London Bridge: de Victoria Park al desierto de Arizona

Vaya veranito que hemos pasado por Londres. Y con lo de pasado, me refiero a pasado por agua, siendo la lluvia una constante durante Julio y Agosto. Una pena, porque unos meses que a priori se presentaban inundados de actividades al aire libre como barbacoas, parques, terracitas y demás, se han inundado pero no de gente y por motivos muy distintos.

Ayer no fue una excepción. La lluvia, a veces de forma torrencial, hizo de nuevo acto de presencia especialmente durante la segunda mitad del día. La diferencia, al menos para conmigo, fue que esta vez me pilló totalmente desprevenido, en medio de Victoria Park, en el barrio de Hackney.

Al principio, no era sino un mísero calabobos por lo que no me preocupé en buscar refugio, pero una vez la cosa fue a mayores, decidí que lo mejor sería parapetarme debajo de un árbol y esperar a que escampase.

Parecía abrirse un claro, así que pensé que era el momento de proseguir mi marcha. Craso error, ya que apenas un par de minutos después se desató la más virulenta de las tormentas. Calado en apenas quince segundos, me puse a correr como alma que lleva el diablo en busca de un techo consistente, pues ya ni los árboles protegían de nada. Y fue entonces cuando los vi. Dos pequeños nichos, uno situado a unos veinte metros del otro, y que me ofrecían la salvación instantánea. Aunque lo que primero fue una salvación, estaba por convertirse en el descubrimiento del día.

Y es que para mi sorpresa, y al llegar a ellos me di cuenta, estos dos refugios no eran sino un par de hornacinas que en el pasado habían formado parte ni más ni menos que del antiguo Puente de Londres, aquel que durante más de 600 años ofreció a los londinenses el único paso sobre el río Támesis. Vamos, toda una reliquia que había sobrevivido a varios siglos para encontrarme a mí, en el año 2011, en medio de una tormenta.

La verdad que fue una experiencia cuanto menos curiosa, y es que hablar del Puente de Londres es hablar de uno de los elementos más importantes en la historia londinense. Desde que los romanos llegaran a Londres hace más de dos milenios, ha habido al menos diez puentes cruzando el Támesis sobre el mismo punto donde hoy lo hace el actual, aunque sin duda son tres los de mayor relevancia histórica.

El primero, y principal (del que proceden precisamente los refugios de los que hablaba), fue el construido alrededor del año 1160, y que salvo reformas puntuales, se mantuvo en pie durante unos 600 años como ya he dicho antes. Este puente, sin embargo, se mostraba muy distinto al que cruzamos a día de hoy. Tras su construcción, el rey John decidió que se debían edificar casas en el mismo para así cobrar los alquileres. Así que el puente de Londres no solo era un puente, sino también una calle más con sus tiendas, viviendas y demás. Lo que no había era bares, dada la imposibilidad de construir bodegas, por aquel entonces esenciales para la existencia de cualquier taberna.

Con el paso del tiempo, y el progresivo desarrollo de nuevas viviendas, el espacio intermedio por el que debían pasar carruajes y transeúntes se fue estrechando, llegando a convertir el hecho de cruzar el puente en una odisea de más de una hora. Se cree de hecho, que fue a partir de aquí que se crearon las primeras normas para la regulación del tráfico, obligando a los carruajes a circular por la izquierda ya que así los jinetes, que a menudo golpeaban su látigo con la derecha, tendrían menos posibilidades de sacarle un ojo a alguien al quedar éste en la parte interior de la calzada.

Otra vista que nos habría sorprendido, sino espantado, era la colocación de numerosas cabezas sobre lanzas en el extremo sur del puente, y que correspondían a personas que habían sido previamente ejecutadas. Solo los que habían traicionado al rey vieron sus cabezas saludando a todo el que pasaba, pues ésta era la pena para los que consumaron su perfidia para contra el monarca. La primera cabeza expuesta en el puente fue la del escocés William Wallace.

Imagen de 1682 del Puente de Londres. A la derecha podemos ver las cabezas sobre la torre sur.(Pulsa en la imagen para mayor definición)

A lo largo de esos 600 años, el Puente de Londres sufrió innumerables desperfectos, algunos ocurridos de forma natural, otros provocados por los propios londinenses. Como por ejemplo, distintos incendios en los inmuebles y que fueron parte de las revueltas de campesinos lideradas por Wat Tyler.

Sin embargo, si las cosas sobre el puente tenían mala pinta, no eran mucho mejores por debajo. Y es que en el momento de su construcción, no se tuvo en cuenta la corriente del río, y el elevado número de arcos, junto con su estrechez, hacían que la corriente se acelerase de manera violenta a su paso bajo el puente. Ni que de decir tiene que más de una embarcación, tripulación incluida, se vio engullida por las aguas al pasar por dichos arcos, en una maniobra que se conocía como “Shooting the bridge”.

Finalmente, y tras seis siglos donde incluso sobrevivió a las llamas del Gran Incendio de Londres, en el año 1750 el ayuntamiento de Londres decidió que era hora de un lavado de cara importante, por lo que sacó a concurso la construcción de un nuevo puente, apenas 30 metros al oeste del  Puente de Londres. Unos 90 años después, y ya construido el nuevo, el viejo Puente de Londres fue demolido.

Este nuevo puente de Londres, diseñado por John Rennie, fue inaugurado en el año 1831, y así permaneció hasta que fue sustituido por el actual, inaugurado en 1973 por la reina Elizabeth II.

Como veis, una historia de siglos que me hizo sentir afortunado al encontrarme con estos dos refugios improvisados en los que más de un mendigo habrá pasado la noche en la Edad Media. Sin embargo, si lo que queréis es ver un auténtico resto de aquel Puente de Londres medieval sin desplazaros hasta Victoria Park, podéis dirigiros al King’s Arms, un pub no muy lejos del puente actual (Newcome Street), y disfrutar del magnífico escudo que preside la entrada, el cual fue salvado de la entrada sur del puente, y que muestra el escudo de armas de Jorge III.

Este escudo y las dos hornacinas, son los únicos vestigios de aquel puente, que un día fue vital para el desarrollo de la ciudad, ya que no existía otra manera de cruzar el Támesis cuando se viajaba en un carruaje. Auténticas reliquias que descansan en la ciudad, y que pasan desapercibidas para la gran mayoría. Por cierto, y como curiosidad final, si lo que queréis es buscar restos del segundo puente, aquel construido en el siglo XIX, ni os molestéis. Fue vendido a un magnate americano en el año 1967 y en el año 1971, tras ser transportado sección por sección, fue inaugurado en la ciudad de Lake Havasu, Arizona, donde permanece a día de hoy, siendo la segunda atracción más visitada del estado tras el Gran Cañón. Ahí es nada.

El Puente de Londres en Lake Havasu

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