Historias del lejano Oeste

Tras casi cuatro meses escribiendo este blog, decidí dedicar la tarde de ayer a repasar brevemente los posts publicados hasta el momento, para así darme cuenta si seguía alguna tendencia en particular en cuanto a temas. Y desde luego llegué a una conclusión clara, ya que salvo alguna excepción, los lugares y actividades que expongo en cada artículo se desarrollan en todos los puntos cardinales a excepción del oeste, el cual tengo algo abandonado.

No es fijación, pero ya sea por motivos de desplazamiento, ya sea porque a uno le gusta la historia (sin desmerecer al oeste, la zona este da bastante más de sí en lo que a herencia histórica se refiere), o simplemente por pura coincidencia, el caso es que siempre termino dejándolo de lado.

Así que hoy, y como diría un católico arrepentido, hago mi propósito de enmienda y para celebrarlo dedicaré este artículo a una determinada zona del Londres más occidental, la que va desde Shepherd’s Bush hasta Brentford, pasando por Acton.

Si viajamos hasta Brentford, la zona más al oeste de las mencionadas anteriormente, nos encontraremos con un barrio de contrastes. Aunque a priori pudiera parecer un barrio típico del West London , algo estirado y bien cuidado, a nada que miremos un poco más de cerca descubriremos que sorprendentemente el distrito esconde un trocito del este de la ciudad en sus entrañas.

Seguramente esto mismo es lo último que esperaríamos de un barrio salpicado por los Kew Gardens (una visita muy recomendable) y Syon Park (la residencia de los Duques de Northumberland, el top of the tops de la aristocracia británica), pero es así. Todo ello, muy posiblemente debido a la influencia del Grand Union Canal, en el cual se aglomeran las embarcaciones, donde, y al igual que sucede en el East End, muchas familias han optado por una vida sobre el agua.

Pero si echamos la vista atrás, observaremos que lo más destacado en la historia de la zona son las batallas que tuvieron lugar a lo largo de los siglos en los que otrora fueron campos abiertos en los exteriores de la ciudad. Hasta tres de notable importancia se contabilizan dentro de sus límites: la primera en el año 54 a.C. y que enfrentó a las tropas de Julio César contra las del rey de aquella época, Cassivellaunus; la segunda en el 1016, entre Canut el Grande y Edmundo II, rey de Inglaterra; y la última y quizá más conocida, la llamada “Batalla de Brentford” (como no podía ser menos) y que tuvo lugar el 12 de Noviembre de 1642, poniendo en liza a la Royalist Army y a los Parlamentarians, comandados por el Príncipe Rupert y John Lilburne respectivamente.

La batalla se saldó con la victoria del ejercito liderado por Rupert, que cuadruplicaba en número a los Parlamentarians, y dejó tras de sí unas 950 víctimas. Como recuerdo de estos hechos, una columna se erige en las inmediaciones del lugar donde se desarrolló la batalla.

Columna en memoria de la Batalla de Brentford

Dejamos Brentford y sus batallas a un lado, y nos desplazamos ligeramente en dirección noreste hasta llegar a la zona de Acton, justo en su límite con Shepherd’s Bush. Aquí se encuentra el parque que da nombre a la zona, Wormwood Scrubs, que de paso, presta también su nombre a la prisión situada en uno de sus límites, y que es una de las de mayor capacidad de Londres, con Keith Richards o Pete Doherty como algunos de sus más celebres internos. Sin embargo, y si mencionamos el nombre de Wormwood Scrubs a cualquier londinense que se precie, éste (o ésta)lo relacionará inmediatamente con los crímenes de Braybrook Street.

Braybrook Street es una calle que discurre al sur del parque, y donde en el año 1966 tuvieron lugar tres crímenes que  conmocionaron a la opinión pública del Reino Unido.

Aquel día, dos oficiales y un inspector de policía vestidos de paisano se encontraban en el lugar realizando una inspección rutinaria, ya que por aquel entonces era muy habitual que los presos consiguieran fugarse de la cercana prisión de Wormwood. Al observar una furgoneta sospechosa al final de la calle, decidieron acercarse para interrogar a sus ocupantes. Tras un breve intercambio dialéctico, y sin apenas mediar palabra, las tres personas que se encontraban dentro del vehículo la emprendieron a tiros contra los tres policías, acabando con sus vidas en el acto. Los culpables, que en principio se dieron a la fuga, fueron arrestados meses más tarde con su consiguiente ingreso en prisión. A uno de ellos se le otorgó la condicional en el año 91 pero fue asesinado posteriormente en su casa de Bristol a manos de su compañero de piso. Fue a partir de estos hechos que la policía británica decidió crear el cuerpo conocido como Police Dependants’ Trust, y que se dedica a asistir a las familias de los agentes fallecidos estando de servicio.

Aquí tuvo lugar la matanza de Braybrook Street

Y como de fugas va la cosa, no podemos irnos de Wormwood Scrubs sin mencionar otra bien distinta y que tuvo lugar durante los años de la Guerra Fría. En esta ocasión nuestro protagonista es George Blake, una especie de James Bond de la época, solo que, y a diferencia del agente 007, el primero traicionó a los ingleses pasando la información top secret a los rusos. Sin embargo, su huida de la prisión de Wormwood fue algo más de película. Tras serrar los barrotes gracias a una lima que alguien le proporcionó estando preso, consiguió disimularlo hasta que una tarde, durante la hora en la que tanto internos como guardas se encontraban viendo una película, se escapó a través de la ventana, columpiándose con una cuerda hecha a base de cordones hasta un tejadillo desde donde saltó al exterior para posteriormente, y en su caída, fracturarse la muñeca. Desde luego, un mal menor comparado con la hazaña que acababa de conseguir.

Una vez fuera le esperaban dos conocidos, que, a la larga, serían los que le sacarían del país, ya que la policía, tras darse cuenta de su fuga, bloqueó las salidas de la ciudad por tierra, mar y aire.

Sus amigos, un par de “peaceniks” (vamos, unos pacifistas hippies de los de toda la vida, ya sabéis, “haz el amor y no la guerra”)le introdujeron en un falso suelo de su Volkswagen Camper (más típicos imposible)conduciéndole ni más ni menos que hasta la Alemania Oriental, desde donde se trasladó a Moscú. A día de hoy, todavía con vida, el bueno de Blake permanece en la capital rusa como exiliado político.

"Me llamo Blake, George Blake.." Foto del espía e interesante parecido con el agente 007

Bueno, creo que por hoy es suficiente. De momento, esto no ha sido más que un paseo por la vida y milagros de este pequeño rincón del oeste londinense, pero habrá más, ya que como me he propuesto al comenzar el artículo, no volveré a dar la espalda a la zona oeste de la capital, la cual, y como demuestran estos relatos, tiene mucho que decir en la historia de la misma.

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