Un paseo por Craven Street

A escasos metros de Trafalgar Square, la plaza por donde todo el mundo pasa en sus visitas a Londres, se encuentra una pequeña calle de nombre Craven Street. A día de hoy, dicha calle comienza en Strand, para luego descender suavemente hasta encontrarse con Northumberland Avenue.

Sin embargo, hace unos 150 años, el panorama era bien distinto, ya que Craven Street no desembocaba en ninguna otra calle sino directamente en el Támesis. Así fue durante décadas hasta que en 1860, el consistorio londinense decidió ganar terreno edificable, “robándoselo” al río en una operación de colosales dimensiones conocida como el “Embankment” (de aquí viene, en consecuencia, el nombre de la parada de metro que se encuentra en la zona).

La historia de Craven Street, una de las escasas supervivientes al mencionado Embankment, está salpicada de historias curiosas, muchas de las cuales la gente suele desconocer.

Uno de los elementos aún existentes, y que nos recuerda aquel pasado a la orilla del río, es el pub conocido como The Ship & Shovell, otrora a escasos metros del Támesis, y que aún conserva una ventana redonda con forma de ojo de buey en la parte que en su día daba al río, y desde la que los comerciantes de la zona veían llegar a las distintas embarcaciones con sus mercancías. Construido varios años antes del Embankment, era uno de los lugares de reunión preferidos por todos los marineros de la zona, y, sobre todo, por aquellos que se dedicaban a un lucrativo negocio: la venta de cuerpos (de personas ya fallecidas, que nadie se piense otra cosa, que lo otro es un negocio bastante más antiguo), y que consistía en ofrecer dichos cuerpos a cirujanos y médicos para que pudiesen experimentar con ellos. Muchos de estos cuerpos eran rescatados de las orillas del río por los mudlarks (de los que ya hablé hace un mes).

Por si alguno quiere pasarse y disfrutar del negocio actual, esto es, la venta de cerveza, se encuentra en un pequeño callejón conocido como Craven Passage, el cual encontraréis más o menos en la mitad de Craven Street. Desde luego un pub muy curioso, el cual merece la pena visitar.

Siguiendo con Craven Street, y muy cerca de la entrada de Craven Passage, está la que fue la morada de uno de los personajes más importantes de la historia, en particular de la historia americana. No en vano, fue uno de los cuatro hombres (los “Padres Fundadores”) que firmaron la Declaración de Independencia Americana. Se trata de Benjamin Franklin, quien vivió en el número 36 de Craven Street durante los 16 años que duró su periplo londinense. Hoy en día la vivienda, cuyo interior se muestra intacto desde aquella época, se ha transformado en museo y es posible visitarla. Para aquel que no lo encuentre suficientemente interesante, hay que decir que se trata de la única residencia de Benjamin Franklin que ha sobrevivido al paso de los años en todo el mundo. Y como curiosidad, y volviendo a lo de la venta de cuerpos, durante la restauración del inmueble en los 90 se encontraron una serie de huesos, que, en principio se creyó pertenecían a alguna víctima de algún asesinato reciente, para luego descubrir que fueron parte de los experimentos llevados a cabo por William Hewson, un médico amigo de Franklin.

De Craven Street, a los billetes de 100 dólares: Ben Franklin

Otra historia curiosa es la que nos lleva al extremo sur de la calle. Aquí se encuentra el Playhouse Theatre, uno de los muchos teatros de Londres, aunque no de los más conocidos. Construido en 1882 por el empresario Sefton Parry, la operación fue más una argucia de Parry para forrarse, que un movimiento en pro de las artes escénicas. Parry, que se había enterado de que el ayuntamiento estaba planificando construir una estación en el sitio y que liberaría de tránsito a la cercana Charing Cross, decidió adelantarse y birlarle los terrenos, para luego pedir una importante suma por los mismos. Y efectivamente, años después, el ayuntamiento solicitó al empresario la cesión o alquiler de un espacio junto a su teatro por donde pasarían las vías. La oferta que Parry les hizo fue tan descomunal, que el ayuntamiento se las ingenió para construir la estación sobre el teatro, evitando así dejarse una fortuna. Todo esta serie de triquiñuelas desembocó en la caída de la estructura sobre el teatro, en el año 1905, acabando con las vidas de seis personas. Y puesto que el teatro había tenido una buena acogida hasta la fecha, se decidió reconstruirlo y así se ha mantenido hasta nuestros días, perdiendo si acaso un poco de tirón frente a la pujanza de otros escenarios donde se representan obras más populares.

En definitiva, historias de una calle que suele pasar desapercibida, y que sin embargo es toda una superviviente de su época. Por cierto, casi se me olvida. En el número 42 de esta misma calle, se encuentra el museo de la Asociación de Ópticos Británicos. Para visitarlo hay que pedir cita, pero la entrada es gratuita. Yo lo visité hace ya más de año y medio y el tipo, cuyo nombre no me acuerdo, que me acompañó durante la visita, me explicó al detalle todas las colecciones, haciéndola más interesante de lo que en un principio pensé.

Por lo tanto, pubs, teatros con historia, residencias de ilustres, museos…todo ello en una calle de las dimensiones de Craven Street, ¿alguien da más?

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