para su alivio (y el mío casi), fue decapitado.

Pero el rey, que por aquel entonces era Eduardo I no se dio por satisfecho, y, tras ordenar descuartizarlo, mandó colocar su cabeza llena de alquitrán encima del puente de Londres, y envió el resto de sus miembros a distintas zonas del Inglaterra para ser expuestos públicamente.

Hoy día, y si alguien se acerca por la zona, podrá ver un pequeño monumento en honor al héroe escocés, situado en una de las paredes de St. Bartholomew’s Hospital, enfrente de la glorieta de West Smithfield. También existe una placa en el Westminster Hall, justo en el lugar donde fue juzgado.

Además, y si os encontráis por la zona, a escasos metros del monumento a Wallace, podréis ver una de las pocas viviendas existentes en Londres y que sobrevivieron al Gran Incendio que sufrió la ciudad hace tres siglos y medio.

Vista exterior...

...e interior de la vivienda

Por lo tanto, uno más que añadir a la larga lista de lugares que visitar en Londres y que se salen de los circuitos habituales. Porque a veces está bien escapar de las aglomeraciones, aunque para eso hace falta tener la libertad de poder elegir. Y mientras existan pequeñas joyas o rincones escondidos a lo largo y ancho de la ciudad, eso es algo que, como dijo Wallace (o Mel Gibson, según se mire), “nunca nos quitarán: la libertad”.

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