Archivo mensual: diciembre 2011

Lea River: el “otro” río perdido

Hace un par de días, en el artículo referente al barrio de Clerkenwell, hacía mención de uno de los ríos perdidos de Londres: el Fleet. Y no solo eso, sino que hace muchos más días, meses diría yo, escribí un artículo refiriéndome pues eso, a los ríos perdidos de la capital británica. Son muchos la verdad, y cada uno con su historia. Una historia que, por otra parte, no hace más que despertar la curiosidad de mucha gente que se pregunta qué ha sido de ellos y cómo es posible que se hayan perdido, no solo en las entrañas de la ciudad, sino en la memoria de los londinenses.

Sin embargo, tan preocupados estamos a veces por el pasado, que descuidamos el presente de manera descarada. Y es que con la misma historia en sus lindes que el Fleet, Tyburn, Walbrook y compañía solo que fluyendo todavía a cielo abierto, está el río Lea, al este de la ciudad. Quizá tan al este como para que muchos y muchas ni se percaten de su existencia. Pero la realidad, es que este río es, (muy) por detrás del Támesis, el más importante de los que todavía cruzan la ciudad de Londres.

Rezumando en alguna ladera cercana a Luton, en una zona de colinas conocida como las Chilterns, el Lea comienza su andadura precipitándose en dirección sureste hasta llegar al condado de Hertfordshire, el cual atraviesa de norte a sur a través de una zona de humedales y lagos varios conocida como Lee (he aquí otra manera de escribir el nombre del río) Valley Park. Este parque natural, inaugurado en 1967, se extiende desde el ya citado condado de Hertfordshire hasta la misma desembocadura del río, en Trinity Buoy Wharf, cerca de la estación del DLR de East india.

Una de las características de este parque, es que desde el año 1993, los caminos que discurren por las orillas del río se han adecuado de tal manera que es posible circular con una bici desde el mismo Luton hasta la desembocadura del río. Esto, unido a que el Lee Valley White Water Centre fue designado en su día como sede para las pruebas de canoa en las Olimpiadas que se nos vienen encima, hizo que me animase hace unos días, y me diese un garbeo a ver como estaba la zona algunos meses antes de que se ponga de bote en bote.

Para empezar, el recorrido es un recorrido de contrastes. Tan pronto se encuentra uno con humedales y lagos de lo más salvajes, como que atraviesa zonas industriales con un paisaje (y un olor) ciertamente desagradable. Sin duda, el paseo gana enteros según vamos dejando atrás la ciudad.

Aquel día, y puesto que estaba con fuerzas, me propuse llegar hasta Broxbourne, una ciudad en el corazón del parque regional, y que siempre me había llamado la atención viéndola desde el tren que se dirige a Stansted. Para ello, comencé mi periplo a la altura de Springfield Park, un parque de coloridos jardines (no en estas fechas) en el barrio de Clapton. Desde aquí se accede fácilmente a la zona del recorrido llamada Walthamstow Marshes (pantanos de Walthamstow), una porción de tierra al este del río llena de humedales y desde donde, en el año 1909, se realizó el primer vuelo a motor en la historia de Inglaterra. Una placa azul colocada junto a un puente que cruza uno de los caminos, nos recuerda los hechos.

Desde aquí en dirección norte, el camino, algo estrecho a veces (cuidado no caerse al río), discurre sobre una planicie pura y dura. Vamos, que se agradece la ausencia de cuestas de importancia. Y todo sin perder de vista los pantanos, que se suceden uno tras otro hasta donde alcanza la vista.

Un par de millas después, digamos que a partir de la estación de tren de Angel Road, el recorrido se afea considerablemente, ya que atravesamos el cinturón industrial londinense con sus fábricas y polígonos industriales. Sin embargo, a partir de la esclusa de Enfield (las distintas etapas del camino vienen definidas por la distancia entre esclusa y esclusa), todo vuelve a la normalidad y, una vez crucemos por debajo de la M25, nos encontraremos de lleno en el Lee Valley Regional Park, justo al lado de una población llamada Cheshunt.

A estas alturas poco nos separa ya de Broxbourne, y la ruta que nos espera es una maravilla, en plena naturaleza y envueltos por una calma que solo se ve interrumpida por el graznido de algún ave. Llama, además, la atención, la cantidad de embarcaciones que descansan en las orillas del río.

Broxbourne nos recibe pues, con una entrada llena de pequeños canales y caídas de agua, que se concentran en un punto de nombre “The Old Mill”, es decir, “El viejo molino”. Y nunca mejor dicho, ya que este molino de agua es una auténtica reliquia, llevando en su emplazamiento original desde hace más de 900 años. Sin duda, una de las principales atracciones de esta pequeña ciudad dormitorio que cuenta con el honor de poseer la imprenta de prensa más grande del mundo. Aquí se imprimen cada día “The Sun”, “The Times” y, en su día, también el “News of the World”.

Otro de los hitos más destacados en Broxbourne es la iglesia de St. Augustine, reconstruida en el siglo XV aunque con un par de siglos más de anigüedad.

Llegados hasta aquí lo mejor es ir a comer algo, y disfrutar del Lee Valley Park con tranquilidad, ahora que no está tan solicitado como presumiblemente lo estará según se acerque al verano. Un parque que por cierto no está exento de curiosidades, y sino, echad un ojo a esta noticia en la que una extraña criatura (se cree que es un cocodrilo pero nadie lo sabe con certeza) tiene algo preocupados a los organizadores de las pruebas de canoa tras presenciar como la fauna local ha ido desapareciendo en los últimos años, algunos de ellos “siendo súbitamente tragados por las aguas en una fracción de segundo”. ¡Una razón más para no caerse al río!

·Llegados a este punto, y ya que hoy es 24 de Diciembre, no puedo sino desearos una feliz noche a todos, allá donde estéis, tanto si habéis conseguido volver a casa u os toca pasar las fiestas fuera. Sea como sea, pasadlo lo mejor posible, y os deseo, de corazón, una feliz Navidad.

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Clerkenwell: entre spas y tabernas

Al norte del mercado de Smithfield, más allá de los dominios del Lord Mayor y por ende de su jurisprudencia por definición, la City, se extiende el barrio conocido como Clerkenwell, un pedazo de historia a menudo ensombrecido por sus vecinas King’s Cross y Angel. Una historia donde se mezclan a partes iguales un pasado eclesiástico y la existencia de numerosos manantiales que fueron convertidos en spas donde los londinenses del siglo XVIII venían a relajarse en sus ferruginosas aguas.

De lo primero, no queda mucho más que lo que podemos ver en otros barrios de Londres. Si acaso, un buen puñado de parroquias y pequeñas iglesias entre las que destaca la iglesia de St.James, del año 1792.

Aunque sin duda, no podemos hablar de este barrio perteneciente al distrito de Islington, sin mencionar a la orden de St. John, una orden de caballería fundada a mediados del siglo XIX en el mismo Clerkenwell, y que fijó su sede junto a la “Puerta de St. John” (St. John’s Gate), en un edificio que hasta entonces servía como taberna (“Old Jerusalem Tavern”) y que en el pasado formaba parte de la entrada sur al priorato de los Caballeros de St. John.

A día de hoy, St. John’s Gate es la única superviviente de aquel priorato, y todavía se mantiene como sede de la orden de St. John, cuyo museo se encuentra justo bajo la puerta, y cuyo símbolo y escudo sonará a más de uno ya que se puede ver en multitud de ambulancias (St. John Ambulance) que pertenecen a la asociación y que se dedican a realizar obras de caridad.

Otro indicativo del monástico pasado de Clerkenwell, es la existencia del pozo de Clerks (en inglés Clerks’ Well)y que como os habréis imaginado sirve para dar nombre a este barrio que puede presumir de ser uno de los que más bicicletas por habitante tiene en la ciudad de Londres. El pozo de Clerk, se encuentra en Farringdon Lane, justo al lado del City Pride pub, y dado que está situado dentro de unas oficinas, si queremos visitarlo tendremos que concertar una visita de antemano poniéndonos en contacto con el centro de historia de Islington. Sin embargo, si lo que queremos es simplemente echar un vistazo, con asomarnos por la ventana nos bastará. Este pozo, era uno de los incontables manantiales de la zona, y su existencia se remonta hasta como mínimo la alta Edad Media, de donde provienen los primeros escritos que hablan de su existencia.

Placa junto al Clerks' Well donde se puede leer de manera errónea "barrio de Finsbury", el cual ya no existe como tal llamándose Islington desde el año 1965.

Aunque si Clerks’ Well fue importante, no lo fueron menos otros manantiales de la zona. Hay que tener en cuenta, que nos encontramos al lado de Farringdon Road, o lo que es lo mismo, al este del otrora valle del Fleet, uno de los ríos perdidos de Londres, y que cruzaba la ciudad desde los altos de Hampstead Heath donde nacía (y nace, aunque ya no fluya sobre tierra) hasta su desembocadura en el Támesis junto a Blackfriars. De aquí pues, la predominancia de aguas subterráneas en la zona.

Caminando hacia el norte por Farringdon Road, antes de cruzarnos con otro de los ya mencionados manantiales, y si dirigimos la vista hacia la derecha, daremos con Exmouth Market un mercadillo callejero situado en la calle del mismo nombre.

Dejando a un lado Exmouth Market y subiendo por King’s Cross Road, justo enfrente del hotel Travelodge, tenemos lo que en su día fue Bagnigge Wells, uno de los spas más famosos del siglo XVIII, y por cuyos jardines fluía el ya citado río Fleet para deleite de los londinenses que se desplazaban hasta el lugar. Nada o casi queda ya de estos baños, salvo una inscripción en una de las viviendas en donde se hace referencia a “The Pinder a Wakefeilde”, un pub de la zona inaugurado en el año 1517 y que hace quince fue renovado y renombrado como “The Water Rats”.

Más al norte si cabe, casi llegando a King’s Cross, y si miramos con atención a nuestra izquierda, nos toparemos con un pequeñísimo callejón llamado St. Chad’s Place, y que en su día nos guiaba hasta St.Chad’s spa, otro de los manantiales de la zona y que fue destruido por completo tras la construcción de la línea de metro Hammersmith&City, a finales del siglo XIX.

Entrada a St. Chad's Place

Con St. Chad’s spa, hemos llegado al final de nuestro recorrido por aquellos manantiales que en su día inundaron (nunca mejor dicho) esta zona, y de los cuales hoy no queda ni uno. Sin embargo, y para que veáis que no todo es historia en Clerkenwell, vamos a hacer un repaso final por otro de los elementos que más abundan, ahora sí, a día de hoy, por las calles de este céntrico barrio de la capital. Porque si a los londinenses del siglo XVIII les gustaba mojarse de cuerpo entero, a los del siglo XXI con mojarse el gaznate les basta. Y es que, mientras otros barrios adolecen de falta de bares, pubs o tabernas, Clerkenwell tiene para exportar, algunos de ellos convertidos en gastropubs y otros con historias de lo más curiosas.

·The Coach and Horses (Ray Street): si antes hablábamos del Fleet, este lugar es parada obligatoria, ya que en días lluviosos, si nos situamos junto a una alcantarilla enfrente del mismo, podremos oír el río fluir bajo nuestros pies.

·The Fox and Anchor (Charterhouse Street): sin duda uno de los mejores gastropubs que he visitado en Londres. A little bit pricey (un poco carero) como dirían por aquí pero es uno de los pocos (por no decir el único) en los que la cocina es auténticamente inglesa (para lo bueno y para lo malo), por no hablar de las cervezas, todas elaboradas en Londres.

·The Castle (Cowcross Street): curiosa historia la de este sitio. Si os fijáis bien, justo sobre la entrada podemos ver tres bolas doradas colgando. Como algunos  sabréis, esto simboliza que el lugar en cuestión hace las veces de casa de empeños. La explicación de porqué un pub tradicional ejerció en su día funciones de prestamista se remonta al siglo XVIII. Según cuenta la leyenda, el por aquel entonces rey, Jorge IV, se encontraba en la taberna disfrutando con el resto de paisanos de una pelea de gallos. Al ir a pagar una de sus consumiciones, se encontró con que no tenía dinero, por lo que ofreció al tabernero su reloj de oro para que se lo tasase y le diera la parte equivalente en efectivo. El tabernero rehusó, esgrimiendo que no podía ya que no disponía de la licencia correspondiente, a lo que el rey, seguramente algo achispado contestó: “¿Y para qué estoy yo aquí sino? ¡Ahora mismo te proporciono una!”. Y efectivamente así lo hizo. No hace falta decir que el propietario del pub no tardó en usar el hecho como reclamo para clientes, proclamando que se trataba del único pub del mundo con licencia para préstamos. A día de hoy sin embargo, me consta que prefieren dinero como forma de pago.

Imagen de The Castle en la que se pueden apreciar las tres bolas doradas, a la derecha del escudo del pub

Aparte de estos tres, otros pubs que merecen una visita serían “The Jerusalem Tavern” (Britton Street); “The Slaughtered Lamb” (Great Sutton Street);  “The Exmouth Arms” (en Exmouth Market); “The Apple Tree” (Mount Pleasant Street); o el ya mencionado “The City Pride” (Farringdon Lane).

Christmas shopping: lo mejor de cada casa

¿Shopping centres?, ¿outlets?,¿high-street?, ¿boxpark? Efectivamente las Navidades ya están a la vuelta de la esquina y tarde o temprano tendremos que salir de casa y dirigirnos a alguna de estas zonas con nombres tan llamativos como incomprensibles (a veces). Aquí te ayudamos a resolver el jeroglífico.

Que poca vergüenza. Más de un mes desde el último post y yo tan pancho. Tanto tiempo ha pasado que sin comerlo ni beberlo nos hemos plantado pues eso, a un par de semanas del comienzo oficial de la Navidad. Porque oficiosamente, las Navidades comenzaron hace ya tiempo, con el alumbrado de calles y plazas, así como con la ornamentación de viviendas y espacios públicos con motivos navideños. Tiempo en el que además, los más previsores hicieron seguro acopio de regalos evitándose así prisas de última hora. Sin embargo aquí estamos el resto, la gran mayoría, todavía a verlas venir y dando gracias a los dioses del consumismo por permitir a los comercios abrir hasta bien entrada la noche del 24 de Diciembre (o del 5 de Enero en España).

A estas alturas del mes de Diciembre, cuando el invierno meteorológico parece resistirse a entrar de una vez, la ciudad ya se muestra en todo su esplendor navideño. Ni más ni menos que desde el 1 de Noviembre llevan las luces en Oxford Street recordándonos que la Navidad se acerca (aunque quedasen casi dos meses), y lo mismo se puede decir de las aledañas Regent Street, St. Christopher’s Place o la pintoresca Carnaby Street.

A estas alturas también, miles de personas se han dejado ya caer por el tan popular Christmas Market (Winter Wonderland) de Hyde Park, un mercadillo navideño inspirado en los mercados alemanes tradicionales y que, a mi parecer, cada año va ampliando su superficie de tal manera que a este paso, para finales de esta década, es posible que abarque la completa extensión del parque (estoy siendo irónico, no vayáis por ahí a contar que para 2020 habrá un Winter Wonderland del tamaño de Hyde Park).

Y desde luego, a estas alturas, los grandes centros de peregrinaje para los compradores con experiencia y paciencia (véase Westfield), deben ya estar sacándose como mínimo más de un millón de libras al día de beneficio. Y es que el nuevo Westfield abierto en Stratford (junto al parque Olímpico) no es moco de pavo. Se trata del mayor centro comercial de Europa y es el equivalente en el este de la ciudad a su hermano mayor (por edad que no por tamaño) del oeste, el famoso Westfield de White City.

En resumen, monumentos al consumismo exacerbado que cada día son visitados por miles de personas, y que, como es de imaginar, durante estas fechas se encuentran haciendo su Agosto. Es curioso cómo cambian los hábitos y las personas. Personalmente, cuando vivía en España, recuerdo que cuando inauguraban un nuevo centro comercial, me solía dejar caer por allí en compañía de mis amigos o mi hermana simplemente por ver que se cocía. Con el tiempo, esa práctica, así como muchas otras, no solo me parece aburrida sino que además no le veo ningún sentido. Así que como no tengo ni tiempo ni ganas todavía no me he pasado a visitar a nuestro amigo Westfield de Stratford por lo que no puedo opinar con cierto criterio sobre el mismo, aunque salvo por dimensiones, no creo que sea un lugar que vaya a sorprenderme en absoluto.

Uno de los muchos anuncios publicitando el nuevo Westfield

Aunque basada en el mismo principio mercantilista, sigo prefiriendo para mis compras navideñas lo que aquí denominan high-street, es decir, un término que hace referencia a esas arterias comerciales existentes en toda gran ciudad y que concentran la mayor cantidad de tiendas, firmas y marcas, especialmente en lo que a ropa y calzado se refiere.

No es por lo tanto ningún misterio que la high-street de Londres sea la celebérrima Oxford Street y alrededores, con Regent Street, Bond Street o Carnaby Street a la cabeza, aunque podríamos añadir la zona de Covent Garden como una high-street secundaria. Personalmente, y como ya he dicho antes, prefiero esto a los grandes centros comerciales ya que para mí tiene mucho más encanto pasear por calles como Portal de l’Ángel en Barcelona o Preciados en Madrid y disfrutar de la decoración que exhiben en estas fechas.

Shopping centres y high-street aparte, los más intrépidos pueden aventurarse en el mundo de los outlets, tan extendidos y populares en los Estados Unidos donde muchos de los visitantes de ciudades como Nueva York dedican un día en exclusivo para desplazarse hasta alguno de los muchos que rodean a la ciudad, y que ofrecen productos de primeras marcas a precios reducidos, bien porque pertenecen a otra temporada, bien porque tienen algún defecto de fabricación.

Aunque no tan populares en el Reino Unido como al otro lado del charco, sin duda existe un outlet que nada tiene que envidiar a sus hermanos norteamericanos. Se trata del Bicester Village Shopping Centre, en la ciudad de Bicester. Más de 3 millones de personas lo visitan al año, lo que lo convierte en una atracción turística más, y su popularidad parece extenderse más allá de los límites de Albion. Para más inri (y comodidad de potenciales compradores), un autobús llamado “The Shopping Express” te lleva desde Londres hasta el outlet por 23 libras ida y vuelta.

Para terminar nuestro modesto recorrido por las distintas zonas comerciales de la capital, y ya que nos encontramos en Londres, no podía faltar la opción más alternativa, aquella que por su diseño y originalidad se distingue de las otras, mucho más clásicas. Y para ello nos desplazamos a la zona de Shoreditch, donde hace apenas una semana se inauguró el tan publicitado  BoxPark, un nuevo concepto en el que los comercios se encuentras emplazados en “módulos”, los cuales se pueden transportar de un lugar a otro, haciendo que la ubicación de las mismas sea diferente cada día, aunque de momento no se hayan planteado el moverse de Shoreditch High Street. Esta facilidad de movimiento hace que este espacio haya sido bautizado como el primer pop-up mall del mundo.

Shopping centres, outlets y en definitiva tiendas y más tiendas que contribuyen a esta locura navideña en la que las autoridades recomiendan controlarse a la hora de ingerir alcohol pero en la que nadie habla de controlarse a la hora de gastar dinero, especialmente ahora con la que está cayendo. Personalmente, este año me encuentro un poco vago, y creo que optaré por la opción fácil, esto es, comprar mis regalos online a través de Amazon. Mucho más cómodo, y sin tener que pasarme horas en una cola junto a otras treinta personas esperando a que nos procesen en una caja. Eso sí, si alguien opta por la opción Amazon, cuidadito con la facilidad de pagar con tarjeta online. Eso, sin duda, sí que es peligroso.

Más información:

http://uk.westfield.com/stratfordcity/

http://www.oxfordstreet.co.uk/

http://www.bicestervillage.com/

http://www.boxpark.co.uk/

http://www.amazon.co.uk/