Vivir deprisa, morir joven

“Se veía venir, pero no me lo esperaba”, comentaba alguien ayer en Twitter. Y es que estas noticias, por mucho que se vean venir, nadie se las espera.

Me refiero, como no, al fallecimiento de la cantante Amy Winehouse en la tarde de ayer por causas que aún se desconocen, aunque el historial de la londinense hace pensar que las drogas jugaron un papel fundamental en su óbito.

Nacida el 14 de Septiembre de 1983 en el norte de Londres, fue la última (aunque habrá más) enfant terrible de la escena musical en la capital, lista en la que encontramos a todo tipo de personalidades desde Sid Vicious a Pete Doherty, pasando por Damon Albarn o Lily Allen.

Sin embargo, los escándalos que inundaron su carrera nunca consiguieron apagar la intensidad sentimental que arrastraba su desgarrada voz, cada vez más rota si cabe tras noches de whisky y pupilas de buho, y más propia del delta del Misisipi que del barrio de Southgate.

De hecho, lo único que al final ha unido a Amy con esa zona de Norteamérica, ha sido la edad de su deceso, 27 años, lo cual la incluye en lo que se ha pasado a conocer como “el club de los 27”, es decir, todas aquellas estrellas de la música cuya llama se apagó más temprano de lo habitual, elevándolas a la categoría de mitos, y que comenzó hace más de 70 años con el bluesman Robert Johnson, quien, emulando a Fausto, y, según la leyenda, vendió su alma al diablo a cambio de poseer una técnica exquisita como guitarrista.

No obstante, la diferencia con la cantante es aún bastante sustancial, ya que mientras Robert Johnson dedicó su vida a la guitarra hasta el punto de perderla por ella, Amy, conocedora del don que poseía, decidió obviarlo y dedicarse a otros menesteres. A día de hoy, desafortunadamente, podemos decir que eligió el camino equivocado.

Dicho esto, y tras la (obvia) expectación despertada tras su fallecimiento, esta mañana he hecho el gran esfuerzo (es Domingo y hace buen tiempo, los que conocen la zona saben de lo que hablo) de pasearme por su querido Camden para ver como estaban los ánimos el día después de la noticia.

Mi primera parada ha sido en Camden Square, la pequeña plaza donde residía. Desde el Sainsbury’s situado en Camden Road, hasta la mencionada plaza, numerosas personas portaban ramos de flores adquiridos en el supermercado, y que luego depositarían junto a la vivienda. Una vez en la plaza, un centenar de personas entre fans, prensa, televisión y curiosos se congregaban frente al inmueble, todavía precintado por la policía. Muchas de ellas, tras un lento peregrinaje, dejaban distintos objetos, cartas, velas y demás junto a un árbol frente a la vivienda, mientras que otras optaban por dejarlos al lado de la señal con el nombre de la calle. Incluso una chica, quien se declaraba como una auténtica groupie, consiguió dejar un ramo de flores junto al cordón policial tras rogar de rodillas (literalmente) al encargado de seguridad.

Tras esto, y una vuelta por el mercado donde se confirmaron mis sospechas en cuanto al abarrotamiento, decidí pasarme por The Hawley Arms, y que en su día fue el local (así se llama aquí a los pubs que uno frecuenta) de la cantante. De hecho, residía en el piso situado sobre el pub, hasta que el incendio que tuvo lugar en 2008 la forzó a mudarse. A día de hoy, todavía se dejaba ver alguna vez por allí. Es más, juraría que hace algo más de un año, ella misma me sirvió una pinta, o al menos una chica idéntica a ella. Sin embargo, esto es una curiosidad sin fundamento ya que ni lo pregunté, ni hice ninguna foto.

Anécdotas aparte, tenía curiosidad por ver si el pub tenía pensado organizar algo en su honor. Tras hablar con uno de los camareros, éste me dijo que, aún consternados por la noticia, no tenían pensado realizar ningún evento en particular, por lo que decidí marcharme a casa.

Una mañana pues, recordando a Amy Winehouse, de la que no me declaro fan, pero a la que hay que reconocer como una de las voces más poderosas que ha dado la música en los últimos años. Y aunque ella no lo quisiera así, es como hoy, yo, y pese a todos sus altibajos, prefiero recordarla. Descanse en paz.

Éstas son algunas fotos de mi mañana en Camden:

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