Una vida en el barro

Si habéis paseado por las orillas del Támesis durante el día y coincidiendo con la marea baja, es posible que os hayáis topado con uno o varios individuos quienes, provistos de un cubo y posiblemente un detector de metales, se dedican a hurgar en las fangosas orillas del río, en busca de todo tipo de objetos arrastrados por la corriente, ya sea tanto por su valor económico como histórico.

Se trata de los mudlark (si os soy sincero, no sabría bien como traducirlo. Digamos que son “los que matan el tiempo en el barro” –mud: barro; lark: hacer el tonto),un grupo de personas que se dedica a eso mismo, a rebuscar en las arenas del Támesis y que hacen de su afición un modo de vida.

Aunque lo que para ellos es un pasatiempo a día de hoy, hace un par de siglos no era sino un modo de supervivencia para todos aquellos (la gran mayoría) que carecían de estudios o de un trabajo fijo.

Hombres, mujeres, pero sobre todo niños de entre 8 y 14 años, llevaban a cabo dicha tarea, recogiendo carbón, piezas de hierro, trozos de cuerda y demás, que posteriormente vendían a las fábricas de la zona a cambio de uno o dos chelines, lo justo para permitirse una comida al día.

Uno de los escritores de aquella época victoriana que mejor retrató la realidad de estos buscavidas fue Henry Mahew, autor de un libro titulado “London Labour and the London Poor”. En él, describe con detalle el modo de vida de estos personajes. Además, en una publicación posterior del mismo autor, encontramos “Narrative of a Mudlark”, una entrevista a un niño de 13 años dedicado a este oficio. Obra a la que por cierto he conseguido acceder y de la cual transcribiré un par de pasajes para que os hagáis una mejor idea de lo que suponía ser un mudlark en el siglo XIX.

“Hace dos años que dejé la escuela para empezar a trabajar en esto, cerca del barrio de Millwall.(…)Yo y mi hermano recogemos todo tipo de materiales: cobre, trozos de cuerda, madera, carbón o hierro. Para este último tenemos que desplazarnos a Limehouse, donde se encuentra la fabrica de barcos.(…)Me levanto cada mañana a las 6 para bajar al río con mi hermano. En invierno trabajamos menos horas que en verano, aunque tengo que decir que las horas en invierno valen más la pena pues encontramos más cosas. Suele haber unos 14 niños por aquí en verano, y solo 6 en invierno, la mayoría huérfanos. Su situación varía bastante. Mientras algunos (muy pocos) cuentan con buena ropa de abrigo, otros no tienen ni camiseta o la que tienen está rasgada, sucia y llena de bichos.(…)Algunos se sacan hasta 6 chelines al día. Con eso pueden pagarse una libra de pan y una pinta de cerveza en el pub, y, con suerte, tener una loncha de Cheddar. Si llegan a guardar lo suficiente, pueden comprarse un pantalón nuevo en una tienda de harapos. Los más afortunados incluso pueden llegar a dormir un par de noches al mes en alguna fonda.(…)Una característica indispensable para ser un buen mudlark es ser buen nadador, ya que si la policía o algún barco te encuentra, te subirán a bordo para llevarte lejos y, una vez allí, te tirarán  al agua.(…)Llevo ya dos años en esto y la policía nunca me ha cogido. Mis padres no saben que me dedico a esto. Mi intención es llegar a ser marinero, como hicieron mis hermanos, eso siempre y cuando tenga suerte de que algún capitán me quiera alistar en su barco”.

Retrato de varios jóvenes mudlark

No sabemos si este joven, de nombre desconocido, llegaría alguna vez a ver realizados sus sueños, pero su relato quedará para la historia como un fiel reflejo de las desigualdades de la época, así como de las condiciones inhumanas a las que muchos niños y jóvenes tuvieron que enfrentarse (así mismo, tampoco hay que olvidar que esas mismas condiciones inhumanas se siguen dando en numerosos lugares del planeta).

De todas formas, los mudlark no eran los únicos que rebuscaban en las miserias del resto, un dudoso honor que compartían con los tosher y los grubber. Los primeros, se dedicaban a lo mismo en la red de alcantarillado mientras que los segundos, llevaron a cabo su labor en torno a los sumideros londinenses.

Sin embargo, ninguno ha trascendido tanto como los mudlark quienes, y como ya he dicho al comenzar el artículo, siguen existiendo a día de hoy, solo que más por devoción que por obligación.

Si alguien quiere ser un mudlark en el Londres del siglo XXI, lo único que tiene que hacer es obtener una licencia a través del Port of London Authority, con un coste de 40₤ cada tres años. Una vez abonada dicha cantidad, el individuo se podrá considerar como un mudlark legal, y disfrutar pues de la multitud de actividades y quedadas que el colectivo de buscadores organiza en Londres a través de esta (caótica) página: http://www.thamesandfield.co.uk/. Uno de los integrantes de dicha organización, Steve Brooker, firmó hace unos meses un contrato con el History Channel para presentar seis episodios titulados “Mudmen”, sobre la vida y milagros de los buscadores del fango, demostrando el creciente interés por una actividad lúdica que, hace siglos, era una técnica de supervivencia.

Steve Brooker, en una entrevista concedida al Daily Mail, mostrando una pieza del s.XVII.Fotografía: Lee Durant

 ·Un pequeño apunte con respecto al artículo de ayer, ya que alguien me escribió para comentarme que Entrambasmestas es un pueblo perteneciente a la provincia de Cantabria, y no de Burgos como dije yo. Desde aquí, gracias por sacarme de mi error, ya lo he corregido. Así mismo, esta persona me dijo que se trata del pueblo de España con un nombre mayor en relación a su escasez de habitantes. Aunque no he podido contrastarlo, aquí lo dejo por si alguien estuviera interesado.

2 Respuestas a “Una vida en el barro

  1. Si , esa gente sigue existiendo , pero ahora son aficionados detectoristas de metal ,hanconseguido una coleccion impresionante , yo conozco alguno de Londres ,,, yo soy un mudlark de Barcelona y me dedico a buscar reliquias desde hace años, pero solo en los campos de agricultura.

    • Hola David y encantado de conocerte (si se le puede decir así). Me ha parecido muy curioso lo que comentas, ya que, por lo que entiendo por tus palabras, os conocéis unos a otros, aunque vivais en sitios diferentes. De hecho, no tenía ni idea de que había más mudlark fuera de lo que es la ciudad Londres (sí que sabía que había gente que se dedicaba a buscar con detectores, pero no que se autodenominaran mudlarks). Muchas gracias por comentar y dejarnos aquí un trocito de tu experiencia!

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