Arte callejero (y más) en tierras de Jack The Ripper

La  moda empezó hace ya unos años, en concreto seis, y a día de hoy se ha extendido de manera contagiosa por los mercados del East End. Se trata de los graffitis realizados sobre las furgonetas que los vendedores de dichos mercados usan para el almacenaje, y que suelen estar aparcadas en las calles aledañas.

Todo comenzó cuando los artistas de la zona empezaron a usar el exterior de las furgonetas como lienzo improvisado para mostrar sus creaciones. Contrariados, los propietarios de las mismas decidieron acabar con el asunto, pero más tarde, llegaron a la conclusión de que los diseños atraían a los curiosos y, en definitiva, a más compradores potenciales, por lo que decidieron no solo no poner fin a los graffitis, sino mantenerlos en buen estado, haciendo pues que sus furgonetas pasasen a formar parte del paisaje urbano de la zona.

Todo esto, de lo cual me enteré gracias un magnífico blog (en inglés) llamado Spitalfields Life, atrajo mi curiosidad, así que hace un par de días decidí pasarme por la zona de Whitechapel (donde se celebra un mercado de fruta, verdura y ropa de Lunes a Sábado) para ver con lo que me encontraba. Desafortunadamente para mi, y dado que trabajo por las mañanas, para cuando llegué al mercado, muchos de los vendedores estaban recogiendo ya sus puestos. No obstante, pude fotografiar algunas de las furgonetas que todavía quedaban en la zona y que, efectivamente, se encontraban descansando en las calles colindantes. Aquí os dejo algunas de las fotos que saqué.

 Tras esto, y ya que me había desplazado hasta allí, pensé que sería bueno aprovechar la tarde para darme una vuelta y enseñaros algún sitio curioso de la zona. Como por ejemplo, The Whitechapel Bell Foundry, la cual nos encontramos a mano izquierda según bajamos (o subimos, según se mire) Whitechapel Road camino de Aldgate, y que es la empresa manufacturera más antigua de las islas, y posiblemente una de las más antiguas del mundo. Fundada en 1570, esta compañía se dedica a la creación y reparación de campanas y es aquí, donde, en 1858, se fabricó la que es con toda seguridad la campana más nombrada del mundo, es decir, Big Ben (que como ya he dicho en algún que otro post, no es el nombre de la torre del reloj, sino el de la gran campana que se aloja en su interior). El único problema con esta fundición, es que, y según ha llegado mis oídos, la lista de espera para visitarla supera con creces el año así que a no ser que se planee con mucha antelación, será misión imposible. Lo que si se puede visitar, si se le puede llamar así, son las oficinas, con el aliciente de ver la factura del Big Ben allí expuesta (572₤ que costó la criatura)

.Ya que me encontraba en los dominios de Jack el Destripador, y desfallecido tras un día bastante ajetreado, pensé en dirigirme al metro en Liverpool Street, y de paso “perderme” por los callejones al sur de Brushfield Street, una calle paralela al mercado de Spitalfields y cercana al lugar donde se produjo el más sangriento homicidio por parte del “asesino de Whitechapel”. Se trata del asesinato de Mary Jane Kelly, una prostituta irlandesa de 25 años, y que fue encontrada en su residencia de Dorset Street en un estado que…en fin, en un estado que no voy a narrar aquí, pero que haría las delicias de los amantes del gore. Éste fue el quinto de una serie de asesinatos que conmocionaron al East End, y que convirtieron a sus calles en lugares inseguros donde abundaban la psicosis, el miedo y la paranoia.

Algo que es fácil de entender, especialmente si caminamos por los callejones arriba mencionados, y que parecen sacados de alguna novela de terror. Eso sí, siempre que paseemos por allí al caer la noche o en alguna tarde de invierno porque la verdad, hace dos tardes aquello estaba lleno de gente y pasé de todo menos miedo.

Así que una tarde que comenzó con graffitis en furgonetas, acabó por callejones del East End tras la pista de Jack The Ripper, lo que confirma que Londres tiene para todos los gustos, a veces, en menos de lo que dura una calle. En este caso Whitechapel Road, una avenida con bastante solera, y sobre la que algún día volveré para rescatar las muchas historias que existen a su alrededor y que en esta ocasión me he dejado en el tintero.

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