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Christmas shopping: lo mejor de cada casa

¿Shopping centres?, ¿outlets?,¿high-street?, ¿boxpark? Efectivamente las Navidades ya están a la vuelta de la esquina y tarde o temprano tendremos que salir de casa y dirigirnos a alguna de estas zonas con nombres tan llamativos como incomprensibles (a veces). Aquí te ayudamos a resolver el jeroglífico.

Que poca vergüenza. Más de un mes desde el último post y yo tan pancho. Tanto tiempo ha pasado que sin comerlo ni beberlo nos hemos plantado pues eso, a un par de semanas del comienzo oficial de la Navidad. Porque oficiosamente, las Navidades comenzaron hace ya tiempo, con el alumbrado de calles y plazas, así como con la ornamentación de viviendas y espacios públicos con motivos navideños. Tiempo en el que además, los más previsores hicieron seguro acopio de regalos evitándose así prisas de última hora. Sin embargo aquí estamos el resto, la gran mayoría, todavía a verlas venir y dando gracias a los dioses del consumismo por permitir a los comercios abrir hasta bien entrada la noche del 24 de Diciembre (o del 5 de Enero en España).

A estas alturas del mes de Diciembre, cuando el invierno meteorológico parece resistirse a entrar de una vez, la ciudad ya se muestra en todo su esplendor navideño. Ni más ni menos que desde el 1 de Noviembre llevan las luces en Oxford Street recordándonos que la Navidad se acerca (aunque quedasen casi dos meses), y lo mismo se puede decir de las aledañas Regent Street, St. Christopher’s Place o la pintoresca Carnaby Street.

A estas alturas también, miles de personas se han dejado ya caer por el tan popular Christmas Market (Winter Wonderland) de Hyde Park, un mercadillo navideño inspirado en los mercados alemanes tradicionales y que, a mi parecer, cada año va ampliando su superficie de tal manera que a este paso, para finales de esta década, es posible que abarque la completa extensión del parque (estoy siendo irónico, no vayáis por ahí a contar que para 2020 habrá un Winter Wonderland del tamaño de Hyde Park).

Y desde luego, a estas alturas, los grandes centros de peregrinaje para los compradores con experiencia y paciencia (véase Westfield), deben ya estar sacándose como mínimo más de un millón de libras al día de beneficio. Y es que el nuevo Westfield abierto en Stratford (junto al parque Olímpico) no es moco de pavo. Se trata del mayor centro comercial de Europa y es el equivalente en el este de la ciudad a su hermano mayor (por edad que no por tamaño) del oeste, el famoso Westfield de White City.

En resumen, monumentos al consumismo exacerbado que cada día son visitados por miles de personas, y que, como es de imaginar, durante estas fechas se encuentran haciendo su Agosto. Es curioso cómo cambian los hábitos y las personas. Personalmente, cuando vivía en España, recuerdo que cuando inauguraban un nuevo centro comercial, me solía dejar caer por allí en compañía de mis amigos o mi hermana simplemente por ver que se cocía. Con el tiempo, esa práctica, así como muchas otras, no solo me parece aburrida sino que además no le veo ningún sentido. Así que como no tengo ni tiempo ni ganas todavía no me he pasado a visitar a nuestro amigo Westfield de Stratford por lo que no puedo opinar con cierto criterio sobre el mismo, aunque salvo por dimensiones, no creo que sea un lugar que vaya a sorprenderme en absoluto.

Uno de los muchos anuncios publicitando el nuevo Westfield

Aunque basada en el mismo principio mercantilista, sigo prefiriendo para mis compras navideñas lo que aquí denominan high-street, es decir, un término que hace referencia a esas arterias comerciales existentes en toda gran ciudad y que concentran la mayor cantidad de tiendas, firmas y marcas, especialmente en lo que a ropa y calzado se refiere.

No es por lo tanto ningún misterio que la high-street de Londres sea la celebérrima Oxford Street y alrededores, con Regent Street, Bond Street o Carnaby Street a la cabeza, aunque podríamos añadir la zona de Covent Garden como una high-street secundaria. Personalmente, y como ya he dicho antes, prefiero esto a los grandes centros comerciales ya que para mí tiene mucho más encanto pasear por calles como Portal de l’Ángel en Barcelona o Preciados en Madrid y disfrutar de la decoración que exhiben en estas fechas.

Shopping centres y high-street aparte, los más intrépidos pueden aventurarse en el mundo de los outlets, tan extendidos y populares en los Estados Unidos donde muchos de los visitantes de ciudades como Nueva York dedican un día en exclusivo para desplazarse hasta alguno de los muchos que rodean a la ciudad, y que ofrecen productos de primeras marcas a precios reducidos, bien porque pertenecen a otra temporada, bien porque tienen algún defecto de fabricación.

Aunque no tan populares en el Reino Unido como al otro lado del charco, sin duda existe un outlet que nada tiene que envidiar a sus hermanos norteamericanos. Se trata del Bicester Village Shopping Centre, en la ciudad de Bicester. Más de 3 millones de personas lo visitan al año, lo que lo convierte en una atracción turística más, y su popularidad parece extenderse más allá de los límites de Albion. Para más inri (y comodidad de potenciales compradores), un autobús llamado “The Shopping Express” te lleva desde Londres hasta el outlet por 23 libras ida y vuelta.

Para terminar nuestro modesto recorrido por las distintas zonas comerciales de la capital, y ya que nos encontramos en Londres, no podía faltar la opción más alternativa, aquella que por su diseño y originalidad se distingue de las otras, mucho más clásicas. Y para ello nos desplazamos a la zona de Shoreditch, donde hace apenas una semana se inauguró el tan publicitado  BoxPark, un nuevo concepto en el que los comercios se encuentras emplazados en “módulos”, los cuales se pueden transportar de un lugar a otro, haciendo que la ubicación de las mismas sea diferente cada día, aunque de momento no se hayan planteado el moverse de Shoreditch High Street. Esta facilidad de movimiento hace que este espacio haya sido bautizado como el primer pop-up mall del mundo.

Shopping centres, outlets y en definitiva tiendas y más tiendas que contribuyen a esta locura navideña en la que las autoridades recomiendan controlarse a la hora de ingerir alcohol pero en la que nadie habla de controlarse a la hora de gastar dinero, especialmente ahora con la que está cayendo. Personalmente, este año me encuentro un poco vago, y creo que optaré por la opción fácil, esto es, comprar mis regalos online a través de Amazon. Mucho más cómodo, y sin tener que pasarme horas en una cola junto a otras treinta personas esperando a que nos procesen en una caja. Eso sí, si alguien opta por la opción Amazon, cuidadito con la facilidad de pagar con tarjeta online. Eso, sin duda, sí que es peligroso.

Más información:

http://uk.westfield.com/stratfordcity/

http://www.oxfordstreet.co.uk/

http://www.bicestervillage.com/

http://www.boxpark.co.uk/

http://www.amazon.co.uk/

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La vida pasa. Como las nubes

La vida pasa para todos, y al final, nadie es ajeno a los cambios, a veces para bien, a veces para mal, que la vida trae consigo.

Hace ya unos nueve meses que comencé a escribir este blog, colaborando así con esta empresa y haciendo mío su objetivo: enseñar un Londres diferente a las muchas personas que lo visitan cada año, y, navegando por sus calles, sus gentes, y su historia, sacar a la luz las pequeñas joyas que la ciudad atesora.

Lamentablemente, el crecimiento inevitable de esta joven empresa, hace que uno tenga que centrarse en asuntos más relevantes y deje de lado otros aspectos, que, por otra parte, son los que más le llenan al final del día.

Este blog, es un claro ejemplo, y como muchos habéis notado, durante las últimas semanas me he mostrado más ausente de lo que me hubiera gustado. Desde aquí gracias a todos por vuestros mensajes de apoyo y si hay algo que quiero dejar claro es que el blog no va a cerrar ni mucho menos, aunque si me veré obligado a escribir con menos frecuencia que en meses anteriores.

Eso sí, ya que lo haré en pequeñas dosis, que por lo menos sea trayendo propuestas de calidad. Como la que os traigo hoy.

Hace un par de días tuve la oportunidad de asistir al aniversario de un colectivo que en poco tiempo ha crecido como la espuma en los aledaños de Kingsland Road, cerca de la estación de Overground de Dalston Junction.

Se trata de la agrupación de artistas Passing Clouds, cuyos headquarters se encuentran cerca de la citada calle, para ser más exactos, en una pequeña warehouse en el número 1 de Richmond Road.

Dicho colectivo aboga por un desarrollo sostenible y por un futuro mejor para todos a través de la mezcla de culturas (Londres es quizá el lugar idóneo para esto) y de la expresión artística. Es por eso que ofrecen su local como plataforma para numerosos artistas locales, y que usan sus escenarios, paredes o salas para expresarse y mostrar a la gente sus creaciones, dándoles así una oportunidad que de lo contrario se les negaría. Es posible que el trillado, mega turístico y overrated Café 1001 de Bricklane comenzase como algo así hace tiempo.

De todas las actividades que se programan a diario en esta sala de dos plantas llevada casi en exclusiva por voluntarios, una de las que más sorprende por lo general, es la que se lleva a cabo los Domingos a partir de las seis y media de la tarde, y a la que como he dicho, tuve el placer de asistir hace un par de tardes.

Y es que los Domingos se organiza la llamada The People’s  Kitchen, una jornada en la que cualquiera puede participar, y en la que el objetivo es el de enseñar cómo realizar una buena gestión de los recursos alimenticios. Para ello, se recolectan todos los excedentes de comida de ese día provenientes de los restaurantes y comercios de la zona, y con ellos se cocinan distintos platos que a partir de las seis y media como ya he dicho, se ofrecerán a cualquiera que se pase por allí, de forma totalmente gratuita, aunque se incita a los comensales a ofrecer una donación que por lo que yo vi, raramente excedía las dos libras. Vamos, que puedes ir allí a comer por la cara.

Una vez acabada la cena (durante la cual nos ofrecieron champán y cerveza de jengibre), y una vez el personal había terminado de recoger (aquí cada uno lava su plato), se despejó el escenario y dio comienzo una sesión de jamming, en esta ocasión con músicos africanos como protagonistas, que acercaron sus cantos, danzas e instrumentos a nosotros, los fríos europeos.

Una velada por lo tanto que mereció la pena, no solo por la comida, que estaba bastante bien, sino por compartirla con toda la gente interesante que allí conocí, y formando parte de una idea que, si bien parece un poco obsoleta y con olor a naftalina, hace que uno se sienta bien pensando en que puede haber un mundo mejor.

Aquí os dejo un par de enlaces…

 http://www.passingclouds.org/

http://thepeopleskitchen.org/

…y algunas fotos:

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·Y para demostrar que los esfuerzos tienen su recompensa, la web de viajes Tripadvisor ha reconocido a London Incognito con el Certificado de Excelencia turística para este año 2011, el cual luce lustroso en nuestras oficinas. Gracias a todos los que ya habéis descubierto Londres de una forma diferente y os habéis molestado en dejar vuestros comentarios en dicha web. Y sobre todo, gracias a Julie Miquerol, sin la que nada de esto habría sido posible.

Londinenses castizos

Hace ya varios meses que publiqué un artículo sobre los cockneys, esos habitantes del este de Londres con un acento más que particular, y con una historia siempre ligada a la capital y a lo que significan tanto su pasado como sus barrios obreros. Pues bien, de entre todos los individuos que abundan en los confines del East End londinense, los abanderados de esta cultura tan londinensemente auténtica, son los llamados Pearlies, a quienes mencioné en aquel post, solo que muy de pasada.

Este grupo de personas (que a su vez es una organización benéfica) tan llamativo por su indumentaria, la cual describiré más adelante, son a la ciudad lo que los barquilleros callejeros a Madrid, es decir, remanentes de una historia no muy lejana y que se resisten a desaparecer, a la vez que dan sabor a las calles de la urbe y un toque identificativo durante verbenas y festejos.

¿Pero quiénes son los Pearlies y cómo identificarlos? Bueno, primero de todo hay decir que la palabra Pearlies, es la forma plural y abreviada de decir Pearly Kings and Queens, ya que esta agrupación nombra a sucesores cada cierto tiempo, por lo que siempre hay un King (rey) o una Queen (reina) por cada distrito del este y centro de Londres.

Aunque la historia de los Pearlies está un poco difusa, la mayoría de autores parecen coincidir en que el fundador de dicha organización benéfica es un tal Henry Croft, un busca vidas originario (como no) del East End, y que a finales del siglo XIX, decidió ponerse a recaudar fondos para luego donarlos a distintas asociaciones de la zona.

Para ello, su relación con los costermongers (vendedores ambulantes), con los que se pasó media vida, jugó un papel crucial, pues estos fueron quienes le inspiraron para llevar a cabo su solidaria empresa. En aquellos tiempos, los costermongers de distritos como Stepney, Whitechapel o Hackney, solían vestir con llamativos trajes, a la vez que practicaban un lenguaje enrevesado y gracioso que atraía a compradores y curiosos. Era el principio del desarrollo de la Cockney Ryming Slang, la jerga cockney. Esto, y el compañerismo existente entre todos ellos, ayudándose unos a otros en tiempos difíciles y apoyándose mutuamente, hizo que el bueno de Croft se pusiera manos a la obra y empezase a recaudar fondos para ayudar a los más necesitados en los distintos distritos.

Así, para llamar la atención, y siguiendo la moda empezada por los vendedores, empezó a coser botones color perla (de aquí el nombre de Pearly) a todas sus ropas, ya fueses pantalones, chaqueta, camisa o sombrero. Esto le proporcionó una apariencia de lo más llamativa, y en poco tiempo se convirtió en uno de los personajes más solicitados del mercado, hasta tal punto que, al no poder lidiar con la situación por si solo, empezó a recibir las ayudas de vecinos que imitaron su atuendo, dando así comienzo a la tradición de los Pearly Kings and Queens.

Henry Croft, con su traje cubierto por Pearl buttons

A día de hoy, los Pearlies siguen siendo una asociación benéfica, y están presentes en casi todos los eventos de cierta magnitud que se celebran en los distintos distritos del Londres más oriental. Sin embargo, y debido a ciertas desavenencias entre sus miembros, hace años que los Pearlies están divididos en dos grupos The Pearlies y The Pearly Society. Durante las últimas semanas he estado en contacto con una de las integrantes del primero (Teresa Watts – Reina de Clapton) para así conocerla y que me contase algo más sobre la historia de los Pearlies. No ha habido tal suerte, ya que es difícil ponerse de acuerdo en las fechas, pero por sus palabras, parece ser que su asociación es, de las dos, la que intenta mantener los valores que la vieron nacer más firmemente.

Algunos Pearlies durante un festival en Angel hace un mes

 Sin embargo, si alguien quiere ver a estos personajes tan londinenses en vivo y en directo, y luciendo tan brillante vestimenta, qué mejor oportunidad que la que se presenta este Domingo, día en que se celebra el Pearly Harvest Festival, la festividad más importante en su calendario. Dado que existen dos asociaciones, The Pearly Society celebrará su reunión en la iglesia de St. Paul, en Covent Garden, y The Pearlies, en la iglesia de St. Martin in the Fields, junto a Trafalgar Square, iglesia en la que por cierto, se encuentra la estatua en recuerdo a Henry Croft, fundador y pionero de una asociación que, cuestiones filantrópicas aparte, representa un modo de vivir, hablar, y, como no, de vestir.

Viajar en el tiempo

Hace unos días, el mundo se despertaba con la noticia de que un experimento llevado a cabo en un laboratorio de Gran Sasso (Italia), había obtenido unos resultados cuanto menos inquietantes. Por lo visto, y tras la presentación de los mismos en un seminario científico del CERN (Laboratorio europeo de Física de partículas) en Suiza, los científicos italianos sostienen que ciertos neutrinos (partículas atómicas), y según sus mediciones, pueden viajar a una velocidad superior a la de la luz.

Un servidor no entiende mucho de cuestiones físicas, salvo lo que le enseñaron de joven, y a veces ya ni eso, pero lo que está claro es que la noticia ha revolucionado a la comunidad científica, ya que dicha afirmación, de ser cierta, nos acercaría algo más a uno de los sueños más perseguidos de la humanidad: la posibilidad de viajar en el tiempo.

Lamentablemente, y dado que este blog no está enfocado a tratar la vida y milagros de la materia, la energía o el espacio, no me extenderé más sobre el tema. Sin embargo, eso no quiere decir que no podamos viajar en el tiempo. Aunque claro, eso, como siempre, lo haremos a nuestra manera, es decir, explorando otro rincón desconocido de la ciudad de Londres.

En esta ocasión, nos desplazamos a la zona de Tower Hamlets. Aquí, al este de la Torre de Londres y en los aledaños de Cable Street, se encuentra la que es la sala de conciertos más antigua del mundo, la cual, además, mantiene una actividad relativamente constante.

Ayer, jornada de puertas abiertas, tuve la oportunidad de visitar su interior, algo que de lo contrario solo se puede realizar los días en los que se celebra algún espectáculo.

El lugar en cuestión se llama Wilton’s, y fue inaugurado en el año 1858 por un empresario llamado, y como no podía ser de otra manera, John Wilton. De todas formas, la sala se mantuvo abierta apenas 30 años y desde finales del siglo XIX, la propiedad pasó a manos de una Misión Metodista, que regentó el lugar hasta mediados del siglo pasado.

Llegada a Wilton's

Entrada a la sala

Sea como fuere, el lugar es toda una maravilla, y una reliquia de su tiempo que se mantiene como Dios (o John Wilton) la trajo al mundo. Paredes desconchadas que hace décadas que habrían agradecido un par de manos de pintura, suelos irregulares de madera, de esos que al pisar chirrían de tal manera que parece que el edificio entero se va a venir abajo, y un cartel luminoso encima del escenario en el que se puede leer el nombre de la sala, envuelven al lugar de un halo de nostalgia que te atrapa al instante. Incluso la entrada al recinto se encuentra en estas condiciones, lo que contrasta con el resto de las viviendas las cuales, si bien no son un ejemplo de manutención, al menos ocultan muy bien lo de tener más de cien años a sus espaldas.

En el interior del edificio, y antes de entrar a la sala en sí, nos encontramos con el Mahogany Bar, el cual se cree fue un pub en sus inicios, esto es, alrededor del año 1725.

Imagen del Mahogany Bar

Tanto el Mahogany Bar como el Wilton’s Music Hall se encuentran abiertos al público. El primero, por lo general de Lunes a Viernes de 5 a 11 y los días en los que hay espectáculo; el segundo solo abre para espectáculos o tours como el que se realizó ayer. Podéis consultar la agenda de actividades aquí. Para asistir se necesita reservar y pagar el importe de la entrada, el cual varía dependiendo del show, pero si lo que queréis es pasar de gratis, el 4 de Octubre se procederá al visionado de la película “From Cable Street to Brick Lane”, un documental que muestra las tensiones entre distintas etnias e ideologías durante los años previos a las Segunda Guerra Mundial, y que desembocaron en la batalla de Cable Street, de la cual hablé hace un par de meses en este otro post.

Es por tanto una ocasión ideal para visitar esta sala tan antigua como casi desconocida y que hará que por un momento nos transportemos en el tiempo, de una manera mucho más romántica y sin comernos la cabeza por neutrones y neutrinos. Sin embargo, y para aquel que siga dándole vueltas a la física, conviene quizá recordarle una frase del científico Stephen Hawking, y que viene a decir algo así como: “La imposibilidad de viajar al pasado, queda demostrada por la ausencia total de viajeros del futuro en nuestros días”.

Wilton’s Music Hall
Graces Alley
Londres E1 8JB

Luces, sombras y espejos

De cuando en cuando y por razones que no voy a precisar aquí, pero que están estrechamente relacionadas con la empresa para la que trabajo, tengo la oportunidad de asistir a la noche inaugural de numerosas exhibiciones de arte en la ciudad de Londres, para así codearme con lo más granado de la galaxia artística londinense (marchantes, coleccionistas, artistas…).

No es que sea mi ambiente, y la verdad, para ser sincero, la mayoría de las veces voy para tomarme una (o dos) copa de vino a la salud de la galería, que las ofrece de manera gratuita entre los asistentes.

Sin embargo, en alguna ocasión, tengo que reconocer que mi asistencia ha merecido la pena. Éste fue el caso de la inauguración a la que asistí hace dos semanas en la sala de All Visual Arts en el número 2 de Omega Place, junto a la estación de King’s Cross.

Se trata de la exposición del ya fallecido artista francés Charles Matton, quien cultivó numerosas disciplinas a lo largo de los años, destacando sus facetas como escultor, pintor y maquetista.

Y es esta última la que me sorprendió más gratamente, ya que entre los objetos expuestos en dicha exhibición, se encuentran distintas maquetas realizadas por el artista desde el año 1985, algunas de ellas nunca expuestas con anterioridad.

En ellas, Charles Matton recrea con minuciosidad y al detalle, estancias visitadas por su persona a lo largo de los años, como pueden ser bibliotecas, áticos y habitaciones de hotel, todo ello junto a un juego de luces, sombras y espejos que te mantiene pegado al cristal un buen rato intentando desvelar cómo narices consigue dar tanta profundidad y realismo a sus creaciones.

Personalmente, lo de la luz en el mundo del arte es algo que me atrae bastante. Por ejemplo, y como mostraba una de las maquetas, una luz anaranjada, incandescente, como si del último atardecer de la historia se tratase y que se cuela a través de unas cortinas, penetrando en una habitación completamente diáfana, me transportó, por alguna razón que se me escapa, a mi infancia más temprana.

Así mismo, una luz mucho más clara, blanquecina y cegadora, inundando una estancia bien amueblada y con las ventanas abiertas por donde casi sentía entrar la brisa veraniega, me transportó a los largos veranos de mi juventud, tirado en mi cama esperando a que llegase la noche, se fuese el calor y así poder salir a la calle con mis amigos.

Como siempre en el mundo del arte, lo de los sentimientos es personal, pero si alguien quiere disfrutar de las distintas sensaciones que Charles Matton plantea, o simplemente sentir el impulso de romper el cristal e introducirse dentro de alguna de las maquetas, pasaos por el salón de All Visual Arts en Caledonian Road (a 100 metros de la estación de King’s Cross) y disfrutad de esta exhibición completamente gratuita. Además, y para el que le interese, quedaos con la dirección, ya que esta sala suele exponer una vez al mes, no costando el acceso a la misma ni una mísera libra.

All Visual Arts
2 Omega Place
Londres N1 9DR
Abierto de Martes a Domingo de 10 a 6 de la tarde.
http://allvisualarts.org/

 

El cielo existe. Y además, está en Peckham

Pues sí. Efectivamente, el cielo existe. Bueno, puede que esto no sorprenda a cualquiera que ya diera por sentada la existencia del etéreo paraíso. Lo que seguro llama la atención, es que éste se encuentra ni más ni menos que en Peckham, ese barrio del sur de Londres con fama de inseguro y a veces peligroso, lo cual se reafirmó tras los disturbios de principios de Agosto (de los que ayer se cumplió un mes por cierto) cuando el vecindario fue uno de los más afectados, con muchos de los participantes en las revueltas alardeando de su procedencia.

Por tanto, llegar al “cielo” de Peckham no será cosa fácil. Lo primero, tenéis que bajaros en Peckham Rye, estación a la que se accede fácilmente con trenes desde King’s Cross o London Bridge. Una vez abandonéis la estación, seguid de frente y daréis con la calle principal, llamada Rye Lane. Torced a la izquierda y posicionaos enfrente del McDonald’s que hace esquina. Justo al otro lado de la calzada, comienza una calle de pequeño recorrido. Entrad en ella y seguid por el único itinerario posible, esto es, primero derecha, y luego izquierda otra vez. Sin comerlo ni beberlo, os encontraréis en un callejón sin tiendas ni viviendas, y con la sola compañía de las vías de tren a un lado, y un edificio completamente abandonado al otro. Pese a los antecedentes del barrio, no os preocupéis, y buscad una entrada al edificio que se encuentra a vuestra izquierda. Seguramente no habrá más que un papel pegado a la puerta, o sea que no busquéis grandes indicaciones porque no las hay.

Una vez dentro ascended por la escalera hasta la planta 6, que es lo máximo que podéis subir, para encontraros entonces en mitad de un parking abandonado, sin apenas un mísero vehículo. A estas alturas (y nunca mejor dicho) más de uno habrá dejado de leer, o se habrá dado media vuelta. Para los que seguís conmigo, seguid ascendiendo por el parking pero como si fuerais un coche, es decir, usando las rampas, ya que no hay más escaleras y el ascensor no está operativo.

Finalmente, habréis llegado a la planta 7, donde empezaréis a percibir señales de vida, en forma de esculturas y proyectos de artistas. Y es que efectivamente, desde la planta 7 a la 10, este edificio abandonado, que no en ruinas, es “propiedad” si se le puede decir así, de un grupo de artistas llamado Bold Tendencies. Aquí, en la planta 7, incluso cuentan con una pequeña sala llamada Auditorium, y que con su forma circular y asientos recubiertos de paja, recuerda más a un viejo granero. En él se proyectan películas de cuando en cuando.

Asientos y entrada al Auditorium

Sin embargo, lo mejor está por llegar. Justo en el extremo contrario del parking, buscad una entrada bastante amplia y que os permite acceder al exterior. Si habéis llegado hasta aquí, terminad de subir lo poco que os queda y preparaos para lo que os he prometido: el “cielo” en Peckham. Y es que queridos lectores y lectoras, para un servidor al menos, la vista desde aquí es sin duda la mejor de Londres. Big Ben, London Eye, St. Paul’s, la City de cabo a rabo, Canary Wharf, todos ellos como formando parte de una misma postal de dimensiones estratosféricas.

Aquí arriba además, se encuentra el bar Frank’s, con multitud de mesas, y, sobre todo, con multitud de personas, lo cual contrastará con vuestros minutos de soledad por el interior del parking. Ni que decir tiene que las mejores vistas se disfrutan de noche, lo cual hará que vuestro periplo hasta encontrar el camino de acceso sea más inquietante si cabe.

Un lugar pues, para disfrutar de los proyectos de diferentes artistas, y de una copa de vino, cerveza o quizá de algo de comer (también sirven comidas), con la ciudad de Londres a tus pies.  Eso sí, si queréis visitarlo, daos prisa, ya que este lugar solo abre durante los meses de verano y cerrará sus puertas el 30 de Septiembre, para volver a abrir en el año 2012.

Más información:

http://boldtendencies.com/

http://www.frankscafe.org.uk/

“Boudica de Islington” y el “Angel Canal Festival”

Pasear por Regent’s Canal en Londres es toda una maravilla. Con un recorrido que nos lleva desde los Docklands a la altura de Limehouse hasta la lejana Paddington, en el Noroeste de la ciudad, los distintos canales que conforman la red del Regent’s Canal suponen una alternativa de lo más interesante si lo que queremos es dar un agradable paseo sin movernos de la ciudad.

Construido a comienzos del siglo XIX, el Regent’s Canal supuso toda una revolución en el Londres victoriano, ya que permitía el transporte de mercancías (especialmente carbón) de manera fácil y relativamente rápida. Sin embargo, con el paso de los años y el desarrollo de nuevos medios de transporte, los canales cayeron en desuso y, si a día de hoy podemos disfrutar de los paseos mencionados más arriba, es gracias al empeño de gente como por ejemplo Crystal Hale, también conocida como la “Boudica de Islington” (comparando así su espíritu combativo con el de la reina icena que luchó contra los romanos hace ya más de dos mil años).

Nacida en Londres en 1916, dedicó cuerpo y alma durante la década de los 60 a salvar el City Road Basin, una dársena cercana a Angel y que British Waterways, la empresa encargada de la manutención de los canales, tenía pensado cubrir para así ganar suelo edificable sobre el que construir edificios de oficinas. Hay que tener en cuenta, que City Road Basin es la zona de Regent’s Canal más cercana a la City londinense, por lo que la demanda inmuebles destinados a tal fin estaba a la orden del día.

City Road Basin

A día de hoy, se puede decir que los esfuerzos de Crystal tuvieron su recompensa, ya que el City Road Basin se muestra intacto, así como los canales que lo rodean. Aunque la historia no termina aquí, ya que esta concienzuda (y concienciada) londinense, colaboró a revitalizar la zona creando dos clubs náuticos: el Islington Narrow Boat Association, y el Islington Boat Club, enfocados a promover la navegación, la seguridad en el agua o el piragüismo entre los más jóvenes. Ambos siguen operativos en nuestros días.

Como punto final a su cruzada por los canales de Angel y alrededores, Crystal, en compañía de Jim Ladgen, un experto organizador de eventos por todo Inglaterra, creó el conocido como “Angel Canal Festival”, todo un homenaje a los canales de Londres, con la participación de distintas embarcaciones, así como de varios integrantes de los dos clubs que ella misma fundó.

Pese al fallecimiento de Crystal Hale en 1999, el festival se sigue celebrando con carácter anual el primer Domingo de cada Septiembre, lo que significa que la 24ª edición se celebrará mañana día 4 entre las 11 y las 5 de la tarde, en el City Road Basin y alrededores,  a los cuales podréis acceder a través de Danbury Street, cerca de la estación de Angel.

Más información:

http://www.angelcanalfestival.org/