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Christmas shopping: lo mejor de cada casa

¿Shopping centres?, ¿outlets?,¿high-street?, ¿boxpark? Efectivamente las Navidades ya están a la vuelta de la esquina y tarde o temprano tendremos que salir de casa y dirigirnos a alguna de estas zonas con nombres tan llamativos como incomprensibles (a veces). Aquí te ayudamos a resolver el jeroglífico.

Que poca vergüenza. Más de un mes desde el último post y yo tan pancho. Tanto tiempo ha pasado que sin comerlo ni beberlo nos hemos plantado pues eso, a un par de semanas del comienzo oficial de la Navidad. Porque oficiosamente, las Navidades comenzaron hace ya tiempo, con el alumbrado de calles y plazas, así como con la ornamentación de viviendas y espacios públicos con motivos navideños. Tiempo en el que además, los más previsores hicieron seguro acopio de regalos evitándose así prisas de última hora. Sin embargo aquí estamos el resto, la gran mayoría, todavía a verlas venir y dando gracias a los dioses del consumismo por permitir a los comercios abrir hasta bien entrada la noche del 24 de Diciembre (o del 5 de Enero en España).

A estas alturas del mes de Diciembre, cuando el invierno meteorológico parece resistirse a entrar de una vez, la ciudad ya se muestra en todo su esplendor navideño. Ni más ni menos que desde el 1 de Noviembre llevan las luces en Oxford Street recordándonos que la Navidad se acerca (aunque quedasen casi dos meses), y lo mismo se puede decir de las aledañas Regent Street, St. Christopher’s Place o la pintoresca Carnaby Street.

A estas alturas también, miles de personas se han dejado ya caer por el tan popular Christmas Market (Winter Wonderland) de Hyde Park, un mercadillo navideño inspirado en los mercados alemanes tradicionales y que, a mi parecer, cada año va ampliando su superficie de tal manera que a este paso, para finales de esta década, es posible que abarque la completa extensión del parque (estoy siendo irónico, no vayáis por ahí a contar que para 2020 habrá un Winter Wonderland del tamaño de Hyde Park).

Y desde luego, a estas alturas, los grandes centros de peregrinaje para los compradores con experiencia y paciencia (véase Westfield), deben ya estar sacándose como mínimo más de un millón de libras al día de beneficio. Y es que el nuevo Westfield abierto en Stratford (junto al parque Olímpico) no es moco de pavo. Se trata del mayor centro comercial de Europa y es el equivalente en el este de la ciudad a su hermano mayor (por edad que no por tamaño) del oeste, el famoso Westfield de White City.

En resumen, monumentos al consumismo exacerbado que cada día son visitados por miles de personas, y que, como es de imaginar, durante estas fechas se encuentran haciendo su Agosto. Es curioso cómo cambian los hábitos y las personas. Personalmente, cuando vivía en España, recuerdo que cuando inauguraban un nuevo centro comercial, me solía dejar caer por allí en compañía de mis amigos o mi hermana simplemente por ver que se cocía. Con el tiempo, esa práctica, así como muchas otras, no solo me parece aburrida sino que además no le veo ningún sentido. Así que como no tengo ni tiempo ni ganas todavía no me he pasado a visitar a nuestro amigo Westfield de Stratford por lo que no puedo opinar con cierto criterio sobre el mismo, aunque salvo por dimensiones, no creo que sea un lugar que vaya a sorprenderme en absoluto.

Uno de los muchos anuncios publicitando el nuevo Westfield

Aunque basada en el mismo principio mercantilista, sigo prefiriendo para mis compras navideñas lo que aquí denominan high-street, es decir, un término que hace referencia a esas arterias comerciales existentes en toda gran ciudad y que concentran la mayor cantidad de tiendas, firmas y marcas, especialmente en lo que a ropa y calzado se refiere.

No es por lo tanto ningún misterio que la high-street de Londres sea la celebérrima Oxford Street y alrededores, con Regent Street, Bond Street o Carnaby Street a la cabeza, aunque podríamos añadir la zona de Covent Garden como una high-street secundaria. Personalmente, y como ya he dicho antes, prefiero esto a los grandes centros comerciales ya que para mí tiene mucho más encanto pasear por calles como Portal de l’Ángel en Barcelona o Preciados en Madrid y disfrutar de la decoración que exhiben en estas fechas.

Shopping centres y high-street aparte, los más intrépidos pueden aventurarse en el mundo de los outlets, tan extendidos y populares en los Estados Unidos donde muchos de los visitantes de ciudades como Nueva York dedican un día en exclusivo para desplazarse hasta alguno de los muchos que rodean a la ciudad, y que ofrecen productos de primeras marcas a precios reducidos, bien porque pertenecen a otra temporada, bien porque tienen algún defecto de fabricación.

Aunque no tan populares en el Reino Unido como al otro lado del charco, sin duda existe un outlet que nada tiene que envidiar a sus hermanos norteamericanos. Se trata del Bicester Village Shopping Centre, en la ciudad de Bicester. Más de 3 millones de personas lo visitan al año, lo que lo convierte en una atracción turística más, y su popularidad parece extenderse más allá de los límites de Albion. Para más inri (y comodidad de potenciales compradores), un autobús llamado “The Shopping Express” te lleva desde Londres hasta el outlet por 23 libras ida y vuelta.

Para terminar nuestro modesto recorrido por las distintas zonas comerciales de la capital, y ya que nos encontramos en Londres, no podía faltar la opción más alternativa, aquella que por su diseño y originalidad se distingue de las otras, mucho más clásicas. Y para ello nos desplazamos a la zona de Shoreditch, donde hace apenas una semana se inauguró el tan publicitado  BoxPark, un nuevo concepto en el que los comercios se encuentras emplazados en “módulos”, los cuales se pueden transportar de un lugar a otro, haciendo que la ubicación de las mismas sea diferente cada día, aunque de momento no se hayan planteado el moverse de Shoreditch High Street. Esta facilidad de movimiento hace que este espacio haya sido bautizado como el primer pop-up mall del mundo.

Shopping centres, outlets y en definitiva tiendas y más tiendas que contribuyen a esta locura navideña en la que las autoridades recomiendan controlarse a la hora de ingerir alcohol pero en la que nadie habla de controlarse a la hora de gastar dinero, especialmente ahora con la que está cayendo. Personalmente, este año me encuentro un poco vago, y creo que optaré por la opción fácil, esto es, comprar mis regalos online a través de Amazon. Mucho más cómodo, y sin tener que pasarme horas en una cola junto a otras treinta personas esperando a que nos procesen en una caja. Eso sí, si alguien opta por la opción Amazon, cuidadito con la facilidad de pagar con tarjeta online. Eso, sin duda, sí que es peligroso.

Más información:

http://uk.westfield.com/stratfordcity/

http://www.oxfordstreet.co.uk/

http://www.bicestervillage.com/

http://www.boxpark.co.uk/

http://www.amazon.co.uk/

La vida pasa. Como las nubes

La vida pasa para todos, y al final, nadie es ajeno a los cambios, a veces para bien, a veces para mal, que la vida trae consigo.

Hace ya unos nueve meses que comencé a escribir este blog, colaborando así con esta empresa y haciendo mío su objetivo: enseñar un Londres diferente a las muchas personas que lo visitan cada año, y, navegando por sus calles, sus gentes, y su historia, sacar a la luz las pequeñas joyas que la ciudad atesora.

Lamentablemente, el crecimiento inevitable de esta joven empresa, hace que uno tenga que centrarse en asuntos más relevantes y deje de lado otros aspectos, que, por otra parte, son los que más le llenan al final del día.

Este blog, es un claro ejemplo, y como muchos habéis notado, durante las últimas semanas me he mostrado más ausente de lo que me hubiera gustado. Desde aquí gracias a todos por vuestros mensajes de apoyo y si hay algo que quiero dejar claro es que el blog no va a cerrar ni mucho menos, aunque si me veré obligado a escribir con menos frecuencia que en meses anteriores.

Eso sí, ya que lo haré en pequeñas dosis, que por lo menos sea trayendo propuestas de calidad. Como la que os traigo hoy.

Hace un par de días tuve la oportunidad de asistir al aniversario de un colectivo que en poco tiempo ha crecido como la espuma en los aledaños de Kingsland Road, cerca de la estación de Overground de Dalston Junction.

Se trata de la agrupación de artistas Passing Clouds, cuyos headquarters se encuentran cerca de la citada calle, para ser más exactos, en una pequeña warehouse en el número 1 de Richmond Road.

Dicho colectivo aboga por un desarrollo sostenible y por un futuro mejor para todos a través de la mezcla de culturas (Londres es quizá el lugar idóneo para esto) y de la expresión artística. Es por eso que ofrecen su local como plataforma para numerosos artistas locales, y que usan sus escenarios, paredes o salas para expresarse y mostrar a la gente sus creaciones, dándoles así una oportunidad que de lo contrario se les negaría. Es posible que el trillado, mega turístico y overrated Café 1001 de Bricklane comenzase como algo así hace tiempo.

De todas las actividades que se programan a diario en esta sala de dos plantas llevada casi en exclusiva por voluntarios, una de las que más sorprende por lo general, es la que se lleva a cabo los Domingos a partir de las seis y media de la tarde, y a la que como he dicho, tuve el placer de asistir hace un par de tardes.

Y es que los Domingos se organiza la llamada The People’s  Kitchen, una jornada en la que cualquiera puede participar, y en la que el objetivo es el de enseñar cómo realizar una buena gestión de los recursos alimenticios. Para ello, se recolectan todos los excedentes de comida de ese día provenientes de los restaurantes y comercios de la zona, y con ellos se cocinan distintos platos que a partir de las seis y media como ya he dicho, se ofrecerán a cualquiera que se pase por allí, de forma totalmente gratuita, aunque se incita a los comensales a ofrecer una donación que por lo que yo vi, raramente excedía las dos libras. Vamos, que puedes ir allí a comer por la cara.

Una vez acabada la cena (durante la cual nos ofrecieron champán y cerveza de jengibre), y una vez el personal había terminado de recoger (aquí cada uno lava su plato), se despejó el escenario y dio comienzo una sesión de jamming, en esta ocasión con músicos africanos como protagonistas, que acercaron sus cantos, danzas e instrumentos a nosotros, los fríos europeos.

Una velada por lo tanto que mereció la pena, no solo por la comida, que estaba bastante bien, sino por compartirla con toda la gente interesante que allí conocí, y formando parte de una idea que, si bien parece un poco obsoleta y con olor a naftalina, hace que uno se sienta bien pensando en que puede haber un mundo mejor.

Aquí os dejo un par de enlaces…

 http://www.passingclouds.org/

http://thepeopleskitchen.org/

…y algunas fotos:

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·Y para demostrar que los esfuerzos tienen su recompensa, la web de viajes Tripadvisor ha reconocido a London Incognito con el Certificado de Excelencia turística para este año 2011, el cual luce lustroso en nuestras oficinas. Gracias a todos los que ya habéis descubierto Londres de una forma diferente y os habéis molestado en dejar vuestros comentarios en dicha web. Y sobre todo, gracias a Julie Miquerol, sin la que nada de esto habría sido posible.

Londinenses castizos

Hace ya varios meses que publiqué un artículo sobre los cockneys, esos habitantes del este de Londres con un acento más que particular, y con una historia siempre ligada a la capital y a lo que significan tanto su pasado como sus barrios obreros. Pues bien, de entre todos los individuos que abundan en los confines del East End londinense, los abanderados de esta cultura tan londinensemente auténtica, son los llamados Pearlies, a quienes mencioné en aquel post, solo que muy de pasada.

Este grupo de personas (que a su vez es una organización benéfica) tan llamativo por su indumentaria, la cual describiré más adelante, son a la ciudad lo que los barquilleros callejeros a Madrid, es decir, remanentes de una historia no muy lejana y que se resisten a desaparecer, a la vez que dan sabor a las calles de la urbe y un toque identificativo durante verbenas y festejos.

¿Pero quiénes son los Pearlies y cómo identificarlos? Bueno, primero de todo hay decir que la palabra Pearlies, es la forma plural y abreviada de decir Pearly Kings and Queens, ya que esta agrupación nombra a sucesores cada cierto tiempo, por lo que siempre hay un King (rey) o una Queen (reina) por cada distrito del este y centro de Londres.

Aunque la historia de los Pearlies está un poco difusa, la mayoría de autores parecen coincidir en que el fundador de dicha organización benéfica es un tal Henry Croft, un busca vidas originario (como no) del East End, y que a finales del siglo XIX, decidió ponerse a recaudar fondos para luego donarlos a distintas asociaciones de la zona.

Para ello, su relación con los costermongers (vendedores ambulantes), con los que se pasó media vida, jugó un papel crucial, pues estos fueron quienes le inspiraron para llevar a cabo su solidaria empresa. En aquellos tiempos, los costermongers de distritos como Stepney, Whitechapel o Hackney, solían vestir con llamativos trajes, a la vez que practicaban un lenguaje enrevesado y gracioso que atraía a compradores y curiosos. Era el principio del desarrollo de la Cockney Ryming Slang, la jerga cockney. Esto, y el compañerismo existente entre todos ellos, ayudándose unos a otros en tiempos difíciles y apoyándose mutuamente, hizo que el bueno de Croft se pusiera manos a la obra y empezase a recaudar fondos para ayudar a los más necesitados en los distintos distritos.

Así, para llamar la atención, y siguiendo la moda empezada por los vendedores, empezó a coser botones color perla (de aquí el nombre de Pearly) a todas sus ropas, ya fueses pantalones, chaqueta, camisa o sombrero. Esto le proporcionó una apariencia de lo más llamativa, y en poco tiempo se convirtió en uno de los personajes más solicitados del mercado, hasta tal punto que, al no poder lidiar con la situación por si solo, empezó a recibir las ayudas de vecinos que imitaron su atuendo, dando así comienzo a la tradición de los Pearly Kings and Queens.

Henry Croft, con su traje cubierto por Pearl buttons

A día de hoy, los Pearlies siguen siendo una asociación benéfica, y están presentes en casi todos los eventos de cierta magnitud que se celebran en los distintos distritos del Londres más oriental. Sin embargo, y debido a ciertas desavenencias entre sus miembros, hace años que los Pearlies están divididos en dos grupos The Pearlies y The Pearly Society. Durante las últimas semanas he estado en contacto con una de las integrantes del primero (Teresa Watts – Reina de Clapton) para así conocerla y que me contase algo más sobre la historia de los Pearlies. No ha habido tal suerte, ya que es difícil ponerse de acuerdo en las fechas, pero por sus palabras, parece ser que su asociación es, de las dos, la que intenta mantener los valores que la vieron nacer más firmemente.

Algunos Pearlies durante un festival en Angel hace un mes

 Sin embargo, si alguien quiere ver a estos personajes tan londinenses en vivo y en directo, y luciendo tan brillante vestimenta, qué mejor oportunidad que la que se presenta este Domingo, día en que se celebra el Pearly Harvest Festival, la festividad más importante en su calendario. Dado que existen dos asociaciones, The Pearly Society celebrará su reunión en la iglesia de St. Paul, en Covent Garden, y The Pearlies, en la iglesia de St. Martin in the Fields, junto a Trafalgar Square, iglesia en la que por cierto, se encuentra la estatua en recuerdo a Henry Croft, fundador y pionero de una asociación que, cuestiones filantrópicas aparte, representa un modo de vivir, hablar, y, como no, de vestir.

Un Viernes distinto: haciendo sidra a la sombra de un castillo

¡Joder qué torrera! Y con perdón, pero es que acabo de volver de la calle empapado en sudor y ya van quien sabe cuántos días consecutivos con la misma cantinela. Porque los días azules sin una mísera nube y con temperaturas elevadas que deberíamos haber disfrutado durante el verano, los estamos casi diría yo que sufriendo ahora, principios de Octubre y finales de Septiembre. Un Indian summer (algo así como el veranillo de San Miguel) que ha traído consigo un record, el de la máxima temperatura registrada en el Reino Unido para un mes de Octubre, registro que se obtuvo ayer mismo en Kent donde los termómetros alcanzaron la nada desdeñable cifra de 29,9 grados.

Con esto, y como es de imaginar, las playas, parques, terrazas y demás lugares de esparcimiento al aire libre se han visto asediados por hordas de personas que buscaban redimirse tras un frustrante verano.

Con estos, lo más probable es que hayamos agotado los días agradables que le quedaban al calendario, ya que previsiblemente en breve empezaremos la imparable cuesta abajo camino del invierno.

Pero por si la meteorología nos vuelve a sorprender de aquí en adelante, o simplemente queréis hacer algo distinto en Londres sin moveros de la ciudad, aquí os traigo una actividad que realicé hará ya un par de semanas y que sin duda recomiendo a todo el mundo.

Para ello, tendréis que desplazaros a la zona norte de Londres, más en concreto a los alrededores de Manor House, donde se encuentra una avenida llamada Green Lanes. Es en la mitad sur de esta avenida, la que se dirige hacia el barrio de Stoke Newington y justo a mitad de camino entre la estación de Manor House y Clissold Park, donde nos toparemos con un edificio cuanto menos llamativo. Se trata del llamado Castillo de Green Lanes, y que, pese a su apariencia de fortaleza, no es sino una estación de bombeo en desuso. El porqué de sus caprichosas formas, se debe a la manía de los victorianos de dotar a todo lo que hacían de una elegancia y sobriedad que hacían que, por ejemplo, una estación de bombeo de agua pareciese más la residencia de un terrateniente escocés.

A día de hoy, el castillo es un centro de reunión para los amantes de la escalada, que se puede practicar en su interior, el cual ha sido habilitado para tal fin. Aunque lo de escalar no es lo mío, conozco a varios habituales del lugar, y por lo visto es una experiencia recomendable a cualquiera que le guste.

Sin embargo, si hoy os he traído hasta aquí es para unos menesteres bien distintos. Al llegar al castillo y a su recepción, firmad en el libro de visitas y cruzad la zona de escalada hasta llegar al jardín que se encuentra en su parte posterior. Este jardín, o más bien huerta donde crecen todo tipo de verduras y frutas, es propiedad del castillo, aunque los encargados de su manutención son un grupo de voluntarios formado por vecinos de la zona. De todas formas, cualquiera puede pasarse y ayudar. Un minuto, una hora, o dos días a la semana. Con total tranquilidad, disfrutando de un día al aire libre y posiblemente haciendo cosas que nunca te hubieras imaginado hacer en mitad de la ciudad de Londres.

Por ejemplo, el día que fui yo, instado por unos amigos ingleses que suelen pasarse de vez en cuando, estuvimos haciendo sidra. Para ello cuentan con un par de artilugios, uno que trocea la fruta (manzanas y peras), y otro que la prensa, extrayendo así todo su jugo. Sin ninguna obligación más allá de lo que uno o una quiera aportar, el día transcurrió entre risas, juegos e incluso nos invitaron a comer. Organizados en equipos, algunos se encargaban de lavar y cortar la fruta, otros de trocearla y unos últimos la prensaban, para luego destinar la mitad del jugo a la elaboración de sidra, y la otra mitad para venderla en el café del castillo como zumos. Al dejar el lugar, cada una de las personas que habían participado en la jornada, también se llevó una botella de zumo a casa.

Ésta fue mi experiencia, pero por lo que me comentaron, la semana anterior estuvieron preparando vino a la antigua usanza, esto es, pisando la uva, y dos semanas antes, recolectando miel de los panales que se encuentran en uno de los laterales de la huerta.

Una experiencia curiosa, y que recomiendo a cualquiera que quiera pasar un día al aire libre, mezclándose con vecinos de la zona, y realizando una actividad que es más propia de granjas o pequeñas poblaciones lejos de la ciudad. Por si os queréis pasar, el día “oficial” para ofrecerse voluntario es el Viernes, en cualquier momento entre las 9:00 y las 19:00, y con una comida ofrecida por la cafetería del castillo incluida. Y cuando digo “oficial”, me refiero al día en el que se programan actividades como lo de la sidra. Sin embargo, si decidís dejaros caer cualquier otro día, estarán más que felices de recibiros y os podréis unir a lo que sea que se traigan entre manos.

Algunas fotos de mi mañana en el castillo:

Viajar en el tiempo

Hace unos días, el mundo se despertaba con la noticia de que un experimento llevado a cabo en un laboratorio de Gran Sasso (Italia), había obtenido unos resultados cuanto menos inquietantes. Por lo visto, y tras la presentación de los mismos en un seminario científico del CERN (Laboratorio europeo de Física de partículas) en Suiza, los científicos italianos sostienen que ciertos neutrinos (partículas atómicas), y según sus mediciones, pueden viajar a una velocidad superior a la de la luz.

Un servidor no entiende mucho de cuestiones físicas, salvo lo que le enseñaron de joven, y a veces ya ni eso, pero lo que está claro es que la noticia ha revolucionado a la comunidad científica, ya que dicha afirmación, de ser cierta, nos acercaría algo más a uno de los sueños más perseguidos de la humanidad: la posibilidad de viajar en el tiempo.

Lamentablemente, y dado que este blog no está enfocado a tratar la vida y milagros de la materia, la energía o el espacio, no me extenderé más sobre el tema. Sin embargo, eso no quiere decir que no podamos viajar en el tiempo. Aunque claro, eso, como siempre, lo haremos a nuestra manera, es decir, explorando otro rincón desconocido de la ciudad de Londres.

En esta ocasión, nos desplazamos a la zona de Tower Hamlets. Aquí, al este de la Torre de Londres y en los aledaños de Cable Street, se encuentra la que es la sala de conciertos más antigua del mundo, la cual, además, mantiene una actividad relativamente constante.

Ayer, jornada de puertas abiertas, tuve la oportunidad de visitar su interior, algo que de lo contrario solo se puede realizar los días en los que se celebra algún espectáculo.

El lugar en cuestión se llama Wilton’s, y fue inaugurado en el año 1858 por un empresario llamado, y como no podía ser de otra manera, John Wilton. De todas formas, la sala se mantuvo abierta apenas 30 años y desde finales del siglo XIX, la propiedad pasó a manos de una Misión Metodista, que regentó el lugar hasta mediados del siglo pasado.

Llegada a Wilton's

Entrada a la sala

Sea como fuere, el lugar es toda una maravilla, y una reliquia de su tiempo que se mantiene como Dios (o John Wilton) la trajo al mundo. Paredes desconchadas que hace décadas que habrían agradecido un par de manos de pintura, suelos irregulares de madera, de esos que al pisar chirrían de tal manera que parece que el edificio entero se va a venir abajo, y un cartel luminoso encima del escenario en el que se puede leer el nombre de la sala, envuelven al lugar de un halo de nostalgia que te atrapa al instante. Incluso la entrada al recinto se encuentra en estas condiciones, lo que contrasta con el resto de las viviendas las cuales, si bien no son un ejemplo de manutención, al menos ocultan muy bien lo de tener más de cien años a sus espaldas.

En el interior del edificio, y antes de entrar a la sala en sí, nos encontramos con el Mahogany Bar, el cual se cree fue un pub en sus inicios, esto es, alrededor del año 1725.

Imagen del Mahogany Bar

Tanto el Mahogany Bar como el Wilton’s Music Hall se encuentran abiertos al público. El primero, por lo general de Lunes a Viernes de 5 a 11 y los días en los que hay espectáculo; el segundo solo abre para espectáculos o tours como el que se realizó ayer. Podéis consultar la agenda de actividades aquí. Para asistir se necesita reservar y pagar el importe de la entrada, el cual varía dependiendo del show, pero si lo que queréis es pasar de gratis, el 4 de Octubre se procederá al visionado de la película “From Cable Street to Brick Lane”, un documental que muestra las tensiones entre distintas etnias e ideologías durante los años previos a las Segunda Guerra Mundial, y que desembocaron en la batalla de Cable Street, de la cual hablé hace un par de meses en este otro post.

Es por tanto una ocasión ideal para visitar esta sala tan antigua como casi desconocida y que hará que por un momento nos transportemos en el tiempo, de una manera mucho más romántica y sin comernos la cabeza por neutrones y neutrinos. Sin embargo, y para aquel que siga dándole vueltas a la física, conviene quizá recordarle una frase del científico Stephen Hawking, y que viene a decir algo así como: “La imposibilidad de viajar al pasado, queda demostrada por la ausencia total de viajeros del futuro en nuestros días”.

Wilton’s Music Hall
Graces Alley
Londres E1 8JB

Un paseo musical por Londres II: Camden, el norte, y el este de la ciudad

La noche ha pasado, y, tras una jornada intensa en la que hemos recorrido casi la mitad de la ciudad en busca de aquellos lugares que en su día fueron descritos, retratados o habitados por músicos de todo tipo, ya estamos preparados para afrontar un nuevo día, el de hoy, y que nos llevará al norte y este de la capital. Para ello, retomamos el tour donde lo habíamos dejado, esto es, al norte de Denmark Street.

Desde aquí, y siguiendo High Holborn en dirección a Holborn precisamente, nos topamos con una calle a la izquierda llamada Museum Street. A partir de este punto, apenas 50 metros, giramos a la izquierda de nuevo, y nos encontraremos frente a un edificio de color azul. Ya lleva dos años cerrado, pero hasta entonces, esta sala fue una de las más míticas dentro de la escena electrónica londinense. Se trata de The End, ahora renombrado como The Den, y con una programación y estilo nada parecidos a los de su predecesor. Como curiosidad, en el antiguo The End, era muy habitual que la sesión de turno terminase con este tema (como no podía ser menos).

Dejamos atrás The End (o The Den, para ser exactos) y enganchamos New Oxford Street hasta Tottenham Court Road, donde cogeremos un autobús, digamos el 29, que nos llevará a Camden.

Según nos acercamos, y desde el autobús, podemos ver otro de los míticos locales de capital: Koko. Aunque no es el único ni el más importante. Al bajarnos en Camden y seguir por Camden High Street en dirección al mercado, veremos a nuestra derecha una sala llamada Electric Ballroom. Fue aquí donde, en 1978, Sid Vicious ofreció un recital (de nombre “Sid Sods Off”) junto a un grupo llamado Vicious White Kids, para recaudar fondos con los que pagar su billete y el de su novia, Nancy Spungen a Estados Unidos. Casi enfrente del Electric Ballroom, se encuentra una calle llamada Invernness Street. Al final, justo en la esquina derecha, se encuentra un pub llamado The Good Mixer, y cuyo interior está dedicado a numerosos artistas que solían dejarse caer por allí, siendo Pete Doherty uno de los últimos.

Y como de pubs va la cosa, no podemos pasar por alto el famoso The Hawley Arms (Hawley Road), elegido por la recientemente fallecida Amy Winehouse no solo para sus noches de farra, sino para saltarse la barra y ponerse a despachar pintas al personal.

A estas alturas, Camden High Street se habrá convertido ya en Chalk Farm Road. Sigámosla, y llegaremos a la sala más importante de la zona: The Roundhouse, elegida para sus conciertos por las bandas más importantes del panorama desde los años 60 (The Doors ofrecieron aquí su único concierto en el Reino Unido).

Dejamos Camden a un lado y, paseando por los canales llegamos a King’s Cross que nos recibe con su imponente (y precioso) edificio, el cual no solo alberga la estación internacional de St. Pancras, sino también el antiguo hotel Midland (ahora renovado y llamado St. Pancras Rennaisance), y cuyos interiores fueron usados, allá por 1996 para el rodaje del videoclip de “Wannabe” (¿de verdad hacía falta poner el enlace?) de las Spice Girls.

Éxitos pop aparte, dejamos la estación a bordo del autobús número 30, que nos llevará al corazón del barrio de Hackney. Este autobús cuenta con el nefasto honor de ser el que voló por los aires llevándose las vidas de 13 personas en la mañana del 7 de Julio de 2005, durante los famosos atentados de Londres. La banda londinense Bloc Party lo reflejó en las primeras estrofas de su “Hunting for Witches”.

El autobús sigue su camino y, al pasar por Highbury Corner, divisamos a hordas de personas que con dirección norte y ataviadas de una indumentaria blanquirroja, entonan cánticos a voz en grito. Son los seguidores del Arsenal F.C. (los “gooners”) camino del estadio. En este punto es conveniente que hagamos memoria, y recordemos un tema que empezó como una broma de los humoristas Badiel & Skinner recordando viejas gestas de la selección inglesa de cara a la Eurocopa del año 96, y que con el tiempo se ha convertido en un himno futbolístico para los ingleses, y de paso en medio mundo, siendo cuasi oficial en los descansos de los partidos del mundial, e incluso sonando al final del Carrusel Deportivo de la cadena SER.

Tras esto, y bajarnos en Dalston, estaremos a las puertas del East End londinense. Mientras bajamos por Kingsland Road en dirección sur, podemos hacer un repaso a los nuevos talentos que han surgido en el este londinense, muchos de ellos raperos como Dizzee Rascal, Tinie Tempah o Sway. Una de las canciones del primero, nos muestra como era su vida en los alrededores de su Bow natal, cuando todavía no había alcanzado la fama de la que goza a día de hoy. Sin embargo, mucho más al este de donde nos encontramos e incluso del propio Bow (en Leyton para ser exactos), otra banda con un carácter bien distinto vio la luz hace ya más de 30 años. Se trata de Iron Maiden, quienes describen la vida en un burdel de su barrio en la canción 22 Acacia Avenue.

Tras unos minutos paseando por Kingsland Road, cogemos Falkirk Street a nuestra derecha, por la que caminaremos, pero no de cualquier manera. Al menos habrá que rendir un pequeño homenaje al protagonista de este video e intentar imitarle. Porque sí, fue en esta calle por donde Richard Ashcroft se paseaba imperial en el famosísimo clip de “The Bittersweet Symphony”.

Acabado nuestro recorrido por Falkirk Street, que durará menos que la canción, y dado que el día va tocando a su fin, es hora de ir a refrescarnos con una buena pinta de cerveza (o lo que nos apetezca). La zona está llena de pubs, e incluso estamos a dos pasos de Shoreditch. De todas formas, y como queremos bañarnos en lo auténtico nos dirigimos a un pub de los de verdad: el British Lion en el 193 de Hackney Road. Aquí nos mezclaremos con los locals, y, si la cosa se anima, quizá podamos entonar alguno de los himnos de pub que tanto gustan a los ingleses cuando se les va de las manos con la cerveza. ¿Mi sugerencia? Este tema de Pete Doherty y su banda, Babyshambles, en el que hace referencia a distintos distritos londinenses. Su nombre, Albion, muy popular en Inglaterra a la hora de nombrar calles, negocios o pubs, nos transporta a la época de los primeros habitantes de las islas, pues éste fue el nombre que le dieron.

Abandonamos el pub, y ya podemos decir que hemos terminado nuestro tour por el Londres más musical. Como se pone a llover, decidimos coger un taxi que nos lleve hasta nuestro hotel/hogar. Es casi de noche, y media ciudad empieza a recogerse mientras la otra mitad se prepara para la noche que se avecina. Desde la ventana del vehículo, con las gotas salpicando, vemos como las farolas empiezan a encenderse en el exterior. Cogemos nuestro mp3, y, con el sueño acechando, decidimos poner una última canción, la que pondrá punto y final a nuestra aventura. Para nuestra sorpresa, se trata de un tema de Blur, una de las muchas bandas que seguro nos hemos dejado en la cuneta. Con los primeros acordes, nos da por recordar. Atrás hemos dejado más de veinte bandas, muchos otros distritos, y la sensación de que, a través de su música, hemos logrado conocer un poquito mejor la ciudad y todo lo que la rodea. Para cuando Damon Albarn dice “..take me home…” ya estamos casi dormidos.

Un paseo musical por Londres I: de Brixton al Soho

Londres y la música. Creo que ya lo he comentado muchas otras veces, pero nunca está de más. Y es que esta ciudad,  sin desmerecer a muchas otras grandes ciudades, merece un lugar privilegiado en la historia de la música, tras ser el lugar de nacimiento o residencia de numerosos artistas y servir de inspiración a tantos otros.

En el artículo de hoy quiero hacer algo un poco diferente. Dado que la empresa para la que escribo se encarga de realizar tours a medida por la capital, con diferentes actividades elegidas por el cliente, hoy me voy a poner en la piel de uno de esos trabajadores y voy a crear un tour a la vez que me doy un paseo por Londres repasando artistas, lugares y canciones que ya forman parte de la historia de la música en Londres. Antes de comenzar, solo quiero decir que pese a que detrás de este artículo hay un trabajo relativamente exhaustivo de búsqueda, por motivos de espacio, tiempo y casi diría yo que sentido común, no es posible dar cabida a todas las bandas posibles, por lo que pido perdón de antemano a los posibles fans si me dejo alguna en el tintero. Intentaré no obstante tocar distintos estilos musicales. También, y precisamente por motivos de espacio, he tenido que dividir el artículo en dos partes las cuales publicaré en distintos días. Eso, y una promesa: no mencionar el London Calling de The Clash, que ya está bastante trillado. Que lo disfrutéis.

·Mi tour musical por Londres empezaría en la zona sur, en el barrio de Brixton. Este controvertido barrio, con la mala fama por bandera, vio dar sus primeros pasos hace nada menos que 64 años a uno de los adalides de la escena musical londinense: David Bowie. Sin embargo, el barrio es mucho más conocido por las revueltas que tuvieron lugar en los 80 así como por las incontables casas okupadas durante los 70, escenario descrito perfectamente por la mítica canción de The Clash, “Guns of Brixton”.


Siguiendo hacia el norte, no muy lejos del barrio de Brixton, se encuentra la estación de Elephant and Castle, cerca de la cual encontramos el club Ministry of Sound, uno de los primeros en traer el house americano al viejo continente. Y hablando de música electrónica, no podemos pasar nuestro tour musical por la ciudad sin hablar de los Chemical Brothers. La dupla formada por Tom Rowlands y Ed Simmons  ha sido una de las que mejor ha repasado la geografía londinense a través de sus famosos videos. En ellos podemos ver lugares como el museo de historia natural (Hey Boy, Hey Girl) o el ya desaparecido teatro Astoria con la torre de Centre Point de fondo (Midnight Madness). En éste que posteo debajo, se ve a su protagonista en Tottenham Court Road, la estación de metro Maida Vale, subido a un autobús en Oxford Street, saliendo de la estación de Goodge Street o junto al edificio de ventanas triangulares de Henrietta Place (junto a Oxford Street), justo al final del video.


Aunque si lo que queremos es un repaso a lo mejorcito de Londres a través de las letras de una canción, quizá lo mejor será darle al play y escuchar esta pieza de la banda de Camden Madness, más conocida por temas como “It must be love” o “Our house”.

Siguiendo nuestro camino hacia el norte, pero desviándonos ligeramente al oeste, encontramos una de las localizaciones más míticas de la capital del Támesis. Se trata de la central eléctrica de Battersea, la cual se puede ver claramente desde el tren que nos lleva desde el aeropuerto de Gatwick a Victoria, y que además fue retratada en la portada del álbum “Animals” publicado en el año 77 por Pink Floyd.

Portada del album "Animals" de Pink Floyd

Tras esto, y cruzar el río, ya estamos en la mitad norte de la ciudad. Victoria nos recibirá con muchos teatros, y es que nos encontramos en el límite sur de la zona conocida como West End o Theatreland. Y precisamente a las chicas de este distrito está dedicada la canción que lanzó a la fama a los Pet Shop Boys, quienes a partir de entonces serían conocidos como los chicos del West End.

Desde aquí hacia el oeste, una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Es por ello que si bien no encontramos una fuente de inspiración clara para los artistas, los más afortunados la eligieron como su lugar de residencia. Así tenemos Cheyne Walk, una calle del barrio de Chelsea, donde se alojaron Mick Jagger o Keith Richards o el tan visitado número 1 de Logan Place, en Earl´s Court, donde residió durante muchos años Freddie Mercury. Y no hay que olvidar que en ese mismo barrio de Chelsea se encuentra la mítica King’s Road, la calle donde se empezó a desarrollar el movimiento punk con la boutique de nombre SEX, propiedad de Vivienne Westwood y Malcolm McLaren (agente de los Sex Pistols), como lugar de reunión de artistas y representantes.

Siguiendo con nuestro camino rumbo al norte, nos adentramos de lleno en el corazón comercial de la ciudad: Oxford Circus. A escasos metros, de este famoso cruce de calles, se encuentra la que en su día fue piedra angular del movimiento mod, Carnaby Street, en cuyos aledaños ofrecieron los Rolling Stones su primer concierto. Al otro lado de Regent Street, la avenida paralela a Carnaby Street, avistamos un pequeño callejón de nombre Heddon Street. Los años no perdonan y Heddon Street se muestra irreconocible desde entonces, pero lo cierto es que fue aquí donde, en 1972, David Bowie y el fotógrafo Brian Ward crearon la portada de uno de los discos más representativos del cantante londinense “The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”.

David Bowie "in style": Ziggy Stardust

Dejándonos caer cuesta abajo por Regent Street, llegamos a la famosa plaza de Piccadilly Circus. Desde aquí podríamos coger la línea Bakerloo que nos llevaría a otros destinos musicales como pueden ser Baker Street (“Baker Street”- Gerry Rafferty) o Warwick Avenue (“Warwick Avenue” – Duffy). Incluso podemos hacer transbordo en la misma Baker Street y dirigirnos a St. John’s Wood, donde se encuentra el paso de cebra más famoso del mundo, el de Abbey Road, el que da nombre y forma parte de la portada del onceavo disco de los Beatles.

Sin embargo preferimos seguir nuestro camino por las calles del Soho londinense. Subiendo por Shaftesbury Avenue y girando a la derecha por Rupert Street, llegaremos a una calle donde habitualmente se celebra un mercadillo, de nombre Berwick Street. Puede que nos suene, y no es para menos. Aquí se tomó la fotografía que terminó siendo la portada del celebérrimo disco de Oasis “What’s the story morning glory?”.

Callejeando por el Soho, vamos a parar a uno de sus locales más míticos: Bar Italia en Frith Street, donde en 1926, y por primera vez en la historia, John L. Baird hizo una demostración pública de su invento, la televisión. La banda de Sheffield Pulp, con Jarvis Cocker a la cabeza, le dedicó una canción.

Nuestra jornada va tocando a su fin, y ya que la cosa va de “tocar”, ¿Por qué  no darse un garbeo por la calle de la música, Denmark Street, y echar un ojo y por qué no, probar alguno de los instrumentos que allí se venden? Tras esto, abandonamos la calle y nos dirigimos hacia el norte. Mañana tocará Camden, el norte, y el este de la ciudad. De momento, desenfundamos nuestros auriculares, encendemos nuestros mp3 y decimos adiós a este día con un tema que, si bien nada tiene que ver con la capital inglesa en su versión original salvo que fue producido por David Bowie (Lou Reed es neoyorquino), esta versión realizada por la BBC, nos ofrece la participación de numerosos artistas de la ciudad, como el propio Bowie, Elton John, Brett Anderson (Suede), Skye Edwards (Morcheeba) o Shane MacGowan (The Pogues). Hasta mañana.