Un Viernes distinto: haciendo sidra a la sombra de un castillo

¡Joder qué torrera! Y con perdón, pero es que acabo de volver de la calle empapado en sudor y ya van quien sabe cuántos días consecutivos con la misma cantinela. Porque los días azules sin una mísera nube y con temperaturas elevadas que deberíamos haber disfrutado durante el verano, los estamos casi diría yo que sufriendo ahora, principios de Octubre y finales de Septiembre. Un Indian summer (algo así como el veranillo de San Miguel) que ha traído consigo un record, el de la máxima temperatura registrada en el Reino Unido para un mes de Octubre, registro que se obtuvo ayer mismo en Kent donde los termómetros alcanzaron la nada desdeñable cifra de 29,9 grados.

Con esto, y como es de imaginar, las playas, parques, terrazas y demás lugares de esparcimiento al aire libre se han visto asediados por hordas de personas que buscaban redimirse tras un frustrante verano.

Con estos, lo más probable es que hayamos agotado los días agradables que le quedaban al calendario, ya que previsiblemente en breve empezaremos la imparable cuesta abajo camino del invierno.

Pero por si la meteorología nos vuelve a sorprender de aquí en adelante, o simplemente queréis hacer algo distinto en Londres sin moveros de la ciudad, aquí os traigo una actividad que realicé hará ya un par de semanas y que sin duda recomiendo a todo el mundo.

Para ello, tendréis que desplazaros a la zona norte de Londres, más en concreto a los alrededores de Manor House, donde se encuentra una avenida llamada Green Lanes. Es en la mitad sur de esta avenida, la que se dirige hacia el barrio de Stoke Newington y justo a mitad de camino entre la estación de Manor House y Clissold Park, donde nos toparemos con un edificio cuanto menos llamativo. Se trata del llamado Castillo de Green Lanes, y que, pese a su apariencia de fortaleza, no es sino una estación de bombeo en desuso. El porqué de sus caprichosas formas, se debe a la manía de los victorianos de dotar a todo lo que hacían de una elegancia y sobriedad que hacían que, por ejemplo, una estación de bombeo de agua pareciese más la residencia de un terrateniente escocés.

A día de hoy, el castillo es un centro de reunión para los amantes de la escalada, que se puede practicar en su interior, el cual ha sido habilitado para tal fin. Aunque lo de escalar no es lo mío, conozco a varios habituales del lugar, y por lo visto es una experiencia recomendable a cualquiera que le guste.

Sin embargo, si hoy os he traído hasta aquí es para unos menesteres bien distintos. Al llegar al castillo y a su recepción, firmad en el libro de visitas y cruzad la zona de escalada hasta llegar al jardín que se encuentra en su parte posterior. Este jardín, o más bien huerta donde crecen todo tipo de verduras y frutas, es propiedad del castillo, aunque los encargados de su manutención son un grupo de voluntarios formado por vecinos de la zona. De todas formas, cualquiera puede pasarse y ayudar. Un minuto, una hora, o dos días a la semana. Con total tranquilidad, disfrutando de un día al aire libre y posiblemente haciendo cosas que nunca te hubieras imaginado hacer en mitad de la ciudad de Londres.

Por ejemplo, el día que fui yo, instado por unos amigos ingleses que suelen pasarse de vez en cuando, estuvimos haciendo sidra. Para ello cuentan con un par de artilugios, uno que trocea la fruta (manzanas y peras), y otro que la prensa, extrayendo así todo su jugo. Sin ninguna obligación más allá de lo que uno o una quiera aportar, el día transcurrió entre risas, juegos e incluso nos invitaron a comer. Organizados en equipos, algunos se encargaban de lavar y cortar la fruta, otros de trocearla y unos últimos la prensaban, para luego destinar la mitad del jugo a la elaboración de sidra, y la otra mitad para venderla en el café del castillo como zumos. Al dejar el lugar, cada una de las personas que habían participado en la jornada, también se llevó una botella de zumo a casa.

Ésta fue mi experiencia, pero por lo que me comentaron, la semana anterior estuvieron preparando vino a la antigua usanza, esto es, pisando la uva, y dos semanas antes, recolectando miel de los panales que se encuentran en uno de los laterales de la huerta.

Una experiencia curiosa, y que recomiendo a cualquiera que quiera pasar un día al aire libre, mezclándose con vecinos de la zona, y realizando una actividad que es más propia de granjas o pequeñas poblaciones lejos de la ciudad. Por si os queréis pasar, el día “oficial” para ofrecerse voluntario es el Viernes, en cualquier momento entre las 9:00 y las 19:00, y con una comida ofrecida por la cafetería del castillo incluida. Y cuando digo “oficial”, me refiero al día en el que se programan actividades como lo de la sidra. Sin embargo, si decidís dejaros caer cualquier otro día, estarán más que felices de recibiros y os podréis unir a lo que sea que se traigan entre manos.

Algunas fotos de mi mañana en el castillo:

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