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Clerkenwell: entre spas y tabernas

Al norte del mercado de Smithfield, más allá de los dominios del Lord Mayor y por ende de su jurisprudencia por definición, la City, se extiende el barrio conocido como Clerkenwell, un pedazo de historia a menudo ensombrecido por sus vecinas King’s Cross y Angel. Una historia donde se mezclan a partes iguales un pasado eclesiástico y la existencia de numerosos manantiales que fueron convertidos en spas donde los londinenses del siglo XVIII venían a relajarse en sus ferruginosas aguas.

De lo primero, no queda mucho más que lo que podemos ver en otros barrios de Londres. Si acaso, un buen puñado de parroquias y pequeñas iglesias entre las que destaca la iglesia de St.James, del año 1792.

Aunque sin duda, no podemos hablar de este barrio perteneciente al distrito de Islington, sin mencionar a la orden de St. John, una orden de caballería fundada a mediados del siglo XIX en el mismo Clerkenwell, y que fijó su sede junto a la “Puerta de St. John” (St. John’s Gate), en un edificio que hasta entonces servía como taberna (“Old Jerusalem Tavern”) y que en el pasado formaba parte de la entrada sur al priorato de los Caballeros de St. John.

A día de hoy, St. John’s Gate es la única superviviente de aquel priorato, y todavía se mantiene como sede de la orden de St. John, cuyo museo se encuentra justo bajo la puerta, y cuyo símbolo y escudo sonará a más de uno ya que se puede ver en multitud de ambulancias (St. John Ambulance) que pertenecen a la asociación y que se dedican a realizar obras de caridad.

Otro indicativo del monástico pasado de Clerkenwell, es la existencia del pozo de Clerks (en inglés Clerks’ Well)y que como os habréis imaginado sirve para dar nombre a este barrio que puede presumir de ser uno de los que más bicicletas por habitante tiene en la ciudad de Londres. El pozo de Clerk, se encuentra en Farringdon Lane, justo al lado del City Pride pub, y dado que está situado dentro de unas oficinas, si queremos visitarlo tendremos que concertar una visita de antemano poniéndonos en contacto con el centro de historia de Islington. Sin embargo, si lo que queremos es simplemente echar un vistazo, con asomarnos por la ventana nos bastará. Este pozo, era uno de los incontables manantiales de la zona, y su existencia se remonta hasta como mínimo la alta Edad Media, de donde provienen los primeros escritos que hablan de su existencia.

Placa junto al Clerks' Well donde se puede leer de manera errónea "barrio de Finsbury", el cual ya no existe como tal llamándose Islington desde el año 1965.

Aunque si Clerks’ Well fue importante, no lo fueron menos otros manantiales de la zona. Hay que tener en cuenta, que nos encontramos al lado de Farringdon Road, o lo que es lo mismo, al este del otrora valle del Fleet, uno de los ríos perdidos de Londres, y que cruzaba la ciudad desde los altos de Hampstead Heath donde nacía (y nace, aunque ya no fluya sobre tierra) hasta su desembocadura en el Támesis junto a Blackfriars. De aquí pues, la predominancia de aguas subterráneas en la zona.

Caminando hacia el norte por Farringdon Road, antes de cruzarnos con otro de los ya mencionados manantiales, y si dirigimos la vista hacia la derecha, daremos con Exmouth Market un mercadillo callejero situado en la calle del mismo nombre.

Dejando a un lado Exmouth Market y subiendo por King’s Cross Road, justo enfrente del hotel Travelodge, tenemos lo que en su día fue Bagnigge Wells, uno de los spas más famosos del siglo XVIII, y por cuyos jardines fluía el ya citado río Fleet para deleite de los londinenses que se desplazaban hasta el lugar. Nada o casi queda ya de estos baños, salvo una inscripción en una de las viviendas en donde se hace referencia a “The Pinder a Wakefeilde”, un pub de la zona inaugurado en el año 1517 y que hace quince fue renovado y renombrado como “The Water Rats”.

Más al norte si cabe, casi llegando a King’s Cross, y si miramos con atención a nuestra izquierda, nos toparemos con un pequeñísimo callejón llamado St. Chad’s Place, y que en su día nos guiaba hasta St.Chad’s spa, otro de los manantiales de la zona y que fue destruido por completo tras la construcción de la línea de metro Hammersmith&City, a finales del siglo XIX.

Entrada a St. Chad's Place

Con St. Chad’s spa, hemos llegado al final de nuestro recorrido por aquellos manantiales que en su día inundaron (nunca mejor dicho) esta zona, y de los cuales hoy no queda ni uno. Sin embargo, y para que veáis que no todo es historia en Clerkenwell, vamos a hacer un repaso final por otro de los elementos que más abundan, ahora sí, a día de hoy, por las calles de este céntrico barrio de la capital. Porque si a los londinenses del siglo XVIII les gustaba mojarse de cuerpo entero, a los del siglo XXI con mojarse el gaznate les basta. Y es que, mientras otros barrios adolecen de falta de bares, pubs o tabernas, Clerkenwell tiene para exportar, algunos de ellos convertidos en gastropubs y otros con historias de lo más curiosas.

·The Coach and Horses (Ray Street): si antes hablábamos del Fleet, este lugar es parada obligatoria, ya que en días lluviosos, si nos situamos junto a una alcantarilla enfrente del mismo, podremos oír el río fluir bajo nuestros pies.

·The Fox and Anchor (Charterhouse Street): sin duda uno de los mejores gastropubs que he visitado en Londres. A little bit pricey (un poco carero) como dirían por aquí pero es uno de los pocos (por no decir el único) en los que la cocina es auténticamente inglesa (para lo bueno y para lo malo), por no hablar de las cervezas, todas elaboradas en Londres.

·The Castle (Cowcross Street): curiosa historia la de este sitio. Si os fijáis bien, justo sobre la entrada podemos ver tres bolas doradas colgando. Como algunos  sabréis, esto simboliza que el lugar en cuestión hace las veces de casa de empeños. La explicación de porqué un pub tradicional ejerció en su día funciones de prestamista se remonta al siglo XVIII. Según cuenta la leyenda, el por aquel entonces rey, Jorge IV, se encontraba en la taberna disfrutando con el resto de paisanos de una pelea de gallos. Al ir a pagar una de sus consumiciones, se encontró con que no tenía dinero, por lo que ofreció al tabernero su reloj de oro para que se lo tasase y le diera la parte equivalente en efectivo. El tabernero rehusó, esgrimiendo que no podía ya que no disponía de la licencia correspondiente, a lo que el rey, seguramente algo achispado contestó: “¿Y para qué estoy yo aquí sino? ¡Ahora mismo te proporciono una!”. Y efectivamente así lo hizo. No hace falta decir que el propietario del pub no tardó en usar el hecho como reclamo para clientes, proclamando que se trataba del único pub del mundo con licencia para préstamos. A día de hoy sin embargo, me consta que prefieren dinero como forma de pago.

Imagen de The Castle en la que se pueden apreciar las tres bolas doradas, a la derecha del escudo del pub

Aparte de estos tres, otros pubs que merecen una visita serían “The Jerusalem Tavern” (Britton Street); “The Slaughtered Lamb” (Great Sutton Street);  “The Exmouth Arms” (en Exmouth Market); “The Apple Tree” (Mount Pleasant Street); o el ya mencionado “The City Pride” (Farringdon Lane).

La vida pasa. Como las nubes

La vida pasa para todos, y al final, nadie es ajeno a los cambios, a veces para bien, a veces para mal, que la vida trae consigo.

Hace ya unos nueve meses que comencé a escribir este blog, colaborando así con esta empresa y haciendo mío su objetivo: enseñar un Londres diferente a las muchas personas que lo visitan cada año, y, navegando por sus calles, sus gentes, y su historia, sacar a la luz las pequeñas joyas que la ciudad atesora.

Lamentablemente, el crecimiento inevitable de esta joven empresa, hace que uno tenga que centrarse en asuntos más relevantes y deje de lado otros aspectos, que, por otra parte, son los que más le llenan al final del día.

Este blog, es un claro ejemplo, y como muchos habéis notado, durante las últimas semanas me he mostrado más ausente de lo que me hubiera gustado. Desde aquí gracias a todos por vuestros mensajes de apoyo y si hay algo que quiero dejar claro es que el blog no va a cerrar ni mucho menos, aunque si me veré obligado a escribir con menos frecuencia que en meses anteriores.

Eso sí, ya que lo haré en pequeñas dosis, que por lo menos sea trayendo propuestas de calidad. Como la que os traigo hoy.

Hace un par de días tuve la oportunidad de asistir al aniversario de un colectivo que en poco tiempo ha crecido como la espuma en los aledaños de Kingsland Road, cerca de la estación de Overground de Dalston Junction.

Se trata de la agrupación de artistas Passing Clouds, cuyos headquarters se encuentran cerca de la citada calle, para ser más exactos, en una pequeña warehouse en el número 1 de Richmond Road.

Dicho colectivo aboga por un desarrollo sostenible y por un futuro mejor para todos a través de la mezcla de culturas (Londres es quizá el lugar idóneo para esto) y de la expresión artística. Es por eso que ofrecen su local como plataforma para numerosos artistas locales, y que usan sus escenarios, paredes o salas para expresarse y mostrar a la gente sus creaciones, dándoles así una oportunidad que de lo contrario se les negaría. Es posible que el trillado, mega turístico y overrated Café 1001 de Bricklane comenzase como algo así hace tiempo.

De todas las actividades que se programan a diario en esta sala de dos plantas llevada casi en exclusiva por voluntarios, una de las que más sorprende por lo general, es la que se lleva a cabo los Domingos a partir de las seis y media de la tarde, y a la que como he dicho, tuve el placer de asistir hace un par de tardes.

Y es que los Domingos se organiza la llamada The People’s  Kitchen, una jornada en la que cualquiera puede participar, y en la que el objetivo es el de enseñar cómo realizar una buena gestión de los recursos alimenticios. Para ello, se recolectan todos los excedentes de comida de ese día provenientes de los restaurantes y comercios de la zona, y con ellos se cocinan distintos platos que a partir de las seis y media como ya he dicho, se ofrecerán a cualquiera que se pase por allí, de forma totalmente gratuita, aunque se incita a los comensales a ofrecer una donación que por lo que yo vi, raramente excedía las dos libras. Vamos, que puedes ir allí a comer por la cara.

Una vez acabada la cena (durante la cual nos ofrecieron champán y cerveza de jengibre), y una vez el personal había terminado de recoger (aquí cada uno lava su plato), se despejó el escenario y dio comienzo una sesión de jamming, en esta ocasión con músicos africanos como protagonistas, que acercaron sus cantos, danzas e instrumentos a nosotros, los fríos europeos.

Una velada por lo tanto que mereció la pena, no solo por la comida, que estaba bastante bien, sino por compartirla con toda la gente interesante que allí conocí, y formando parte de una idea que, si bien parece un poco obsoleta y con olor a naftalina, hace que uno se sienta bien pensando en que puede haber un mundo mejor.

Aquí os dejo un par de enlaces…

 http://www.passingclouds.org/

http://thepeopleskitchen.org/

…y algunas fotos:

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·Y para demostrar que los esfuerzos tienen su recompensa, la web de viajes Tripadvisor ha reconocido a London Incognito con el Certificado de Excelencia turística para este año 2011, el cual luce lustroso en nuestras oficinas. Gracias a todos los que ya habéis descubierto Londres de una forma diferente y os habéis molestado en dejar vuestros comentarios en dicha web. Y sobre todo, gracias a Julie Miquerol, sin la que nada de esto habría sido posible.

Jellied Eels como antaño

Ahora que está tan extendido aquello de ir a comer a un pub, atraídos por mensajes como “Authentic pub food cooked daily” o “Traditional Sunday Roast”, conviene que echemos la vista atrás para así descubrir lo que realmente comían los londinenses de hace más de un siglo. Porque os aseguro que la mayoría de la población no se dejaba ver por los pubs a la hora de comer tan a menudo como hoy en día, y mucho menos para disfrutar de opulentos manjares.

Todavía en nuestros días, quedan en las calles de Londres pequeños remanentes de lo que fueron los lugares de acudida del pueblo londinense cuando el hambre apretaba, sitios donde antaño el mítico Fish&chips se servía envuelto en hojas de periódico, práctica por otro lado prohibida desde los años 60 debido al perjudicial efecto de la tinta desprendida por las páginas.

Se trata de los establecimientos conocidos como Pie&Mash, y en donde, por unos precios a menudo irrisorios, podemos probar distintas especialidades tradicionales como el Pie&Mash que da nombre a la tienda, o por ejemplo las Jellied Eels, anguilas troceadas y que se sirven junto a la misma gelatina que desprenden al cocinarlas. Vamos, toda una delicia para paladares a prueba de grima.

Dichos establecimientos, caídos en el desuso (aunque en los últimos años parecen experimentar un repunte, en parte gracias a la fiebre de los londinenses por recuperar elementos antiguos y convertirlos en vintage), fueron otrora un denominador común en la geografía londinense, ofreciendo una alternativa barata para el Londres más sufrido. Se dice que a principios del siglo pasado existían más de cien locales Pie&Mash en Londres.

El hecho de que las anguilas pudieran ser pescadas fácilmente en el Támesis gracias a la instalación de redes, ayudó bastante a rebajar el precio de las Jellied Eels.

Con todo esto, y dado que ayer fue día de mercado, me acerqué por los alrededores de London Fields para visitar uno de estos establecimientos, el cual llevo años viendo a las puertas de Broadway Market, y que nunca me he dignado a visitar. Y lo que es más, estaba dispuesto a probar las famosas anguilas.

La tienda, de nombre F. Cooke acorde con su fundador, Frederick Cooke, ya promete antes de entrar. El letrero, resalta entre los demás por su estilo antiguo, sus colores y diseño de lo más simples, y por una escritura muy redondeada. Una vez dentro, mis sospechas se confirman. Un puñado de mesas con bancos de madera, cada una con su correspondiente botella de vinagre de malta, reciben al visitante. El resto, y siguiendo con la sencillez que anticipaba el cartel de la puerta, una barra y paredes recubiertas con azulejos de color crema y turquesa. Por lo demás, carteles de Pepsi antiguos, bolsas en las paredes, un poster de un tío mordiendo una anguila sujetado con cinta de embalaje…todo muy cutre, o muy auténtico según se mire.

Ya al entrar lo que me llamó la atención es que ninguno de los allí presentes estaba comiendo anguilas, y sí el Pie&Mash por el que se conoce a la tienda. No será por el precio, ya que un plato de Pie&Mash sale por unas 3,50£ y uno de Jellied Eels por 2,50£. Y los hay que dicen que no se  puede comer barato en Londres.

Ya que la cosa no estaba muy ajetreada, decidí hablar con el dueño, el cual me comentó orgulloso que se trata de la Pie&Mash más antigua de Londres, algo que contrasta con lo que he leído en Internet, donde se considera a M.Manze en Peckham como la de más solera. Sin embargo, y tras comentarle esto mismo, el dueño insiste en que esta tienda fue abierta por su bisabuelo a finales del siglo XIX.

Tras esto, decidí pagar mis 2,50£ y darle una alegría al cuerpo. Nada más lejos de la realidad. Para que engañaros, el sabor en si no está mal, de hecho el pescado está hasta bueno, pero es la textura del mejunje, gelatina o como lo queráis llamar que rodea a las anguilas lo que lo hace un poco, no sé, ¿desafiante quizá?

No obstante, y pese a que no incluiré este plato en la lista de mis favoritos, la experiencia de probarlo en un establecimiento tan auténtico y con tanta historia, mereció ya de por sí la pena. Eso sí, de camino a casa, y ya que estaba en el mercado, me pedí una de esas hamburguesas tan ricas que preparan. Por lo del regusto y esas cosas.

Como nota final siento decir que la batería de mi cámara se agotó para cuando pedí las anguilas. Sin embargo, si escribís Jellied Eels en Google encontraréis docenas de imágenes. Eso sí, para lo del sabor, tendréis que venir y probarlas.

Red Market: ¡un mercado nocturno!

Podría parecer que todo estuviera ya inventado en cuestión de mercados en la ciudad de Londres, pero no. Sí, ya se que los hay que venden antigüedades, vinilos desclasificados, esas cámaras Lomographische que tan de moda se están poniendo y hasta comida de la Cochinchina, al sur de Vietnam. Pero faltaba dar un paso más. Paso que se ha dado gracias a la genialidad de algún lumbrera que se debió preguntar: “¿Y por qué no abrimos de noche?”.

Pues dicho y hecho, ya que eso mismo debe ser lo que se la pasaría por la cabeza al creador del Red Market, un nuevo (y ya van…)mercadillo londinense y que, como su página indica, es el único de Londres que abre sus puertas hasta bien entrada la noche de tanto Sábados como Domingos. Sin embargo, los primeros días de este mercado no han podido ser más desafortunados.

Ubicado en un solar abandonado entre Rivington Street y Old Street (para los que conozcan la zona, es ese lugar que lleva tanto tiempo cerrado justo detrás del ya desaparecido Foundry), el Red Market pretendía comenzar su andadura a principios de este mes que ya se acaba, pero distintos problemas con las licencias hicieron que tuviera que esperar hasta el fin de semana del 18 y el 19. Fue entonces cuando se encontró con otro imprevisto: una lluvia intensa que deslució lo que debía haber sido un día de inauguración espectacular. Vamos, que les aguó la fiesta.

Con todo esto, yo, que soy muy de mirar el tiempo antes de salir de casa, decidí posponer mi visita al mercado para este pasado fin de semana. Y así lo hice. Con un día que empezó dubitativo, para luego aclararse y dar paso a un sol espectacular, me presenté a las puertas de Shoreditch para ver lo que allí se cocía.

Y nunca mejor dicho, porque lo que más me sorprendió es que el mercado oferta exclusivamente comida y bebida. No se porqué, pero al leer mercado nocturno me había hecho a la idea de que también se venderían otro tipo de productos.

La segunda sorpresa me la dieron sus dimensiones, ya que, al menos de momento, es algo pequeño. Y digo de momento porque, según me comentó una de las chicas que trabajaba allí, les había costado un poco arrancar dados los problemas iniciales pero ya para el próximo fin de semana están previstos como mínimo otros 7 puestos más.

Pese a todo, si es cierto que el mercado tiene su encanto, con sofás y mesas esparcidos por todo el lugar, música electrónica bastante refrescante y en general un ambiente de chiringuito de playa bastante logrado. Además, la comida tenía bastante buena pinta. Lástima que no tuviera hambre porque así os podría haber contado si estaba tan bien como prometía. Lo que si os puedo decir es que los mojitos que sirven en el stand principal están bastante bien. Quizá demasiada hierbabuena, por poner un pero.

Por otra parte, y siguiendo con mi experiencia en el mercado, otra de las cosas que más me sorprendió fue una pequeña choza de madera con arena de playa y que, al acercarme a echar un ojo resultó ser una “franquicia” del Dissapearing Dining Club.

Para el que no lo sepa, el Dissapearing Dining Club es una empresa sita en Old Street y que propone dos tipos de cenas de lo más originales. La primera, se puede desarrollar en cualquier lugar de Londres, ya sea en la calle o en algún local privado, cuya dirección se te envía por correo o mensaje días antes de tu reserva. La segunda, se lleva a cabo en el local de Old Street, el cual cuenta exclusivamente con una mesa para diez comensales, y, salvo parejas o grupos de amigos, lo interesante consiste en juntar a cenar a diez desconocidos para que se conozcan durante la cena. Podéis echar un vistazo en su página web (http://www.disappearingdiningclub.co.uk/).

En el caso de la casita que el club posee en el mercado, el planteamiento es el mismo, solo que en vez de cenar dentro de un local, lo haces en una terraza rodeado de arena.

Por lo tanto, y tras un par de mojitos mientras disfrutaba de los últimos rayos de sol, decidí marcharme a casa. Ahora, ¿recomendaría la visita a Red Market?. Bueno, pues diría que sí. No recomendaría a nadie el desplazarse hasta Old Street solo para visitarlo, porque no vale la pena. Sin embargo, teniendo en cuenta sus previsiones de crecimiento y su localización, creo que es el lugar perfecto para terminar un día de compras por el East End o para empezar la noche antes de dirigirse a alguno de los clubes la zona. Eso siempre que el tiempo, y, sobre todo las noches de verano, acompañen. Red Market
288 – 299 Old Street
Londres EC2A

 http://www.redmarketlondon.com/

http://www.facebook.com/redmarketlondon

Ampliando horizontes

Una de las cosas que más me gusta de la ciudad de Londres, es que me ofrece la posibilidad de degustar productos, conocer culturas y vivir experiencias propias de lejanos países y que de lo contrario me costarían varias horas de vuelo y una “ligera” sacudida a mi cuenta bancaria.

Como tiempo casi no tengo, y dinero cada vez menos, me alegra saber que muchos de esos lugares se encuentran a la vuelta de la esquina. Eso sí, viendo los precios del transporte aquí en Londres, quizá no es tontería empezar a plantearse un viaje de verdad al destino original.

Chascarrillos aparte, y volviendo al multiculturalismo londinense, otra de las cosas que suele venir de la mano del mismo, es la posibilidad de conocer personalidades de lo más variopintas y gente realmente interesante.

Bien, pues todo esto me pasó el pasado Domingo. Porque además, cuando digo que me alegra saber que cierto lugar está a la vuelta de la esquina, ese “saber” tiene una connotación un poco ambigua, ya que si muchos de estos rincones son desconocidos es por algo.

En mi caso, descubrí el sitio del que os voy a hablar en un instante gracias al blog de una chica francesa que por cierto, está en el top 3 (por no decir más) de los blogs escritos por franceses sobre Londres. Aquí os dejo el link por si queréis echar un vistazo(lo tenéis en inglés y en francés, la tía se lo curra):http://teatimeinwonderland.co.uk/. Una vez leído su post, decidí pues desplazarme hasta Westbourne Park para comprobar in situ si el lugar en cuestión valía tanto la pena, y, por lo tanto, difundir la palabra entre todos mis seguidores.

Y desde luego que no quedé defraudado. El lugar se llama Teanamu Chaya Teahouse, y es, básicamente, un salón de té chino. Eso simplificando. Porque de lo que de verdad se trata es de un salón de té elaborado artesanalmente por Pei Wang, un auténtico connoisseur del mundo de las infusiones orientales, y que os iniciará en el ritual de la preparación, servido e ingesta de un té chino como mandan los cánones.

Situado en los bajos de un adosado, en una zona increíblemente tranquila para encontrarse a un par de minutos de Portobello Road, el salón es pequeño, construido en madera y bien cuidado, con una cocina integrada en el mismo. Las dimensiones del salón, que permite un aforo más bien limitado, forman parte de la idea de un servicio completamente personalizado y que es la característica principal de este negocio, en contraste con la atención más bien artificial dispensada en muchos establecimientos de cualquier gran ciudad.

Vista parcial de Teanamu Chaya Teahouse

Porque aquí no solo se viene a tomar té. Se viene a charlar, a aprender y, en definitiva, a pasar un rato agradable.

Volviendo a mi experiencia, reservé (es obligatorio reservar dado el reducido aforo) mesa para las cuatro y media del pasado Domingo. Mesa para dos, pues en esta ocasión me acompañó mi novia. Pese a las eternas obras del metro, logramos llegar a tiempo. Allí nos esperaba Charles, un colaborador y amigo de Pei, quien nos ofreció la carta y nos invitó a echar un vistazo. A los pocos minutos llegó Pei, quien, después de presentarse, comenzó a sugerirnos distintos tipos de té preguntándonos por nuestro estado de ánimo. Ésta es una de las cosas quizá más interesantes, ya que, tras decidir cual es el más indicado, Pei lo elabora en exclusiva para ti, añadiendo distintos aromas que lo convierten en una infusión totalmente personalizada. En mi caso, opté por un té vintage del año 98 llamado Emperor Pu Erh.

Tras prepararlos, Pei acudió a nuestra mesa con un set bastante llamativo de tazas, jarras, teteras y demás inventario, para así proceder a explicarnos en qué consiste el ritual relativo al servido e infusión del té chino.

No os voy a explicar aquí de que va, porque sería largo y creo que leído es poco atractivo. Sin embargo, os invito a que os paséis ya que, pienso, merece la pena.

Como eran las cinco y había algo de hambre, pedimos algunos aperitivos y es aquí donde Pei da rienda suelta a su creatividad ya que, y rompiendo completamente con los clásicos, inventa sabores imposibles y combinaciones de lo más chocantes. Como por ejemplo, una de las mejores cosas que probé aquella tarde y que consistía en un helado de Miso sobre una base de ¡alubias! Azuki, algo que jamás se me habría ocurrido.

Por lo tanto, lo que a priori iba a ser una visita fugaz para ver si el sitio valía la pena, se convirtió en más de dos horas disfrutando del té y charlando amigablemente con Pei Wang, un auténtico enamorado de su trabajo y que no tendrá reparos en aconsejarte e instruirte en el mundo del té.

Es más, de hecho, el mismo Pei ofrece clases de degustación y de cocina con té, así como jornadas de meditación a través de su página web.

Por lo tanto, y para todos aquellos amantes del té, algo diferente en el país que se auto proclama como el mayor consumidor de té del planeta. Solo que en este caso, lo verdaderamente interesante (algo que un inglés no aceptaría), es que nos apartamos del dichoso Earl Grey y del popular Afternoon Tea con sus scones y sus pastries. Ampliar horizontes, que lo llaman.

Teanamu Chaya Teahouse
Coach house 14A
St luke’s road (lancaster road)
Londres W11 1DP

Más información, reservas y cursos: http://www.teanamu.com/

Comida por la patilla en Tottenham

Así. Como suena. Para todo aquel que quiera (y pueda) pasarse por la zona, la organización Best Before Project abrirá mañana las puertas de su almacén del norte de Londres repartiendo comida gratis entre las 10 de la mañana y la 1 de la tarde.

Sin embargo, y aunque todo el mundo está invitado, hay que conocer primero las motivaciones de esta iniciativa y en qué consiste el proyecto Best Before.

Dicho colectivo propugna un consumo de los alimentos más allá de la fecha que nos indica precisamente el best before (en castellano, consumir preferentemente), y que no significa que los mismos estén caducados o en mal estado, sino que simplemente a partir de esa fecha pueden empezar a perder algunas de sus propiedades.

Por lo tanto, la gente de Best Before se dedica a recolectar todos estos productos que las grandes cadenas de supermercados no quieren en sus estanterías, para así distribuirlos entre los más necesitados, evitando que se echen a perder, ya que de lo contrario acabarían en un vertedero.

Y para demostrar que están en lo cierto, un periodista del DailyMail hizo la prueba y compro varios alimentos que posteriormente conservó hasta pasada más de una semana de su best before date. Pasados esos días, y con la colaboración de un laboratorio, examinaron la comida en busca de bacterias. El resultado: solo el pollo, el cual se había pasado 2 semanas de la use by date (esta sería la fecha de caducidad como tal), registraba niveles bajos de la bacteria Listeria Monocytogenes. Podéis leer el artículo aquí.

Así que ya sabéis, si os apetece, daos una vuelta por Tottenham a ver que pescáis. La dirección del almacén es: Tottenham Hale, Fenman Court, (al lado de  Shelbourne Road) N17. Eso sí, tened en cuenta el carácter solidario del movimiento y recordad que la iniciativa, aunque curiosa, está dirigida a gente verdaderamente necesitada.

Y como a alguno esto último le habrá creado remordimiento de conciencia y no os quiero dejar con mal sabor de boca, aquí os dejo un pequeño chollo para que mañana os toméis un helado de gratis en Leicester Square. Sí, es cierto que el tiempo últimamente no está para muchos helados pero ya se sabe que a nadie le amarga un dulce.

Lo único que tenéis que hacer es imprimiros este voucher y presentarlo en la heladería Dri Dri, que se encuentra dentro del hotel St. Martin’s Lane, en el numero 45 de la calle homónima. Con esta iniciativa, la franquicia quiere dar la bienvenida a sus clientes a su residencia veraniega en el mencionado hotel, con arena, bungalows de pega, etc.

Dos iniciativas pues. Una con un bonito mensaje, y que en principio nos debe hacer reflexionar sobre uno de los grandes problemas en este nuestro mundo: el hambre, una pandemia que se lleva cada año de manera directa o indirecta las vidas de casi 20 millones de personas. La segunda, mucho más vacía y comercial, quizá, y como los deportes al final del telediario, nos servirá para quitarnos momentáneamente el mal sabor de boca.

The Welsh Rarebit

“Se dice el pecado pero no el pecador”, reza el dicho popular. Bien, pues a rajatabla. Bueno, no exactamente. Me explico. Hoy os quiero hablar del pecado, pero eso no significa que no vaya a mencionar el pecador. Aunque para eso os voy a hacer esperar.

Y bien, ¿cuál es el pecado? Pues el pecado es ni más ni menos, que el Welsh Rarebit, uno de los pocos platos que se encontraban en los menús de los pubs de hace más de 200 años, y que a día de hoy es difícil de encontrar en una ciudad como Londres.

En su lugar (y en el de muchas otras recetas), el Sausage & Mash (Salchichas con puré de patatas), las Jacket Potato (patata cocida rellena) o el Sunday Roast ( el asado del Domingo) han tomado la palabra.

¿Y en qué consiste el Welsh Rarebit? Pues la idea es bastante simple, ya que se trata de una tostada empapada en ale (normalmente, aunque también se puede usar cualquier otra cerveza), y que se sirve cubierta casi por completo de queso Cheddar fundido. Existen distintas variantes en las cuales se puede añadir mostaza, jamón, un huevo, salsa Worcestershire…

La historia del Welsh Rarebit se remonta al siglo XVIII, cuando las condiciones de pobreza existentes en muchos lugares de Gran Bretaña, hacían que el comer carne fuera poco menos que un lujo. Así que si no había carne, por lo menos si había queso. En este punto, la historia del Welsh Rarebit contrasta con la del famoso sándwich Ploughman’s, pues si el primero usa el queso como último recurso alimenticio, en el caso del sándwich se trata de una iniciativa de la Asociación inglesa de Queseros para incentivar el consumo de Cheddar en los pubs. Claro, que mientras el Welsh Rarebit data del siglo XVIII, el Ploughman´s es bastante más reciente (alrededor del año 1960). Esto demuestra a la perfección como cambian los tiempos.

Volviendo a la historia del Welsh Rarebit, se cree que el nombre es una deformación de la palabra rabbit (conejo), y que se le denomino así como burla de los ingleses hacia los galeses, ya que mientras los pobres de Inglaterra podían al menos comer conejo de vez en cuando, los galeses tenían que conformarse con el queso, por lo que se le conocería desde entonces como conejo galés, es decir, Welsh Rabbit primero, Welsh Rarebit después (aun hay gente que lo llama Welsh Rabbit dependiendo de la zona de Inglaterra).

Así que aquí lo tenemos, un plato con solera, y que a duras penas se mantiene en contados lugares. De hecho, tras ardua búsqueda, hace poco encontré el lugar perfecto para su degustación, aunque, como decía al principio, eso pertenece a otra historia que contaré en breve. Pero si os puede la impaciencia y no podéis esperar a leer esa historia o viajar a Londres a probarlo, aquí os dejo una receta de cómo prepararlo de manera sencilla. La receta está pensada para dos personas y tardaréis apenas 20 minutos en prepararlo.

Necesitáis: un par de rebanadas de pan de molde (si es más grueso mejor que mejor y a ser posible sin corteza), 400 gr. de queso Cheddar (mucho mejor si viene rallado), 250 ml. de cerveza ale (si el sabor de la ale no os convence podéis usar cualquier otra cerveza) y una cucharadita de mostaza.

Colocad las rebanadas de pan de molde en una bandeja para el horno. Precalentad el horno a 200ºC. A continuación ponemos a hervir la cerveza, y cuando ésta hierve por completo, añadimos el queso en su totalidad (si en lugar de rallado compramos una pieza, con cortarlo en dados bastará) y removemos sin parar (de lo contrario se nos quemará) a fuego medio. En este punto podemos agregar una cucharadita de mostaza si lo queremos un poco más picante. Cuando la masa parezca uniforme, sin ser demasiado liquida pero tampoco excesivamente espesa (esto es quizá lo más difícil de conseguir) lo vertimos sobre la bandeja donde tenemos el queso. Todo junto lo metemos al horno para que se gratine durante 3 o 4 minutos como máximo y ¡listo!

Welsh Rarebit gratinándose en el horno

Ya podéis disfrutar de vuestro Welsh Rarebit en casa. Como sugerencia, se puede servir con jamón o un huevo encima, y se suele comer acompañado de patatas fritas así que…¡Qué aproveche!

Welsh Rarebit: una receta para viajar en el tiempo