“Bicicleando” por Epping Forest

Cuando uno se encuentra en medio de una gran ciudad, rodeado de edificios, vehículos circulando a gran velocidad y toda la parafernalia tipo semáforos, letreros luminosos y demás que componen el paisaje urbano típico, lo más seguro es que no se pare a pensar en que pueda existir otra realidad distinta a esa.

Y no es que no sepamos que existe vida más allá de los límites de la metrópoli, lo que pasa es que el mundo de hormigón y asfalto, con sus prisas y obligaciones, nos atrapa de tal manera en sus entrañas que a veces parecemos estar viviendo en una burbuja autárquica, sin apenas relación con el exterior.

Pero la verdad es que el exterior existe, por muy grande que sea la ciudad, y, al menos de momento, los espacios abiertos siguen ganando en extensión a los espacios urbanos en todo el planeta.

Londres, aunque pueda parecer muy grande (que lo es), también tiene sus límites. Aunque claro, una ciudad de estas dimensiones no se acaba con un punto y final, o con una muralla que la separe del entorno que la rodea. No. Más bien se difumina poco a poco en el paisaje boscoso, salpicando las colinas y esplanadas de pequeños edificios, como si se resistiese a una muerte inevitable. Pues bien, es en esa zona de nadie, cuando la urbe exhibe el poco ladrillo que le queda y la naturaleza empieza a mostrarse cada vez más insultante, donde se encuentran muchas de las mejores reservas naturales de la ciudad, como los conocidos Hampstead Heath o Richmond Park.

Sin embargo, la reserva más grande de todas, y sin embargo mucho menos conocida, es la que se encuentra al Noreste de la ciudad, en los límites de la misma con el condado de Essex. Se trata de la reserva natural de Epping Forest, un bosque con más de mil años de antigüedad con lagos y pantanos por doquier y en donde las palabras calma, paz y relajación fluyen por sus riachuelos o yacen en sus pistas y caminos.

Una delicia para los sentidos que además, en estas fechas, se muestra mucho más llamativa si cabe, con un despliegue de amarillos y ocres que acentúan el sentimiento otoñal que de entrada  aportan la multitud de hojas en el suelo y sus caminos embarrados.

Con esas, ayer me decidí a acercarme por la zona e intentar conocer de primera mano lo que antes solo había visto en fotografías. He de decir, además, que en esta ocasión me desplacé hasta allí vía bicicleta, un poco de locura teniendo en cuenta que me esperaban más de 30 kilómetros entre la ida y la vuelta (y sin contar, que no me lo esperaba, con el aguacero que me cayó a la vuelta), aunque una vez allí mereció la pena, ya que la extensión del parque es tal, que de haber ido andando no hubiera visto ni la mitad de lo que vi.

De todas formas, para el que se decida a ir en metro, la mejor parada es Loughton en la Central Line, y desde ahí  caminad por Forest Road que os llevará directamente al corazón del bosque. Además, esta misma zona de Loughton, parece ser la más interesante para parar a comer, ya que cuenta con multitud de establecimientos (a tener en cuenta la diferencia de precios con el centro de Londres) y con más de un pub con bastante encanto en las lindes del bosque.

Por mi parte, entre que me perdí y di más vueltas que un tiovivo, llegué poco antes de la hora de la comida, pero eso sí, me dio tiempo de sobra a pasearme durante unas dos horas por la reserva, la verdad sin rumbo fijo, pero con la esperanza de que cuando me decidiera a volver encontraría el camino de vuelta. Durante ese par de horas me tropecé con todo tipo de paisajes, desde granjas donde el ganado (unas vacas de tamaño considerable) andaba suelto, hasta pequeños valles que, según leí más tarde, tienen su origen en la época glacial. Por sus valles en forma de uve, también me topé con numerosos jinetes. Esto, y la gran cantidad de marcas de herraduras en el barro, me hace pensar (que listo soy), que los paseos a caballo están a la orden del día en el parque. Todo este sube y baja, en donde a ratos el amarillo de las hojas reposando en el suelo hacía daño a la vista, me dio un poco de hambre, así que decidí bajarme a Loughton a comer. Una visita rápida, sí, pero que pienso repetir con más calma, y, a ser posible, mirando la predicción del tiempo antes de salir de casa. Por aquello de no volver hecho una sopa.

Algunas fotos de mi otoñal periplo…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

3 Respuestas a ““Bicicleando” por Epping Forest

  1. Yo descubrí hace poco las “Railway Fields”, un bosquecito pequeño pero encantador en frente de la estación de Harringay. Al parecer cuando es época, la gente va ahí a recoger frutas del bosque. No es un destino turístico pero sí un punto obligatorio si os encontráis paseando por la zona. http://en.wikipedia.org/wiki/Railway_Fields

    • Buenas y gracias por tu aportación. Conocí Railway Fields hace un par de años, y parece mentira que ese trocito de naturaleza esté ahí, justo al lado de Green Lanes con sus atascos y demás. Puro contraste. Como dice Yosiposi, si alguien está por la zona, la visita merece la pena.

  2. Gracias por tus preciosos comentarios, yo que me tengo por una apasionada de Londres, me encanta leer nuevas cosas y sobre todo cosas poco turisticas, cosas nuevas, cosas interesantes. Que sepas que tiene una fiel eguidora de tu blog en mi. Un abrazo desde Segovia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s