La verdadera lucha callejera

Hace cosa de un mes que me di una vuelta por Whitechapel en busca de graffitis y callejones oscuros para luego publicarlos aquí. En aquella ocasión, prometí volver por la zona para rescatar alguna de las muchas historias que, por motivos de espacio, no pude publicar en su momento. Me alegra decir que ese momento ha llegado.

El caso es que hace un par de días, y tras mencionar en mi último post, muy a vuela pluma, los disturbios acaecidos en Londres hace una semana, otra revuelta de mayor importancia histórica pero de similares características (en su forma, no en su fondo) vino a mi memoria.

Y es que, como ya dije en aquel artículo, si de una cosa adolecían estas manifestaciones violentas, es de una base ideológica y de un mensaje y razón de peso.

Todo lo contrario, pues, de lo sucedido el 4 de Octubre de 1936 en las calles de East End en lo que pasó a conocerse como la Batalla de Cable Street, y que enfrentó a la extrema derecha londinense liderada por Oswald Mosley (efectivamente, el padre del que fuera presidente de la FIA durante 16 años, Max Mosley), y a los judíos de la zona, fuertemente respaldados por una amalgama de personajes representando a la izquierda capitalina.

Mosley, saludando a los "Blackshirts"

Ni que decir tiene que un evento de estas características, y teniendo en cuenta las fechas en las que se produjo,  se convirtió en un claro reflejo del contexto histórico de la época, ocurrido apenas unos meses tras el inicio de la Guerra Civil Española y menos de tres años antes de la explosión de la Segunda Guerra Mundial.

En aquella mañana de Octubre del 36, la Unión Británica de Fascistas, integrada por miles de “camisas negras” con Mosley a la cabeza, salió a las calles del East End en una marcha de carácter antisemita, y que buscaba un éxito y respaldo similares a los obtenidos en países como Alemania. No en vano, si se eligió esta zona de Londres en particular fue por el elevado número de judíos residentes en la misma.

Sin embargo, la noticia sobre la marcha corrió como la pólvora en los días anteriores a la misma, y un ejército formado por comunistas, socialistas, anarquistas, irlandeses y expatriados españoles (hasta un total de 300.000 integrantes) se congregó en los aledaños de Commercial Street con el fin de detener la manifestación.

Una instantánea de la lucha en las calles

Eso sí, para cuando llegaron a la altura de Leman Street, unos 10.000 policías les estaban esperando, los cuales, y en su afán por proteger la marcha legalmente organizada por los fascistas acabaron luchando del lado de estos últimos.

Los “Blackshirts”, muy inferiores en número, avanzaban a duras penas, en parte gracias al apoyo de la policía, y se defendían como podían, usando palos y piedras que iban encontrando por el camino. Mientras, el otro bando vio como las mujeres también ayudaban a la causa, lanzando todo tipo de objetos desde las ventanas de sus hogares. Verduras, cacerolas y hasta somieres volaron sobre los tejados del Este londinense.

La situación empeoró más si cabe al llegar a la intersección con Christian Street, ya que varios conductores de tranvía, y que simpatizaban con la izquierda, detuvieron sus trenes provocando un colapso de dimensiones estratosféricas, atrapando en el embotellamiento a unas 400.000 personas según algunas fuentes.

Llegado este punto hay que decir que la participación española fue más importante de lo que en un principio pudiera parecer, ya que, recién comenzada la guerra en España, muchos pusieron rumbo a Europa, y, al ver que el continente seguía los pasos de nuestro país, decidieron defender aquello que no pudieron en su país natal. De hecho, el lema de la marcha anti-fascista aquel 4 de Octubre en Londres fue el “No pasarán” (They shall not pass en inglés)y que sería popularizado por Dolores Ibárrurri (quien a su vez imitó el “Ils ne passeront pas” pronunciado por el mariscal Petain en el sitio de Verdún) durante el asedio de las tropas nacionales a la ciudad de Madrid.

Volviendo a la revuelta, y tras el bloqueo de los tranvías, ésta se desplazó al único lugar posible, esto es, a Cable Street. Fue aquí donde se dieron las escenas más cruentas, así como las más inverosímiles. Según el libro “The Battle of Cable Street”, un testigo afirmaba lo siguiente: “Lo más sorprendente era ver a un Judío Ortodoxo con su abrigo de seda, luchando junto a un marinero irlandés sosteniendo un rezón”.

Tras 3 horas de denodada lucha, la policía instó a los fascistas a retirarse ya que estaban viéndose claramente superados por sus contrarios. Sin otra opción plausible a la vista, y con la cabeza gacha, los “camisas negras” fueron poco a poco abandonando la zona, poniendo así punto y final a cualquier manifestación de tipo fascista en el Reino Unido en los años previos a la guerra.

A día de hoy, una placa en la intersección entre Dock Street y Cable Street nos recuerda estos hechos. Así mismo, y en la misma Cable Street a la altura de Library Place se encuentra un mural realizado en los 80 sobre la fachada de un edificio, y que representa lo que fue la batalla, una batalla que enfrentó a la izquierda y la derecha en las calles de Londres, en lo que sería un anticipo de lo que el mundo sufriría en sus propias carnes años más tarde.

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