Archivo mensual: septiembre 2011

Viajar en el tiempo

Hace unos días, el mundo se despertaba con la noticia de que un experimento llevado a cabo en un laboratorio de Gran Sasso (Italia), había obtenido unos resultados cuanto menos inquietantes. Por lo visto, y tras la presentación de los mismos en un seminario científico del CERN (Laboratorio europeo de Física de partículas) en Suiza, los científicos italianos sostienen que ciertos neutrinos (partículas atómicas), y según sus mediciones, pueden viajar a una velocidad superior a la de la luz.

Un servidor no entiende mucho de cuestiones físicas, salvo lo que le enseñaron de joven, y a veces ya ni eso, pero lo que está claro es que la noticia ha revolucionado a la comunidad científica, ya que dicha afirmación, de ser cierta, nos acercaría algo más a uno de los sueños más perseguidos de la humanidad: la posibilidad de viajar en el tiempo.

Lamentablemente, y dado que este blog no está enfocado a tratar la vida y milagros de la materia, la energía o el espacio, no me extenderé más sobre el tema. Sin embargo, eso no quiere decir que no podamos viajar en el tiempo. Aunque claro, eso, como siempre, lo haremos a nuestra manera, es decir, explorando otro rincón desconocido de la ciudad de Londres.

En esta ocasión, nos desplazamos a la zona de Tower Hamlets. Aquí, al este de la Torre de Londres y en los aledaños de Cable Street, se encuentra la que es la sala de conciertos más antigua del mundo, la cual, además, mantiene una actividad relativamente constante.

Ayer, jornada de puertas abiertas, tuve la oportunidad de visitar su interior, algo que de lo contrario solo se puede realizar los días en los que se celebra algún espectáculo.

El lugar en cuestión se llama Wilton’s, y fue inaugurado en el año 1858 por un empresario llamado, y como no podía ser de otra manera, John Wilton. De todas formas, la sala se mantuvo abierta apenas 30 años y desde finales del siglo XIX, la propiedad pasó a manos de una Misión Metodista, que regentó el lugar hasta mediados del siglo pasado.

Llegada a Wilton's

Entrada a la sala

Sea como fuere, el lugar es toda una maravilla, y una reliquia de su tiempo que se mantiene como Dios (o John Wilton) la trajo al mundo. Paredes desconchadas que hace décadas que habrían agradecido un par de manos de pintura, suelos irregulares de madera, de esos que al pisar chirrían de tal manera que parece que el edificio entero se va a venir abajo, y un cartel luminoso encima del escenario en el que se puede leer el nombre de la sala, envuelven al lugar de un halo de nostalgia que te atrapa al instante. Incluso la entrada al recinto se encuentra en estas condiciones, lo que contrasta con el resto de las viviendas las cuales, si bien no son un ejemplo de manutención, al menos ocultan muy bien lo de tener más de cien años a sus espaldas.

En el interior del edificio, y antes de entrar a la sala en sí, nos encontramos con el Mahogany Bar, el cual se cree fue un pub en sus inicios, esto es, alrededor del año 1725.

Imagen del Mahogany Bar

Tanto el Mahogany Bar como el Wilton’s Music Hall se encuentran abiertos al público. El primero, por lo general de Lunes a Viernes de 5 a 11 y los días en los que hay espectáculo; el segundo solo abre para espectáculos o tours como el que se realizó ayer. Podéis consultar la agenda de actividades aquí. Para asistir se necesita reservar y pagar el importe de la entrada, el cual varía dependiendo del show, pero si lo que queréis es pasar de gratis, el 4 de Octubre se procederá al visionado de la película “From Cable Street to Brick Lane”, un documental que muestra las tensiones entre distintas etnias e ideologías durante los años previos a las Segunda Guerra Mundial, y que desembocaron en la batalla de Cable Street, de la cual hablé hace un par de meses en este otro post.

Es por tanto una ocasión ideal para visitar esta sala tan antigua como casi desconocida y que hará que por un momento nos transportemos en el tiempo, de una manera mucho más romántica y sin comernos la cabeza por neutrones y neutrinos. Sin embargo, y para aquel que siga dándole vueltas a la física, conviene quizá recordarle una frase del científico Stephen Hawking, y que viene a decir algo así como: “La imposibilidad de viajar al pasado, queda demostrada por la ausencia total de viajeros del futuro en nuestros días”.

Wilton’s Music Hall
Graces Alley
Londres E1 8JB

Un paseo musical por Londres II: Camden, el norte, y el este de la ciudad

La noche ha pasado, y, tras una jornada intensa en la que hemos recorrido casi la mitad de la ciudad en busca de aquellos lugares que en su día fueron descritos, retratados o habitados por músicos de todo tipo, ya estamos preparados para afrontar un nuevo día, el de hoy, y que nos llevará al norte y este de la capital. Para ello, retomamos el tour donde lo habíamos dejado, esto es, al norte de Denmark Street.

Desde aquí, y siguiendo High Holborn en dirección a Holborn precisamente, nos topamos con una calle a la izquierda llamada Museum Street. A partir de este punto, apenas 50 metros, giramos a la izquierda de nuevo, y nos encontraremos frente a un edificio de color azul. Ya lleva dos años cerrado, pero hasta entonces, esta sala fue una de las más míticas dentro de la escena electrónica londinense. Se trata de The End, ahora renombrado como The Den, y con una programación y estilo nada parecidos a los de su predecesor. Como curiosidad, en el antiguo The End, era muy habitual que la sesión de turno terminase con este tema (como no podía ser menos).

Dejamos atrás The End (o The Den, para ser exactos) y enganchamos New Oxford Street hasta Tottenham Court Road, donde cogeremos un autobús, digamos el 29, que nos llevará a Camden.

Según nos acercamos, y desde el autobús, podemos ver otro de los míticos locales de capital: Koko. Aunque no es el único ni el más importante. Al bajarnos en Camden y seguir por Camden High Street en dirección al mercado, veremos a nuestra derecha una sala llamada Electric Ballroom. Fue aquí donde, en 1978, Sid Vicious ofreció un recital (de nombre “Sid Sods Off”) junto a un grupo llamado Vicious White Kids, para recaudar fondos con los que pagar su billete y el de su novia, Nancy Spungen a Estados Unidos. Casi enfrente del Electric Ballroom, se encuentra una calle llamada Invernness Street. Al final, justo en la esquina derecha, se encuentra un pub llamado The Good Mixer, y cuyo interior está dedicado a numerosos artistas que solían dejarse caer por allí, siendo Pete Doherty uno de los últimos.

Y como de pubs va la cosa, no podemos pasar por alto el famoso The Hawley Arms (Hawley Road), elegido por la recientemente fallecida Amy Winehouse no solo para sus noches de farra, sino para saltarse la barra y ponerse a despachar pintas al personal.

A estas alturas, Camden High Street se habrá convertido ya en Chalk Farm Road. Sigámosla, y llegaremos a la sala más importante de la zona: The Roundhouse, elegida para sus conciertos por las bandas más importantes del panorama desde los años 60 (The Doors ofrecieron aquí su único concierto en el Reino Unido).

Dejamos Camden a un lado y, paseando por los canales llegamos a King’s Cross que nos recibe con su imponente (y precioso) edificio, el cual no solo alberga la estación internacional de St. Pancras, sino también el antiguo hotel Midland (ahora renovado y llamado St. Pancras Rennaisance), y cuyos interiores fueron usados, allá por 1996 para el rodaje del videoclip de “Wannabe” (¿de verdad hacía falta poner el enlace?) de las Spice Girls.

Éxitos pop aparte, dejamos la estación a bordo del autobús número 30, que nos llevará al corazón del barrio de Hackney. Este autobús cuenta con el nefasto honor de ser el que voló por los aires llevándose las vidas de 13 personas en la mañana del 7 de Julio de 2005, durante los famosos atentados de Londres. La banda londinense Bloc Party lo reflejó en las primeras estrofas de su “Hunting for Witches”.

El autobús sigue su camino y, al pasar por Highbury Corner, divisamos a hordas de personas que con dirección norte y ataviadas de una indumentaria blanquirroja, entonan cánticos a voz en grito. Son los seguidores del Arsenal F.C. (los “gooners”) camino del estadio. En este punto es conveniente que hagamos memoria, y recordemos un tema que empezó como una broma de los humoristas Badiel & Skinner recordando viejas gestas de la selección inglesa de cara a la Eurocopa del año 96, y que con el tiempo se ha convertido en un himno futbolístico para los ingleses, y de paso en medio mundo, siendo cuasi oficial en los descansos de los partidos del mundial, e incluso sonando al final del Carrusel Deportivo de la cadena SER.

Tras esto, y bajarnos en Dalston, estaremos a las puertas del East End londinense. Mientras bajamos por Kingsland Road en dirección sur, podemos hacer un repaso a los nuevos talentos que han surgido en el este londinense, muchos de ellos raperos como Dizzee Rascal, Tinie Tempah o Sway. Una de las canciones del primero, nos muestra como era su vida en los alrededores de su Bow natal, cuando todavía no había alcanzado la fama de la que goza a día de hoy. Sin embargo, mucho más al este de donde nos encontramos e incluso del propio Bow (en Leyton para ser exactos), otra banda con un carácter bien distinto vio la luz hace ya más de 30 años. Se trata de Iron Maiden, quienes describen la vida en un burdel de su barrio en la canción 22 Acacia Avenue.

Tras unos minutos paseando por Kingsland Road, cogemos Falkirk Street a nuestra derecha, por la que caminaremos, pero no de cualquier manera. Al menos habrá que rendir un pequeño homenaje al protagonista de este video e intentar imitarle. Porque sí, fue en esta calle por donde Richard Ashcroft se paseaba imperial en el famosísimo clip de “The Bittersweet Symphony”.

Acabado nuestro recorrido por Falkirk Street, que durará menos que la canción, y dado que el día va tocando a su fin, es hora de ir a refrescarnos con una buena pinta de cerveza (o lo que nos apetezca). La zona está llena de pubs, e incluso estamos a dos pasos de Shoreditch. De todas formas, y como queremos bañarnos en lo auténtico nos dirigimos a un pub de los de verdad: el British Lion en el 193 de Hackney Road. Aquí nos mezclaremos con los locals, y, si la cosa se anima, quizá podamos entonar alguno de los himnos de pub que tanto gustan a los ingleses cuando se les va de las manos con la cerveza. ¿Mi sugerencia? Este tema de Pete Doherty y su banda, Babyshambles, en el que hace referencia a distintos distritos londinenses. Su nombre, Albion, muy popular en Inglaterra a la hora de nombrar calles, negocios o pubs, nos transporta a la época de los primeros habitantes de las islas, pues éste fue el nombre que le dieron.

Abandonamos el pub, y ya podemos decir que hemos terminado nuestro tour por el Londres más musical. Como se pone a llover, decidimos coger un taxi que nos lleve hasta nuestro hotel/hogar. Es casi de noche, y media ciudad empieza a recogerse mientras la otra mitad se prepara para la noche que se avecina. Desde la ventana del vehículo, con las gotas salpicando, vemos como las farolas empiezan a encenderse en el exterior. Cogemos nuestro mp3, y, con el sueño acechando, decidimos poner una última canción, la que pondrá punto y final a nuestra aventura. Para nuestra sorpresa, se trata de un tema de Blur, una de las muchas bandas que seguro nos hemos dejado en la cuneta. Con los primeros acordes, nos da por recordar. Atrás hemos dejado más de veinte bandas, muchos otros distritos, y la sensación de que, a través de su música, hemos logrado conocer un poquito mejor la ciudad y todo lo que la rodea. Para cuando Damon Albarn dice “..take me home…” ya estamos casi dormidos.

Un paseo musical por Londres I: de Brixton al Soho

Londres y la música. Creo que ya lo he comentado muchas otras veces, pero nunca está de más. Y es que esta ciudad,  sin desmerecer a muchas otras grandes ciudades, merece un lugar privilegiado en la historia de la música, tras ser el lugar de nacimiento o residencia de numerosos artistas y servir de inspiración a tantos otros.

En el artículo de hoy quiero hacer algo un poco diferente. Dado que la empresa para la que escribo se encarga de realizar tours a medida por la capital, con diferentes actividades elegidas por el cliente, hoy me voy a poner en la piel de uno de esos trabajadores y voy a crear un tour a la vez que me doy un paseo por Londres repasando artistas, lugares y canciones que ya forman parte de la historia de la música en Londres. Antes de comenzar, solo quiero decir que pese a que detrás de este artículo hay un trabajo relativamente exhaustivo de búsqueda, por motivos de espacio, tiempo y casi diría yo que sentido común, no es posible dar cabida a todas las bandas posibles, por lo que pido perdón de antemano a los posibles fans si me dejo alguna en el tintero. Intentaré no obstante tocar distintos estilos musicales. También, y precisamente por motivos de espacio, he tenido que dividir el artículo en dos partes las cuales publicaré en distintos días. Eso, y una promesa: no mencionar el London Calling de The Clash, que ya está bastante trillado. Que lo disfrutéis.

·Mi tour musical por Londres empezaría en la zona sur, en el barrio de Brixton. Este controvertido barrio, con la mala fama por bandera, vio dar sus primeros pasos hace nada menos que 64 años a uno de los adalides de la escena musical londinense: David Bowie. Sin embargo, el barrio es mucho más conocido por las revueltas que tuvieron lugar en los 80 así como por las incontables casas okupadas durante los 70, escenario descrito perfectamente por la mítica canción de The Clash, “Guns of Brixton”.


Siguiendo hacia el norte, no muy lejos del barrio de Brixton, se encuentra la estación de Elephant and Castle, cerca de la cual encontramos el club Ministry of Sound, uno de los primeros en traer el house americano al viejo continente. Y hablando de música electrónica, no podemos pasar nuestro tour musical por la ciudad sin hablar de los Chemical Brothers. La dupla formada por Tom Rowlands y Ed Simmons  ha sido una de las que mejor ha repasado la geografía londinense a través de sus famosos videos. En ellos podemos ver lugares como el museo de historia natural (Hey Boy, Hey Girl) o el ya desaparecido teatro Astoria con la torre de Centre Point de fondo (Midnight Madness). En éste que posteo debajo, se ve a su protagonista en Tottenham Court Road, la estación de metro Maida Vale, subido a un autobús en Oxford Street, saliendo de la estación de Goodge Street o junto al edificio de ventanas triangulares de Henrietta Place (junto a Oxford Street), justo al final del video.


Aunque si lo que queremos es un repaso a lo mejorcito de Londres a través de las letras de una canción, quizá lo mejor será darle al play y escuchar esta pieza de la banda de Camden Madness, más conocida por temas como “It must be love” o “Our house”.

Siguiendo nuestro camino hacia el norte, pero desviándonos ligeramente al oeste, encontramos una de las localizaciones más míticas de la capital del Támesis. Se trata de la central eléctrica de Battersea, la cual se puede ver claramente desde el tren que nos lleva desde el aeropuerto de Gatwick a Victoria, y que además fue retratada en la portada del álbum “Animals” publicado en el año 77 por Pink Floyd.

Portada del album "Animals" de Pink Floyd

Tras esto, y cruzar el río, ya estamos en la mitad norte de la ciudad. Victoria nos recibirá con muchos teatros, y es que nos encontramos en el límite sur de la zona conocida como West End o Theatreland. Y precisamente a las chicas de este distrito está dedicada la canción que lanzó a la fama a los Pet Shop Boys, quienes a partir de entonces serían conocidos como los chicos del West End.

Desde aquí hacia el oeste, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Es por ello que si bien no encontramos una fuente de inspiración clara para los artistas, los más afortunados la eligieron como su lugar de residencia. Así tenemos Cheyne Walk, una calle del barrio de Chelsea, donde se alojaron Mick Jagger o Keith Richards o el tan visitado número 1 de Logan Place, en Earl´s Court, donde residió durante muchos años Freddie Mercury. Y no hay que olvidar que en ese mismo barrio de Chelsea se encuentra la mítica King’s Road, la calle donde se empezó a desarrollar el movimiento punk con la boutique de nombre SEX, propiedad de Vivienne Westwood y Malcolm McLaren (agente de los Sex Pistols), como lugar de reunión de artistas y representantes.

Siguiendo con nuestro camino rumbo al norte, nos adentramos de lleno en el corazón comercial de la ciudad: Oxford Circus. A escasos metros, de este famoso cruce de calles, se encuentra la que en su día fue piedra angular del movimiento mod, Carnaby Street, en cuyos aledaños ofrecieron los Rolling Stones su primer concierto. Al otro lado de Regent Street, la avenida paralela a Carnaby Street, avistamos un pequeño callejón de nombre Heddon Street. Los años no perdonan y Heddon Street se muestra irreconocible desde entonces, pero lo cierto es que fue aquí donde, en 1972, David Bowie y el fotógrafo Brian Ward crearon la portada de uno de los discos más representativos del cantante londinense “The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”.

David Bowie "in style": Ziggy Stardust

Dejándonos caer cuesta abajo por Regent Street, llegamos a la famosa plaza de Piccadilly Circus. Desde aquí podríamos coger la línea Bakerloo que nos llevaría a otros destinos musicales como pueden ser Baker Street (“Baker Street”- Gerry Rafferty) o Warwick Avenue (“Warwick Avenue” – Duffy). Incluso podemos hacer transbordo en la misma Baker Street y dirigirnos a St. John’s Wood, donde se encuentra el paso de cebra más famoso del mundo, el de Abbey Road, el que da nombre y forma parte de la portada del onceavo disco de los Beatles.

Sin embargo preferimos seguir nuestro camino por las calles del Soho londinense. Subiendo por Shaftesbury Avenue y girando a la derecha por Rupert Street, llegaremos a una calle donde habitualmente se celebra un mercadillo, de nombre Berwick Street. Puede que nos suene, y no es para menos. Aquí se tomó la fotografía que terminó siendo la portada del celebérrimo disco de Oasis “What’s the story morning glory?”.

Callejeando por el Soho, vamos a parar a uno de sus locales más míticos: Bar Italia en Frith Street, donde en 1926, y por primera vez en la historia, John L. Baird hizo una demostración pública de su invento, la televisión. La banda de Sheffield Pulp, con Jarvis Cocker a la cabeza, le dedicó una canción.

Nuestra jornada va tocando a su fin, y ya que la cosa va de “tocar”, ¿Por qué  no darse un garbeo por la calle de la música, Denmark Street, y echar un ojo y por qué no, probar alguno de los instrumentos que allí se venden? Tras esto, abandonamos la calle y nos dirigimos hacia el norte. Mañana tocará Camden, el norte, y el este de la ciudad. De momento, desenfundamos nuestros auriculares, encendemos nuestros mp3 y decimos adiós a este día con un tema que, si bien nada tiene que ver con la capital inglesa en su versión original salvo que fue producido por David Bowie (Lou Reed es neoyorquino), esta versión realizada por la BBC, nos ofrece la participación de numerosos artistas de la ciudad, como el propio Bowie, Elton John, Brett Anderson (Suede), Skye Edwards (Morcheeba) o Shane MacGowan (The Pogues). Hasta mañana.

Luces, sombras y espejos

De cuando en cuando y por razones que no voy a precisar aquí, pero que están estrechamente relacionadas con la empresa para la que trabajo, tengo la oportunidad de asistir a la noche inaugural de numerosas exhibiciones de arte en la ciudad de Londres, para así codearme con lo más granado de la galaxia artística londinense (marchantes, coleccionistas, artistas…).

No es que sea mi ambiente, y la verdad, para ser sincero, la mayoría de las veces voy para tomarme una (o dos) copa de vino a la salud de la galería, que las ofrece de manera gratuita entre los asistentes.

Sin embargo, en alguna ocasión, tengo que reconocer que mi asistencia ha merecido la pena. Éste fue el caso de la inauguración a la que asistí hace dos semanas en la sala de All Visual Arts en el número 2 de Omega Place, junto a la estación de King’s Cross.

Se trata de la exposición del ya fallecido artista francés Charles Matton, quien cultivó numerosas disciplinas a lo largo de los años, destacando sus facetas como escultor, pintor y maquetista.

Y es esta última la que me sorprendió más gratamente, ya que entre los objetos expuestos en dicha exhibición, se encuentran distintas maquetas realizadas por el artista desde el año 1985, algunas de ellas nunca expuestas con anterioridad.

En ellas, Charles Matton recrea con minuciosidad y al detalle, estancias visitadas por su persona a lo largo de los años, como pueden ser bibliotecas, áticos y habitaciones de hotel, todo ello junto a un juego de luces, sombras y espejos que te mantiene pegado al cristal un buen rato intentando desvelar cómo narices consigue dar tanta profundidad y realismo a sus creaciones.

Personalmente, lo de la luz en el mundo del arte es algo que me atrae bastante. Por ejemplo, y como mostraba una de las maquetas, una luz anaranjada, incandescente, como si del último atardecer de la historia se tratase y que se cuela a través de unas cortinas, penetrando en una habitación completamente diáfana, me transportó, por alguna razón que se me escapa, a mi infancia más temprana.

Así mismo, una luz mucho más clara, blanquecina y cegadora, inundando una estancia bien amueblada y con las ventanas abiertas por donde casi sentía entrar la brisa veraniega, me transportó a los largos veranos de mi juventud, tirado en mi cama esperando a que llegase la noche, se fuese el calor y así poder salir a la calle con mis amigos.

Como siempre en el mundo del arte, lo de los sentimientos es personal, pero si alguien quiere disfrutar de las distintas sensaciones que Charles Matton plantea, o simplemente sentir el impulso de romper el cristal e introducirse dentro de alguna de las maquetas, pasaos por el salón de All Visual Arts en Caledonian Road (a 100 metros de la estación de King’s Cross) y disfrutad de esta exhibición completamente gratuita. Además, y para el que le interese, quedaos con la dirección, ya que esta sala suele exponer una vez al mes, no costando el acceso a la misma ni una mísera libra.

All Visual Arts
2 Omega Place
Londres N1 9DR
Abierto de Martes a Domingo de 10 a 6 de la tarde.
http://allvisualarts.org/

 

Scooterworks café: de taller a cafetería vintage

En los alrededores de la estación de Waterloo se encuentra uno de esos rincones que merece la pena visitar al menos una vez, ya sea por su encanto o porque cada vez es más difícil ver sitios así en lugares tan céntricos.

El lugar en cuestión se llama Scooterworks café, una cafetería decorada con multitud de objetos entre los que destacan las distintas partes que componen una scooter, en este caso, quizá la más famosa del planeta: la Vespa. Sin embargo, esta cafetería con aroma vintage, no siempre tuvo esta apariencia. Y es que en apenas dieciséis años de vida, este local del sur de Londres ha pasado de ser un taller de motocicletas a lo que es hoy, un centro de reunión donde por donde se pasean artistas o trabajadores de la zona.

Inaugurado hace más de tres lustros por un neozelandés llamado Craig O’Dwyer, y con el nombre de Scooterworks Ltd., el sitio no era sino un taller de reparación de motocicletas. Todo cambió tras la decisión de servir café a los clientes mientras esperaban. Un café de tan buena calidad que en seguida alcanzó la fama suficiente como para que la gente viniera de fuera a probarlo.

Con el tiempo, el café ganó tanta popularidad que llegó a ensombrecer al negocio principal, el taller de motos, por lo que su dueño decidió reubicar el garaje un par de millas más al este, en Bermondsey, y dejar así el local de Waterloo como cafetería única y exclusivamente.

A día de hoy la cafetería sigue ganando adeptos que se acercan a curiosear entre la multitud objetos expuestos o a tomarse un café mientras juguetean con el gato que suele pasearse por allí, cuyo nombre desconozco, pero que es un asiduo desde hace tiempo, además de muy querido por la parroquia. Para todo aquel que quiera ser uno más, la dirección es 132 Lower Marsh Street, y abre todos los días desde las 8:30 hasta las 11 de la noche, excepto Viernes y Sábados que cierra a las 12. Su día de descanso es el Domingo.

Como añadido, y para los que desconozcan la zona, os recomiendo que os paséis por el pasadizo de Leake Street, también conocido como el túnel de Banksy, y que se encuentra a escasos metros de la entrada del café. Se trata de un túnel lleno de graffitis (por lo visto dentro del túnel son legales) y que se hizo famoso hace años tras una exposición realizada por Banksy. Aunque a día de hoy sigue sorprendiendo a todo el que lo visita por primera vez, con los años ha ido perdiendo muchas de sus mejores piezas, algunas del propio Banksy, ya que otros han pintado encima. Pese a todo, sigue siendo un mural gigante donde se expresan numerosos artistas callejeros. Aquí os dejo un video de cómo se veía el túnel hace unos años.

El cielo existe. Y además, está en Peckham

Pues sí. Efectivamente, el cielo existe. Bueno, puede que esto no sorprenda a cualquiera que ya diera por sentada la existencia del etéreo paraíso. Lo que seguro llama la atención, es que éste se encuentra ni más ni menos que en Peckham, ese barrio del sur de Londres con fama de inseguro y a veces peligroso, lo cual se reafirmó tras los disturbios de principios de Agosto (de los que ayer se cumplió un mes por cierto) cuando el vecindario fue uno de los más afectados, con muchos de los participantes en las revueltas alardeando de su procedencia.

Por tanto, llegar al “cielo” de Peckham no será cosa fácil. Lo primero, tenéis que bajaros en Peckham Rye, estación a la que se accede fácilmente con trenes desde King’s Cross o London Bridge. Una vez abandonéis la estación, seguid de frente y daréis con la calle principal, llamada Rye Lane. Torced a la izquierda y posicionaos enfrente del McDonald’s que hace esquina. Justo al otro lado de la calzada, comienza una calle de pequeño recorrido. Entrad en ella y seguid por el único itinerario posible, esto es, primero derecha, y luego izquierda otra vez. Sin comerlo ni beberlo, os encontraréis en un callejón sin tiendas ni viviendas, y con la sola compañía de las vías de tren a un lado, y un edificio completamente abandonado al otro. Pese a los antecedentes del barrio, no os preocupéis, y buscad una entrada al edificio que se encuentra a vuestra izquierda. Seguramente no habrá más que un papel pegado a la puerta, o sea que no busquéis grandes indicaciones porque no las hay.

Una vez dentro ascended por la escalera hasta la planta 6, que es lo máximo que podéis subir, para encontraros entonces en mitad de un parking abandonado, sin apenas un mísero vehículo. A estas alturas (y nunca mejor dicho) más de uno habrá dejado de leer, o se habrá dado media vuelta. Para los que seguís conmigo, seguid ascendiendo por el parking pero como si fuerais un coche, es decir, usando las rampas, ya que no hay más escaleras y el ascensor no está operativo.

Finalmente, habréis llegado a la planta 7, donde empezaréis a percibir señales de vida, en forma de esculturas y proyectos de artistas. Y es que efectivamente, desde la planta 7 a la 10, este edificio abandonado, que no en ruinas, es “propiedad” si se le puede decir así, de un grupo de artistas llamado Bold Tendencies. Aquí, en la planta 7, incluso cuentan con una pequeña sala llamada Auditorium, y que con su forma circular y asientos recubiertos de paja, recuerda más a un viejo granero. En él se proyectan películas de cuando en cuando.

Asientos y entrada al Auditorium

Sin embargo, lo mejor está por llegar. Justo en el extremo contrario del parking, buscad una entrada bastante amplia y que os permite acceder al exterior. Si habéis llegado hasta aquí, terminad de subir lo poco que os queda y preparaos para lo que os he prometido: el “cielo” en Peckham. Y es que queridos lectores y lectoras, para un servidor al menos, la vista desde aquí es sin duda la mejor de Londres. Big Ben, London Eye, St. Paul’s, la City de cabo a rabo, Canary Wharf, todos ellos como formando parte de una misma postal de dimensiones estratosféricas.

Aquí arriba además, se encuentra el bar Frank’s, con multitud de mesas, y, sobre todo, con multitud de personas, lo cual contrastará con vuestros minutos de soledad por el interior del parking. Ni que decir tiene que las mejores vistas se disfrutan de noche, lo cual hará que vuestro periplo hasta encontrar el camino de acceso sea más inquietante si cabe.

Un lugar pues, para disfrutar de los proyectos de diferentes artistas, y de una copa de vino, cerveza o quizá de algo de comer (también sirven comidas), con la ciudad de Londres a tus pies.  Eso sí, si queréis visitarlo, daos prisa, ya que este lugar solo abre durante los meses de verano y cerrará sus puertas el 30 de Septiembre, para volver a abrir en el año 2012.

Más información:

http://boldtendencies.com/

http://www.frankscafe.org.uk/

London Bridge: de Victoria Park al desierto de Arizona

Vaya veranito que hemos pasado por Londres. Y con lo de pasado, me refiero a pasado por agua, siendo la lluvia una constante durante Julio y Agosto. Una pena, porque unos meses que a priori se presentaban inundados de actividades al aire libre como barbacoas, parques, terracitas y demás, se han inundado pero no de gente y por motivos muy distintos.

Ayer no fue una excepción. La lluvia, a veces de forma torrencial, hizo de nuevo acto de presencia especialmente durante la segunda mitad del día. La diferencia, al menos para conmigo, fue que esta vez me pilló totalmente desprevenido, en medio de Victoria Park, en el barrio de Hackney.

Al principio, no era sino un mísero calabobos por lo que no me preocupé en buscar refugio, pero una vez la cosa fue a mayores, decidí que lo mejor sería parapetarme debajo de un árbol y esperar a que escampase.

Parecía abrirse un claro, así que pensé que era el momento de proseguir mi marcha. Craso error, ya que apenas un par de minutos después se desató la más virulenta de las tormentas. Calado en apenas quince segundos, me puse a correr como alma que lleva el diablo en busca de un techo consistente, pues ya ni los árboles protegían de nada. Y fue entonces cuando los vi. Dos pequeños nichos, uno situado a unos veinte metros del otro, y que me ofrecían la salvación instantánea. Aunque lo que primero fue una salvación, estaba por convertirse en el descubrimiento del día.

Y es que para mi sorpresa, y al llegar a ellos me di cuenta, estos dos refugios no eran sino un par de hornacinas que en el pasado habían formado parte ni más ni menos que del antiguo Puente de Londres, aquel que durante más de 600 años ofreció a los londinenses el único paso sobre el río Támesis. Vamos, toda una reliquia que había sobrevivido a varios siglos para encontrarme a mí, en el año 2011, en medio de una tormenta.

La verdad que fue una experiencia cuanto menos curiosa, y es que hablar del Puente de Londres es hablar de uno de los elementos más importantes en la historia londinense. Desde que los romanos llegaran a Londres hace más de dos milenios, ha habido al menos diez puentes cruzando el Támesis sobre el mismo punto donde hoy lo hace el actual, aunque sin duda son tres los de mayor relevancia histórica.

El primero, y principal (del que proceden precisamente los refugios de los que hablaba), fue el construido alrededor del año 1160, y que salvo reformas puntuales, se mantuvo en pie durante unos 600 años como ya he dicho antes. Este puente, sin embargo, se mostraba muy distinto al que cruzamos a día de hoy. Tras su construcción, el rey John decidió que se debían edificar casas en el mismo para así cobrar los alquileres. Así que el puente de Londres no solo era un puente, sino también una calle más con sus tiendas, viviendas y demás. Lo que no había era bares, dada la imposibilidad de construir bodegas, por aquel entonces esenciales para la existencia de cualquier taberna.

Con el paso del tiempo, y el progresivo desarrollo de nuevas viviendas, el espacio intermedio por el que debían pasar carruajes y transeúntes se fue estrechando, llegando a convertir el hecho de cruzar el puente en una odisea de más de una hora. Se cree de hecho, que fue a partir de aquí que se crearon las primeras normas para la regulación del tráfico, obligando a los carruajes a circular por la izquierda ya que así los jinetes, que a menudo golpeaban su látigo con la derecha, tendrían menos posibilidades de sacarle un ojo a alguien al quedar éste en la parte interior de la calzada.

Otra vista que nos habría sorprendido, sino espantado, era la colocación de numerosas cabezas sobre lanzas en el extremo sur del puente, y que correspondían a personas que habían sido previamente ejecutadas. Solo los que habían traicionado al rey vieron sus cabezas saludando a todo el que pasaba, pues ésta era la pena para los que consumaron su perfidia para contra el monarca. La primera cabeza expuesta en el puente fue la del escocés William Wallace.

Imagen de 1682 del Puente de Londres. A la derecha podemos ver las cabezas sobre la torre sur.(Pulsa en la imagen para mayor definición)

A lo largo de esos 600 años, el Puente de Londres sufrió innumerables desperfectos, algunos ocurridos de forma natural, otros provocados por los propios londinenses. Como por ejemplo, distintos incendios en los inmuebles y que fueron parte de las revueltas de campesinos lideradas por Wat Tyler.

Sin embargo, si las cosas sobre el puente tenían mala pinta, no eran mucho mejores por debajo. Y es que en el momento de su construcción, no se tuvo en cuenta la corriente del río, y el elevado número de arcos, junto con su estrechez, hacían que la corriente se acelerase de manera violenta a su paso bajo el puente. Ni que de decir tiene que más de una embarcación, tripulación incluida, se vio engullida por las aguas al pasar por dichos arcos, en una maniobra que se conocía como “Shooting the bridge”.

Finalmente, y tras seis siglos donde incluso sobrevivió a las llamas del Gran Incendio de Londres, en el año 1750 el ayuntamiento de Londres decidió que era hora de un lavado de cara importante, por lo que sacó a concurso la construcción de un nuevo puente, apenas 30 metros al oeste del  Puente de Londres. Unos 90 años después, y ya construido el nuevo, el viejo Puente de Londres fue demolido.

Este nuevo puente de Londres, diseñado por John Rennie, fue inaugurado en el año 1831, y así permaneció hasta que fue sustituido por el actual, inaugurado en 1973 por la reina Elizabeth II.

Como veis, una historia de siglos que me hizo sentir afortunado al encontrarme con estos dos refugios improvisados en los que más de un mendigo habrá pasado la noche en la Edad Media. Sin embargo, si lo que queréis es ver un auténtico resto de aquel Puente de Londres medieval sin desplazaros hasta Victoria Park, podéis dirigiros al King’s Arms, un pub no muy lejos del puente actual (Newcome Street), y disfrutar del magnífico escudo que preside la entrada, el cual fue salvado de la entrada sur del puente, y que muestra el escudo de armas de Jorge III.

Este escudo y las dos hornacinas, son los únicos vestigios de aquel puente, que un día fue vital para el desarrollo de la ciudad, ya que no existía otra manera de cruzar el Támesis cuando se viajaba en un carruaje. Auténticas reliquias que descansan en la ciudad, y que pasan desapercibidas para la gran mayoría. Por cierto, y como curiosidad final, si lo que queréis es buscar restos del segundo puente, aquel construido en el siglo XIX, ni os molestéis. Fue vendido a un magnate americano en el año 1967 y en el año 1971, tras ser transportado sección por sección, fue inaugurado en la ciudad de Lake Havasu, Arizona, donde permanece a día de hoy, siendo la segunda atracción más visitada del estado tras el Gran Cañón. Ahí es nada.

El Puente de Londres en Lake Havasu